Chile envejece: ¿Alzheimer inevitable o señal para actuar?
Por Carmen Lamilla Almuna, directora de Trabajo Social UNAB.
Cuando somos jóvenes, el #envejecimiento parece una #fantasía lejana. Creemos que llegaremos a la adultez mayor mejor preparadas que esas personas que olvidan las llaves, repiten historias o se pierden camino a casa. Pero la realidad irrumpe y esas anécdotas se repiten con frecuencia, encendiendo alarmas que vemos, pero invisibilizamos, posponiendo la verdad con la esperanza de que sea pasajera. #elcalbucano
Esta no es una historia aislada, sino un problema de salud que afecta a más personas y familias. Hoy, unos 200.000 chilenos padecen Alzheimer, y proyecciones del Ministerio de Salud estiman 626.000 casos para 2050. Es una señal de urgencia que exige acciones ágiles.
A nivel mundial, la población envejece: según la OMS, vivimos más, con los 60 actuales equivaliendo a los 50 de antaño. Para 2050, podría haber 426 millones de personas de 80 años o más. En Chile, el Censo 2024 muestra un aumento en la población donde el 14% son mayores de 65 años, frente a un 17,7% de menores de 14. Esta longevidad eleva riesgos no solo físicos, sino sociales: el caminar se ralentiza, aumentan las caídas, la vista y la audición fallan, y la autonomía disminuye.
Aquí entra lo social, el aislamiento generado por el entorno agrava todo. Si no escuchan, gritamos en vez de explicar con paciencia; si no usamos el celular, resolvemos por ellos sin enseñar, creando dependencia y tensiones. La adolescencia es dura, pero envejecer lo es más; el cuerpo cambia, surge temor al esfuerzo diario ya depender de otros. Surgen diagnósticos como depresión, demencia y Alzheimer, que irrumpen en familias como «algo desconocido». Algunos lo enfrentan; otros lo tapan como «parte del envejecer». Nombrarlo genera paradoja: la familia quiere olvidar, mientras el afectado/a lucha por su memoria.
La longevidad de la población más configuraciones sociales tóxicas como la soledad, impaciencia, dependencia, entre otras; explican de algún modo la alza fuerte del Alzheimer. Hablamos mucho, pero urge pasar de palabras a acción.
En este sentido, algunas sugerencias desde lo social para retrasar o evitar el avance del Alzheimer pasan por reconvertir esta configuración actúa en un círculo virtuoso. Tomemos este escenario como oportunidad para integrar a las personas mayores, dejando de invisibilizarlas o ver su vida como «caducada». Potenciemos factores protectores para una mente sana; Recitémonos como sociedad estilos de vida virtuosos.
Tecnología al servicio, sin adicción: Usemos aplicaciones que midan presión, motivon caminatas o avisen «parece que necesitas moverte», en vez de paralizarnos en redes o series. Creemos grupos de caminata asistida para mayores, como los de running.
Dietas naturales y cocina colectiva: Volvamos a menús semanales caseros, con productos de temporada (sandía en verano, no todo el año). Esto fomenta encuentros en la cocina, combatiendo comida rápida procesada sin satanizarla.
Cruzada contra la soledad: Resucitamos juegos de mesa, crucigramas, lecturas grupales y programas familiares. Espacios de diálogo social con juegos ya funcionan; hagámoslos cotidianos, en colectivo, con risa y conversación.
Jornada reducida para compartir: No solo para uno mismo, sino para estar con «los otros significativos» en casa o residencias. Fortalezcamos lazos para no llegar solos al final, sintiéndonos carga.
El trabajo social clama prevención: detección temprana en CESFAM, talleres comunitarios de estimulación cognitiva, caminatas intergeneracionales. No esperemos colapsos familiares; actuamos con visión social.
Chile envejece; hagámoslo digno. El Alzheimer no es fatalidad, sino llamada urgente. ¿O preferimos 626.000 olvidos en 2050?
