el Tribunal Supremo confirme la sanción de 20 días de suspensión de funciones a un guardia civil que convirtió su turno de trabajo en una escena más propia de una cantina que de una instalación oficial de máxima seguridad. El agente, encargado del gimnasio del Departamento de Seguridad de la Presidencia del Gobierno, se emborrachó en servicio y acabó exhibiéndose delante del jefe de escoltas presidente pedro sánchez.
Cómo describir que les mostramos su parte más nobleinsulto imperdonable.
La Sala de lo Militar desestimó el recurso de casación presentado por el sancionado y dio por buena la resolución adoptada por la director general de la Guardia Civilposteriormente ratificada por el Tribunal Militar Central. Para el alto tribunal, quedó acreditada una conducta gravemente contraria a la dignidad del instituto armado, con pruebas suficientes y sin vulneración de derechos fundamentales.
Un turno ordinario que derivó en un expediente disciplinario
Los hechos se remontan a abril de 2022. El guardia civil tenía asignado el turno de tarde en el gimnasio oficial, entre las 14:00 y las 21:00 horas. Como responsable de las instalaciones, debía mantener el orden, evitar incumplimientos de las normas y velar por el correcto uso del material deportivo. En otras palabras, cuidar el lugarno convertirlo en una celebración improvisada.
Sin embargo, según recoge la sentencia, alrededor de las tres de la tarde varios agentes accedieron al gimnasio con una botella de ginebra y refrescossin ocultarla ni disimular su presencia. El encargado no solo permitió la entrada del alcohol, sino que participó en el consumotransformando el recinto en una improvisada pachanga en pleno horario laboral.
La escena que vendió la sanción
Con el paso de las horas, la situación fue subiendo de tono. Ya avanzada la tarde, entraron en la sala un inspector —jefe de escoltas del presidente del Gobierno— y un subinspector de la Policía Nacional. Lo que se encontraron distaba mucho de una rutina deportiva habitual.
De acuerdo con los hechos probados, la guardia civil presentó claros sintomas de embriaguez: fuerte olor a alcohol, voz pastosa, dificultad para expresarse y frases incoherentes. Además, bailaba sin sentido y protagonizó el episodio que terminó de sellar su expediente disciplinario: Durante unos segundos se bajó el pantalón, se colocó en cuclillas y exhibió los glúteos. delante de los mandos policiales presentes.
El Supremo avala la proporcionalidad del castigo
El Supremo subraya que el tribunal de instancia contó con pruebas suficientes para desactivar la presunción de inocenciabasado en declaraciones testificales coincidentes y creíbles. Recuerda, además, que el recurso contra la sanción ya había sido desestimado en junio de 2025.
El agente intentó minimizar el alcance episodio del alegando que su comportamiento no dañó la imagen pública de la Guardia Civil y que se trató de un hecho sin trascendencia externa. El alto tribunal rechaza este planteamiento y señala que los hechos fueron presenciados por miembros de otro cuerpo policiallo que amplía su repercusión y refuerza el descrédito institucional.
La Sala también descarta que se produjera material de defensa o que la sanción resulte desproporcionada. La suspensión de 20 días, concluye, se ajusta a la gravedad de lo ocurrido ya las circunstancias concretas del caso.
Encaje legal y criterio jurisprudencial
La sanción confirmada por el Tribunal Supremo se encuadra en el régimen disciplinario de la Guardia Civilregulado por la Ley Orgánica 12/2007que tipifica como falta grave las conductas gravemente contrarias a la dignidad del cuerpo y el consumo de alcohol durante el servicio cuando afecta al desempeño profesional.
Para este tipo de infracciones, la norma prevé sanciones de suspensión de empleo de hasta un mespor lo que la medida de 20 días se sitúa dentro del margen legal.
La resolución, dictada por la Sala de lo Militar del Supremo, ratifica además un criterio ya reiterado por la jurisprudencia: la afectación a la imagen institucional no exige proyección mediáticasino que basta con que la conducta sea conocida por terceros ajenos a la unidad —en este caso, mandos de otro cuerpo policial— para apreciar el descrédito del instituto armado.
En definitiva, el mensaje es claro: el gimnasio de Moncloa no era una barra libre ni un escenario para numeritos etílicos. Y cuando el uniforme se mezcla con la ginebra, la resaca no la cura ningún recurso judicial.
«pev»
