El Gobierno bajó los derechos de exportación (retenciones) al petróleo convencionalcon el objetivo de incentivar las inversiones en campos maduros, donde los costos de operación son más caros y la producción se viene desplomando en los últimos 10 años.
Mediante el decreto 59/2026, el Gobierno cambió los valores de referencia sobre los que aplican impuestos. Mientras sostiene para la actividad no convencional (esquisto y ajustado en Vaca Muerta) una alícuota de 0% si el precio internacional del crudo es menor a 45 dólares por barril y de 8% si es mayor a US$ 60, corrió esos valores con el siguiente esquema para el convencional:
La medida surge de un acuerdo entre el Gobierno nacional, las provincias y las petroleras donde todos “ceden” para darle una vida más a la producción en campos maduros: la Nación, con menos retenciones por hasta 50 millones de dólares; las provincias de Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Neuquén, con un menor cobro de regalías; y las empresas, al mantener la actividad aunque caigan sus márgenes.
Así, petroleras como Pan American Energy (PAE), Pecom, Capsa y las firmas que compraron áreas a YPF, como Bentia -del ex ministro Javier Iguacel-, Rovella Capital y Quintana Energy tendrán incentivos más adecuados para continuar con sus trabajos.
Para extraer crudo convencional de pozos maduros se necesita un gran esfuerzo económico de las empresas en materia de reinversión de ganancias, la inyección de cada vez más polímeros (químicos) y se recupera crecientemente más agua -hasta un 96% del total- que petróleo.
La decisión de YPF de retirarse de todos los campos convencionales para concentrar su producción exclusivamente en Vaca Muerta, donde es más rentable, anticipó los tiempos de una crisis que no se detiene pese al Plan Andes, mediante el que la petrolera vendió sus campos a operadores más pequeños, que podrían ser más eficientes.
Hay dos riesgos importantes si sigue derrumbándose la actividad convencional: que las refinerías necesiten un aumento de las importaciones de crudo o directamente de gasoil para sustituir el petróleo faltante, y que se desate una crisis social con consecuencias impredecibles en la Patagonia, mientras la producción, las inversiones y el trabajo se mudan a Vaca Muerta, en Neuquén.
Según la Universidad Austral, la producción de petróleo convencional cayó un 39% en la última década y, “de no cambiar las reglas fiscales, Argentina podría tener que recurrir a importaciones de crudo pesado antes de 2030, con impacto en la autosuficiencia energética, el empleo y las economías regionales”.
El convencional aporta más del 50% del crudo necesario para el parque de refinación local. Además, genera empleo directo e indirecto en provincias como Chubut y Santa Cruz, donde representan entre el 8% y el 13% del empleo privado formal, con salarios muy superiores al promedio nacional.
Parte de la crisis actual se explica por los costos de producción, con pozos cuyo opex (costo de operación) varía entre 20 y 50 dólares por barril, frente a 4 o 5 dólares por barril en Vaca Muerta. El petróleo de Neuquén es mucho más rentable y desde 2012 se generó una economía de escala que lo favorece.
