Se llamaba ‘Jimmy’, un nombre nada original para un chimpancé de zoo, y como muchos otros de sus congéneres, antes y después que él, aprendió ‘habilidades humanas’ como ahora la vaca ‘Veronika’. La res austriaca ha sorprendido a los científicos por sostener con … la boca una escoba y rascarse con ella sus posaderas u otras partes de su cuerpo inalcanzables para su cabeza. Se entiende el asombro, pues es la primera en su especie que aprendido ha a usar una herramientaaunque otros animales le llevan la delantera desde hace tiempo. Delfines, cacatúas o pulpos han demostrado estas destrezas, aunque solo en los chimpancés se ha observado este tipo de técnica multifuncional usada por ‘Veronika’, que emplea el extremo del palo en zonas de piel gruesa y el cepillo de cerdas en las partes de su cuerpo más sensibles.
Hubo un mono llamado ‘Cónsul‘ que se labró tal fama que, a su muerte en 1904, los periódicos de París le dedicaron unas elogiosas necrológicas. «¡Cuántos sabios se han muerto sin haber obtenido tanto!», comentó por entonces Fernando Mora en este periódico, no sin cierta envidia por la vida que había llevado el chimpancé. «Ese mono ilustre -constataba el corresponsal de ABC en París- ganaba, mal mes ó buen mes, de 25 a 30.000 francos. Más, mucho más que todos los ilustres periodistas madrileños juntos -¡y eso que hay periodistas ilustres!-». A ‘Cónsul’ le podrían haber enseñado a firmar chequescomo a ‘Esaú’, otro chimpancé amaestrado, inquilino del London Pavilion, que también aprendió a montar en bicicleta, a tocar el piano, a asearse con jabón o a vestirse con frac y zapatos de charol. Su capitán, M. de Lancier, registró su rúbrica en varios bancos del Reino Unido, a la vista del dinero que ganaba.
Reportaje de Isabel Montejano
Como ‘Esaú’, el célebre ‘Cónsul’ era un animal que parecía menos animal. Vestía con elegancia, escribía y leía, o hacía que leía y escribía (como muchos humanos), montaba en bicicleta, tomaba té y café en las terrazas de grandes hoteles y fumaba cinco cigarros al día, algo que debía ser meritorio a ojos de nuestros antepasados pues se destacaba en todas las crónicas. En España, sin embargo, se dudaba de si llegaría a fumárselos sin reventar, sobre todo si eran «los del estanco». En resumidas cuentas, por sus habilidades humanas se decía que el mono demostraba gran inteligencia. No se le conocieron habilidades artísticas, como a otro de sus congéneres, residente del Zoo de Dudley (Inglaterra) décadas después. Según el pintor Roy Reynolds, descendiente del famoso Reynolds del siglo XVIII, las creaciones «abstractas» de este chimpancé pudieron confundirse con las de algunos artistas de vanguardia.
Con apenas cuatro años, nuestro ‘Jimmy’ no pintaba. Tampoco dirigió una orquesta como ‘Master Link’, ni tomó fotografías como el norteamericano ‘Schnucki’. Educado por una familia española, este joven chimpancé donado al Zoológico de Madrid en 1976 comía y bebía con esmerada urbanidad. «Desde el primer día le han tenido que poner la mesa. Y que no falten la cuchara, el plato, el vaso, la servilleta», contaba la periodista Isabel Montejano. ‘Jimmy’ podría haber enseñado modales a los chimpancés que participaban en los ‘tea-party’ del Zoo de Londres. Se levantaba temprano ya las nueve le servían el desayuno, leche con copos de avena. Tomaba fruta a media mañana y para comer y cenar, una papilla de cereales o crema de arroz con leche, huevo cocido y fruta. Jamás perdonaba el postre y bebía leche, té o agua, siempre en vaso. «Es un animal muy simpático, que siempre está deseando la compañía del ser humano», decía la directora técnica del zoológico.
Al mes de su llegada al parque, ya celebraba las buenas noticias que ocurrían en su entorno. Cuando los tigres más pequeños se integraron en el grupo de los mayores del zoo, ‘Jimmy’ se puso a dar volteretas en el aire, a saludar educadamente dando la mano a los que estaban con él y pidió leche para festejarlo. «Es que este ‘Jimmy’ es un chico muy cumplido, muy fino», constataba la reportera. De haber conocido la proeza de Veronika, ¿habría pedido champán?
