De las sagradas escrituras a nuestros días, el odio se ha servido fermentado en largos periodos de afrentas e inquina; frito y rebozado en chisporroteante desprecio; cocido o macerado al lado de las flatulentas legumbres del resentimiento, o simplemente salpimentado con una pizca de desdén Leer
Related Posts
Add A Comment
