En el ‘Skylitzes Matritensis’, un códice del siglo XII realizado en Sicilia, Juan Escilitzes cuenta una historia terrible que sucedió tras la batalla de Klyuch, en el año 1014, en la que los búlgaros fueron derrotados por los bizantinos. Tras el combate, el emperador bizantino … Basilio II ordenó arrancar los ojos de los quince mil soldados del ejército enemigo, dejando tuerto a uno de cada cien hombres, para que estos guiaran a los ciegos de camino a casa, en una procesión de desarrapados que duró varias semanas. Cuando llegaron a la capital búlgara, el zar Samuel cayó fulminado por la pena (o de un ataque al corazón). Esto se resume en un párrafo dentro de una crónica que abarca más de dos siglos (desde el 811 hasta el 1057), y fue este hecho, leído ahí, el que inspiró al autor mexicano. David Toscana para escribir’El ejército ciego‘, la novela que le ha valido el premio Alfaguara 2026, dotado con 175.000 dólares (unos 146.000 euros) y la publicación de su libro en todo el mercado hispano (llegará a librerías el 26 de marzo).
De aquel suceso bizantino o búlgaro no se sabe nada, todo hay que imaginarlo, vino a decir Toscana al poco de subir al escenario para celebrar el premio (la fiesta del Alfaguara se celebró en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles: toda claridad, pese al tema, o sea, la ceguera, o sea, la oscuridad). «José Donoso decía que las novelas no se escriben, que se descubren, y yo fui descubriendo los distintos significados de la novela mientras avanzaba. Uno que encontré fue un homenaje a la literatura: estamos acostumbrados a ver el papel con los ojos, pero lo cierto es que la literatura no se ve, no la vemos, es invisible, y de hecho durante muchos siglos no se leyó, se escuchó, también sabemos que la literatura se puede tocar, como hacen los ciegos… Un personaje de la novela dice: voy a narrar lo que no vi para que lo vea quien me escuche. Ese es uno de los significados centrales del libro».
El jurado de esta edición del Alfaguara estuvo presidido por el escritor Jorge Volpi y conformado por las también escritoras Agustina Bazterrica y Brenda Navarro, el periodista Óscar López, la scout y programadora cultural Camila Enrich y la directora editorial de Alfaguara, Pilar Reyes, con voz pero sin. Fue Volpi el primero en preguntar a Toscana: ¿no habla de nuestro tiempo esta historia tan lejana? «Al escribirla no pensé mucho en nuestra época: yo sé que las novelas piensan por sí solas –respondió Toscana–. Una vez que uno crea una alegoría, una metáfora, una historia, unos personajes, cuando de alguna forma te sustentas en las raíces clásicas de la literatura, la novela habla por sí misma. Aunque escriba una novela de un evento que ocurrió hace mil doce años, sé que necesariamente habla de nuestra época. Como los libros escritos hace mil años también hablan de nuestra época. La Ilíada se escribió hace dos mil quinientos años y sigue hablando de nosotros. Como escritor tengo que ceder a la novela, a la historia, no tengo por qué de manera mañosa inyectarle a la novela ciertos conflictos contemporáneos. Sé que los va a tener por sí misma». E insistió: «Uno termina siendo contemporáneo cuando quiere abrir en el pasado. Por consecuencia, no por diseño».
«El humor, a veces, es trágico, y el lector puede caer a un lado o al otro, puede reírse o no»
En su día, Vargas Llosa dijo de Toscana que había escrito una de las mejores novelas del español: ‘El peso de vivir en la Tierra’. Por lo que sea, en España no ha terminado de triunfar. «El mundo editorial es caprichoso, azaroso, tiene mucha fortuna. La posibilidad de llegar a lectores o no llegar no tiene que ver con el texto, tiene que ver con una serie de magia que rodea al texto. Todos sabemos que hay excelentes textos que no llegan a manos de los lectores, y otros que sí vuelan, que tienen alas. Ese siempre ha sido el misterio de los textos: ningún editor tiene el secreto», recordó el literato.
También hubo un rato para el humor. «El humor no es el pastelazo, la humillación, el detalle chusco: es el giro del lenguaje que puede tener ingenio o distintas formas de leerse. El humor se mantiene en una cuerda floja. El humor, a veces, es trágico, y el lector puede caer a un lado o al otro, puede reírse o no». Por ejemplo, con esta frase del inicio de ‘El ejército ciego’: «Hay que creer que si la resurrección le llega a alguien en el fondo del mar, se volverá a ahogar».
