El hígado trabaja en silencio. Filtra, regula, transforma y protege al cuerpo emitiendo sin señales claras cuando algo empieza a fallar. Por eso, cuando aparecen los primeros síntomas, el daño suele llevar tiempo avanzando.
En medio de ese panorama, especialistas de la Clínica Mayo advierten que el hígado graso se ha convertido en una de las enfermedades más comunes del mundo, pero también en una de las más prevenibles.
El hígado cumple funciones vitales y puede dañarse sin presentar síntomas. Foto:iStock
Desde Estados Unidos, este centro médico de referencia internacional señala que el estilo de vida moderno, marcado por el sedentarismo, la mala alimentación y el aumento del sobrepeso, ha impulsado una afección que ya no está asociada únicamente al consumo de alcohol. Hoy, miles de personas desarrollan acumulación de grasa en el hígado sin saberlo.
El avance silencioso del hígado graso.
La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD, ocurre cuando se acumula grasa en el hígado debido a alteraciones metabólicas. En algunos casos, esta condición puede evolucionar hacia una forma más grave de llamada. MEZCLA, que incluye inflamación y cicatrices en el tejido hepático.
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Cuando la enfermedad progresa, el órgano pierde elasticidad y capacidad de recuperación. La fibrosis puede avanzar hasta convertirse en cirrosis, una etapa que aumenta el riesgo de insuficiencia hepática o cáncer de hígado. Según la Clínica Mayo, cerca del 20 % de los pacientes con hígado graso pueden llegar a desarrollar esta forma severa.
El riesgo no depende de un solo factor. La obesidad es el principal determinante, pero también influyen en la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, el colesterol elevado, la hipertensión y algunos componentes genéticos. En países occidentales, donde el sobrepeso es cada vez más frecuente, esta enfermedad ya es la principal causa de daño hepático crónico.
Mantener un peso saludable ayuda a prevenir complicaciones hepáticas. Foto:iStock
Uno de los mayores desafíos es que, en la mayoría de los casos, no produce síntomas. El cansancio persistente o una leve molestia abdominal pueden pasar desapercibidos, lo que retrasa el diagnóstico y la intervención temprana.
Lo que ayuda al hígado a recuperarse
A pesar del panorama, los especialistas coinciden en que el hígado tiene una capacidad extraordinaria de regeneración. “Incluso inflamado, puede eliminar grasa y recuperarse si las intervenciones ocurren antes de la cirrosis”, explicó la doctora Blanca C. Lizaola-Mayo, director médico del Centro de Trasplante de Hígado de la Clínica Mayo.
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El primer paso es el control del peso. La pérdida gradual, sostenida en el tiempo, mejora los niveles de grasa hepática, regula la insulina y reduce la inflamación. No se trata de cambios drásticos, sino de ajustes progresivos en la alimentación y la actividad física.
Los expertos recomiendan una dieta basada en frutas, verduras, granos integrales y grasas saludables, como la conocida dieta mediterránea. También aconsejan reducir azúcares, bebidas endulzadas y alimentos ultraprocesados, que favorecen la acumulación de grasa en el hígado.
La alimentación y el ejercicio influyen directamente en la salud hepática. Foto:iStock
El ejercicio regular cumple con un papel central. Al menos 150 minutos de actividad física semanal ayudan a disminuir la grasa hepática, incluso sin una pérdida de peso inmediata.
Entre las recomendaciones que más llaman la atención aparece el consumo moderado de café negro con cafeína. “Tres tazas al día mantienen al hepatólogo alejado”, afirmó la especialista, al referirse a estudios que vinculan esta bebida con una progresión más lenta de la fibrosis hepática.
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Hábitos que pueden empeorar el daño
Así como hay conductas que protegen, otras pueden acelerar el deterioro. el alcohol, incluso en cantidades pequeñas, aumenta el riesgo de cicatrización del hígado, especialmente en personas con enfermedad metabólica previa.
Los suplementos y productos que prometen ‘desintoxicar’ el hígado también genera preocupación. La doctora Lizaola-Mayo fue enfática al anunciar que muchos de estos compuestos carecen de respaldo científico y, en algunos casos, pueden resultar dañinos.
La detección temprana puede evitar daños irreversibles. Foto:iStock
Por eso, los especialistas insisten en que cualquier cambio significativo debe hacerse con acompañamiento médico. El enfoque personalizado permite detectar riesgos, controlar enfermedades asociadas y evitar decisiones que, aunque bien intencionadas, pueden perjudicar la salud hepática.
La prevención, concluyen, sigue siendo la herramienta más poderosa. En un órgano que rara vez duele y casi nunca se queja, actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre una recuperación posible y un daño irreversible.
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MARÍA PAULA LOZANO
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
