Me gusta la palabra chulo, alcalde, y ya no digamos la palabra chulería, que es un alto don madrileño y acaso el primer color de nuestra identidad de gentes de todas partes. En Madrid hay poco madrileño de cepa, según dicen, alcalde, pero en el … madrileño hay chulería, ya mucha honra. La chulería madrileña no es insolencia sino estilo. Escribió Gómez de la Serna que Madrid es una manera de meterse las manos en los bolsillos. Pues eso, la chulería, que a menudo lleva bolsillo, de gabán o cazadora.
Se ata, en esa frase, cierta ironía, y cierta ternura. La palabra chulo ha sido muy manoseada por el ocio alegre, y la moda de gimnasio, pero tiene una majestad de navaja y mucho de vocablo aupado, en pie, de palabra que saca el cuello, tan altivamente, como si la palabra fuera un torero o un poeta. Que de algún modo sí lo es. Madrid ha dado muchos chulos, desde Sabina a Valle Inclán, que era un chulo doble, porque exhibía el brazo que no tuvo.
El chulo, en Madrid, camina como si las calles se supieran su nombre. Gasta una elocuencia de clavel, con arrastre esquinero, y silba sin silbar en los bares, aunque falte para la última cerveza. Que por lo general nunca falta. Hay también un chulo madrileño, obviamente. Y no es el Madrid el de los escaparates fastuosos, o los bares de millonarios, sino el de las aceras empinadas y las noches largas. Ahí vive el verbo que se quiere rebelde, ahí los gatos insomnes y las gatas adúlteras, ahí los que madrugan sin dormir, ahí las corralas donde aún se discute dentro de un sainete, ahí el taxista que te pega la bronca, mientras cobra.
La palabra chulo la malogran las chismosas de tertulia y los señoritos sin alma, pero es una palabra que nunca se inclina y que resiste a las modas más o menos adversas, porque el chulo está hecho de otro metal, que habla con requiebro y se atreve con nobleza parada. Conviene rescatar la palabra, y celebrarla, porque tiene esplendor de cuchilla limpia y orgullo de palabra antigua. Nos gusta ser chulos, y decirlo. Somos los que llevan el alma desabrochada al sol, y el verbo en flor. Mientras queden chulos, a Madrid no le va a faltar gracia, coraje, romance. Idioma.
