Desde mediados del último siglo se designa con los nombres de gripa e influenza una enfermedad epidémica, caracterizada ante todo por su extrema generalización y su rápida excursión por la superficie del globo.
Esta enfermedad da lugar a una sintomatología muy compleja, lo que indica la participación de los principales aparatos, pero localizada, sobre todo en las vías aéreas y el sistema nervioso. De corta duración y ordinariamente de poca gravedad, puede ser acompañada o seguida de accidentes muy graves, y su aparición se traduce por un notable aumento de la mortalidad.
La gran epidemia de 1889 y 1890 despertó mucha la atención sobre esta singular pandemia, y si los estudios que se hicieron no elucidaron completamente la historia de esta enfermedad, sí sirvieron para precisar ciertos puntos y rectificar muchos errores. Esperamos que la actual aterradora pandemia sirva para fijar definitivamente su naturaleza, su causa específica y poder dictar, en consecuencia, las medidas profilácticas que hagan de ella una enfermedad evitable, como se ha hecho con la peste, con el cólera y con la fiebre amarilla.
No debemos olvidar que las palabras gripa e influenza son comunes empleadas para designar pequeñas epidemias de gripa, cuyos síntomas se aproximan a las que se observan en la gripa pandémica, y que un conjunto sintomático idéntico y en un todo análogo, puede atacar a individuos aislados, y que en ese caso la designación de gripa es empleada frecuentemente.
Está por estudiar si la gripe pandémica, como la que actualmente sufrimos, la epidémica circunscrita, y la enfermedad aislada, son enfermedades distintas o si solamente son tres formas de la misma enfermedad.
Historia—Hirsch cree que la primera relación bien detallada de una epidemia de gripe se refiere a la del año de 1173. De esta epidemia hay relaciones inglesas, alemanas e italianas.
En el curso del siglo XIV se citan las epidemias de 1323, 1328 y 1387.
En el siguiente, las de 1404, 1411 (tac u orion) 1414-1427 (ladendo).
La epidemia de 1510 se esparció casi universalmente. Fueron lo mismo las de 1557, de 1574 y 1580. Esta última se expandió a Asia y África e hizo perecer más de 9.000 habitantes en Roma. El siglo XVII vio la epidemia de 1627, la primera que se registró como que se extendió a América.
La gripa apareció diversas veces durante el siglo XVIII. La epidemia de 1733 fue descrita en Inglaterra por Huxham y en Francia por Gussieu; se le designó con el nombre de follette.
Las palabras influenza y gripe fueron empleados por primera vez durante la epidemia de 1742. La de 1782 vino de Astrakán pasando por Tobolsk. Se declaró en San Petersburgo en febrero, apareció en Alemania y en Inglaterra en mayo, en Francia en julio, en Italia, España y Portugal en septiembre. Reinó, según Frank, en el mundo entero, dirigiendo su marcha del Este hacia el Oeste y del Norte hacia el Sur.
En el siglo XIX reapareció la gripa en los años de 1803, 1830 a 32, 1836 a 37, 1841, 1847 a 48, 1850 a 51, 1880 a 90. Esta última de 1889 a 1890 principió en el mes de mayo en Asia central en los obreros del ferrocarril en Bockhara; hizo su aparición en Siberia y en la parte oriental de Rusia hacia el 15 de octubre. En los primeros días de noviembre se observó en San Petersburgo y en Cronstadt, en diciembre se mostró en todo el resto de Europa, atravesó el Atlántico y penetró en los Estados Unidos; en ese mismo año 1890 visitó a Colombia ya toda la América del Sur. El 17 de noviembre se notaron los primeros casos en París, el 11 y el 12 de noviembre en Berlín y en Viena, al fin del mes en Londres. Entre la fecha del primer caso y la del máximo de la epidemia, transcurren generalmente muchas semanas. Es muy difícil seguir, de una manera precisa, sobre un mapa, los progresos de una de estas epidemias. Está sólidamente establecido que estas epidemias han seguido su marcha del Este al Oeste.
El estudio comparativo de las diversas epidemias hace resaltar sus grandes analogías. Se nota en primer término que la gripa puede verse en todos los países, en todas las latitudes, bajo todos los climas y que aparece en todas las estaciones. El intervalo de tiempo que separa las epidemias es más o menos largo y no tiene una regularidad marcada por un ciclo definido. Cada epidemia ha recorrido los diversos países de Europa y se ha esparcido a tres continentes. La progresión del mal es rápida, y se ha notado que esta rapidez de progresión ha aumentado en las epidemias más recientes. Desde el principio del Siglo XVIII, las epidemias han progresado siempre en la misma dirección. Progresa del norte hacia el sur y del este al oeste.
Las grandes epidemias tienen en cada localidad una duración variable que parece depender de la importancia de ella y de las relaciones más o menos íntimas de sus habitantes.
Si se trata de una familia aislada el mal marca a sus clientes en menos de una semana. Ordinariamente, después de un primer caso frecuentemente irregular ya veces desapercibido, los demás miembros de la familia son atacados después de uno, dos o tres días. En un pueblo pequeño, en un barrio, cuyos habitantes se conocen todos y se frecuentan, el intervalo no es más largo.
Si se trata de un número creciente de familias, de casas que no tienen sino relaciones irregulares, por intermedio de los proveedores, en las escuelas, en los mercados, en las iglesias, etc., los casos se suceden de modo que se aumenta la duración. Es por esto que en las ciudades importantes la gripa dura de cuatro a seis semanas; proceder de una manera siempre idéntica o se puede distinguir en su marcha un período de crecimiento de una a dos semanas, un período de máximo que no dura más de quince días, y un período de declinación de dos a tres semanas.
En razón de la corta duración que pone la gripa en alcanzar su apogeo, se comprende que invada tan rápidamente una provincia, un país, un continente; que en un país no persista más de tres meses, y en un continente más de cuatro a seis.
Algunas de las epidemias registradas no han sido seguidas de inmediatas repeticiones ofensivas, otras han sido seguidas de repeticiones al año siguiente y en dos o tres años sucesivos. Estas repeticiones se producen en lugares lejanos los unos de los otros, como esos focos que se reencienden después de extinguido un gran incendio.
Otras epidemias se han repetido al año siguiente, siguiendo una marcha idéntica a la anterior, como la de 1729-1730, que fue seguida de la del año 1732-1733, así como la del año de 1830-1831, que partió de Rusia en noviembre y llegó en junio a la Europa occidental y fue seguida de una nueva epidemia que, como la primera, partió de Rusia y dio una nueva vuelta al mundo.
La epidemia de 1880-1890 tuvo repeticiones similares: apareció nuevamente de marzo a septiembre de 1891, una segunda en el otoño de 1891, otra al fin de 1892. En esas repeticiones toca en los mismos países que las anteriores. La de 1891, fue más seria en Londres, en América y en Australia que la de 1890.
En 1891 la gripa volvió de América hacia Rusia siguiendo exactamente la dirección inversa a la que tomó en 1890.
CONTAGIO
La gripa en su distribución obedece ante todo a las relaciones entre las diversas localidades; ataca las grandes ciudades antes que las pequeñas.
Para pasar de un punto a otro gasta siempre un tiempo cuando menos igual al que exige el medio de transporte más perfecto.
En 1889 y 1890, época en que se usaban trenes y ferrocarriles expresos, gastó menos tiempo de San Petersburgo a París que las epidemias precedentes. Gastó seis meses entre Bockhara y San Petesburgo y menos de seis semanas entre esta última ciudad y París.
En una familia, la enfermedad no se transmite a una sola persona. Ataca casi siempre el mayor número de sus miembros. La persona atacada en primer lugar es casi siempre, aquella que está obligada a salir por sus ocupaciones, los niños que frecuentan la escuela, los obreros que van al taller. Las personas que por su edad, sus enfermedades o sus ocupaciones permanecen en el hogar, no son atacadas sino consecutivamente.
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