¿Qué es un? exlibris? No es más que un pequeño dibujo, sello o grabado original que se coloca en la primera página de un libro y da fe de la titularidad del mismo. Popular entre los bibliófilos y coleccionistas, el dibujo tenía … que representa a su dueño, sus características, gustos e idiosincrasias y se realiza por encargo de un importante artista. No eran encargos sencillos, ya que requerían de una gran sensibilidad para traducir la personalidad del individuo en dibujo. Y de entre todos los artistas que aceptaron dibujar exlibris, destaca un nombre, Frank Alpresaque convirtieron estos minuciosos dibujos en auténticas obras de arte de inusitada sutileza, belleza y simbolismo.
Puede que su nombre haya caído en el olvido, pero el talento de las obras permanece intacto y sus herederos, bajo el liderazgo de su nieta, Silvia Grossmann Alpresa, luchan para mantener vivo su legado. Tanto es así que este día 30 se oficializarán en la Real Academia de San Fernando la donación de la obra exlibrística de Frank Alpresa a la Calcografía Nacional. En total, unos 250 exlibris que certifican la delicadeza y simbolismo de la obra de Alpresa. «En Catalunya, todas las instituciones oficiales han preferido mirar a otro lado. En Madrid hemos conseguido mayor sensibilidad y por fin hemos podido donar parte de la obra de mi abuelo para su estudio y conservación, que es lo único que queremos», asegura Grossmann, nieta del artista.
¿Quién era Frank Alpresa? Nacido en Sevilla en 1900 como Francisco Alpresa del Río, a los once años se establece con su familia en Barcelona y, después de años de autodidactismo, entra en contacto con el pintor y dibujante novecentista Xavier Noguésquien le marcará el camino a seguir. Sus años de aprendizaje serán fulgurantes y, pronto, la España de los años 20 se le quedará pequeña y decidirá buscar carrera en Nueva York. Allí pasa a ser conocido como Frank y empieza a ilustrar libros, carteles y dibujos a lápices de color, como una representación de las calles de Nueva York que conserva la colección Francesc Fontbona.
Comenzará aquí una vida marcada por la precariedad, el nomadismo y la fatalidad. Bohemio, muy religioso y comprometido.volverá a España a mediados de los años 20 y acabará en la cárcel después de la Guerra Civil a causa de sus dibujos satíricos y su pertenencia a grupos de izquierda. Allí permanecerá tres años, en los que no abandonará el dibujo, como su excelente acuarela de un esqueleto vestido de payaso. Al salir, aceptará cualquier encargo para poder sostener a su familia. «Mi madre tenía siete años y recordaba todavía el día que entraron en su casa por sorpresa y se llevaron a su padre para no volver. Fueron años muy difíciles para ellos. Mi abuelo murió cuando yo tenía 13 años. Lo recuerdo como alguien cariñoso, pero algo ausente. Mi abuela era quien lo mantenía anclado en el día día y la familia», describe Grossmann.
El legado de Frank Alpresa revive con la donación de exlibris a la Calcografía Nacional tras años de olvido institucional
Entre sus trabajos más conocidos están las ilustraciones de los cuentos infantiles de ‘El Patufet’, su colaboración con las revistas satíricas de la época como ‘Papitu’, la colección de libros de humor Mingote de Papel, ilustrando libros como ‘Don Clorato de Potasa’, de Edgar Nevilleo sus pantocrátores y dibujos religiosos. «Alpresa no tuvo una vida fácil, pero se trataba de una personalidad resiliente, capaz de dar la vuelta a las adversidades de todo tipo que tuvo que soportar, e incluso de saber encontrar la cara positiva de los trabajos más prosaicos que tenía que hacer para subsistir», comenta France Fontbona en el catálogo de una retrospectiva en Madrid que nunca llegó a publicarse por falta de presupuesto.
Alpresa encontró en los exlibris el vehículo perfecto para poder desarrollar su talento y explotar sus inquietudes. Esclavo de la necesidad de sustentar el bienestar de su familiano pudo centrarse en la creación convencional al óleo o acuarela que se supone a todo gran artista. En su lugar, se volcó en este arte en miniatura en el que acabó por ser un auténtico maestro. «Si tan gran músico puede ser el sinfonista como el autor de canciones o piezas de piano solo, también puede ser un artista plástico de primer orden un dibujante», recuerda Fontbona.
Alpresa, arte en miniatura
A Silvia Grossmann Alpresapor ejemplo, la pintó como una sirena en la playa, rodeada de barcos, por el gusto de su madre por las pequeñas poblaciones de costa. Para el coleccionista Pepita Pallé Vachierdibujó a una chica que seguía un sendero imposible de una estrella al bosque. Paraca el doctor Joan Casasús dibujó desde exlibris situados en alguno de sus viajes a América a otros protagonizados por el rey Jaime el Conquistador. A veces utilizaba un lenguaje más surrealista, otras más simbólico. A veces le gustaba dotar a las imágenes de cierta picardía sexual, otras eran más abstractas y tétricas. Todas ellas eran personalizadas, para reflejar la identidad de su dueño.
Lo cierto es que Alpresa siempre fue muy trabajador y no rechazaba ningún encargo. hizo misales, postales de Primera Comunión, estampas de ordenación sacerdotal, y, por supuesto, cartelismo, desde películas a congresos, como el VI Congreso Europeo de ex-libris de 1958. «Fue un autor multidisciplinar, inclasificable. Su curiosidad creadora le hizo escarbar diferentes variantes gráficas en los que dejó una huella rebosante de personalidad», comenta Paco Baena, uno de los máximos expertos en cartelismo de nuestro país.
es abril de 1966, Oda, la mujer del dibujante, muere repentinamente y el gran soporte de Alpresa se rompe. Será un momento difícil, incluso tanteará la idea de vivir con su cuñada, la hermana de Oda, para mantener cierto orden y hacerse compañía. Al final, las presiones familiares lo frenarán y morirán en 1970 a los 70 años de edad. Su obra empezará a ser muy buscada por coleccionistas de exlibris, pero será en el extranjero donde se le dará auténtico valor. Comenzará aquí la ingente lucha de la familia para que la historia no olvide a un creador único, que convirtió los pequeños exlibris, de unos cinco por quince centímetros, en auténticas obras maestras.
