La escritora y filóloga carmen domingo acaba de ser galardonada con el premio Comillas de historia, biografía y memorias por su nuevo libro, ‘La soledad fue el precio’, un recorrido por la vida de Carmen Diez de Rivera.figura clave durante la … transición española. Con ella hablamos hoy de pecados capitales:
—Le perdono un pecado.
—Pues yo es que no tengo conciencia de tener ningún pecado capital.
—¿Ninguno?
—No, no sé. Será que las catalanas somos así.
—¿Y no le gustaría tener al menos uno?
—Me gustaría tener el de la pereza. Estar un domingo por la mañana tirada en la cama sin hacer nada. Pero qué va, yo me levanto todos los días a las siete de la mañana.
«Los autónomos no podemos tener pereza»
—Entonces solo es pecadora de pensamiento.
—Es que no puedo permitirme ser perezosa, no tengo tiempo. Los autónomos no podemos tener pereza.
—Podríamos afirmar, entonces, que el antídoto contra la pereza es ser autónomo.
—Totalmente.
«Si lo tuyo es la codicia, no te haces autónomo»
—Pero tanto trabajar, tanto trabajar… A ver si lo suyo va a ser avaricia.
—Ojalá, pero no hay compensación con la cuenta corriente. Volveríamos a lo mismo: ser autónomo te impide ser avaricioso. Si lo tuyo es la codicia, no te haces autónomo.
—Al final vamos a acabar concluyendo que ser autónomo inhabilita para pecar.
—Pues va a ser eso. Porque si eres autónomo tampoco te puedes permitir ser soberbio. La ira tampoco porque perderías clientes.
—Ni la lujuria. Si no puede uno ni enfermarse…
—Nada, no hay tiempo. Ni la gula, no te puedes ir a comer a una estrella Michelin.
—¿Y la envidia? Aunque sea al asalariado o al funcionario.
—No, no, yo jamás. Me parece estupendo que otros quieran hacerlo, pero yo soy feliz así.
—Concluimos entonces que ser autónomo la inhabilita para el pecado.
—Sí, pero felizmente.
«Para mí, el pecado de nuestro tiempo sería el narcisismo»
—¿Ni siquiera va a victimizarse un poco, que podría ser un nuevo pecado contemporáneo?
—Para mí, el pecado de nuestro tiempo sería el narcisismo. Que va muy asociado al victimismo en la gran mayoría de los casos.
—¿Y cuál cree usted que sería el pecado de su profesión, de los escritores? Uno que no sea autónomo, o me dirá que ninguno.
—Tú crees que hay algún escritor que no sea autónomo?
—Pues no sé yo si habrá escritores a sueldo, pero quizás sí con grandes ingresos por adelantos y ventas, o por premios. Pero usted debe saber más que yo de esto…
—Pues dependería mucho de lo que le interesa decir a ese escritor y cuánto se va a dejar comprar intelectualmente. Y también de lo que estamos dispuestos los consumidores a asumir que nos condicionen los demás por lo que hemos decidido que ese señor intelectualmente representa.
«La crítica siempre en negativo no me interesa demasiado, aunque reconozco que me divierte»
—¿Y el crítico literario? ¿Necesita cierta dosis de soberbia para juzgar una obra?
—Depende. A mí es que la crítica siempre en negativa no me interesa demasiado, aunque reconozco que me divierte. Hay tantas cosas buenas a las que nunca llegaremos que hacer una crítica negativa me parece un desperdicio. El ninguneo para mí es el acierto mayor.
—Pero si toda la crítica es positiva… ¿No acabamos convirtiendo esas páginas en un publirreportaje de las editoriales?
—Si tienes todas las semanas la posibilidad de hacer una reseña, ahí caben libros buenos, libros malos y libros mediocres. Pero si tu presencia en medios es más esporádica, como es mi caso, prefiero compartir lo que he descubierto interesante.
