El pasado miércoles, 28 de enero, en la Casa Museo León y Castillo de la ciudad de Telde, se presentaba el número 39 de la revista El Pajar: Cuaderno de Etnografía Canaria»órgano de difusión e investigación de la prestigiosa Asociación Cultural Pinolere. Nuestra participación en el bautizo editorial de la misma por invitación de su gerente Jesús Tomás García, me hizo recordar la figura y el magisterio del etnógrafo palmero José Pérez Vidal.
En su obra seminal Los estudios del folklore canario (Mancomunidad de Cabildo de Las Palmas de Gran Canaria, 1980), planteó la cronología de lo que hoy entendemos como la ciencia del patrimonio inmaterial en las islas. Hasta entonces no disponíamos de un mapa de situación sobre los estudios en torno a la cultura tradicional que se habían desarrollado en las islas desde un siglo antes de la edición de la referida publicación. Ese conocimiento estaba disperso en artículos de periódico, incluido en revistas de escasa difusión o reflejado en libros de editoriales locales que, en general, dormían en algunas de las pocas bibliotecas especializadas del Archipiélago.
Con esta obra y su preámbulo, el investigador palmero nos regalaba la primera y más objetiva mirada compiladora de los numerosos esfuerzos individuales que sentaron las bases del conocimiento científico y divulgador acerca de una parte referencial del «humus» cultural isleño. Se sabe: Pérez Vidal no solo fue un recopilador infatigable; Fue el intelectual que elevó el dato popular a la categoría de hecho social total, alejándolo del pintoresquismo romántico para dotarlo de un estatuto científico riguroso.
Al igual que nuestro humanista desgranó en sus estudios la estratigrafia compleja de nuestra identidad -observando sus influencias americanas, portuguesas y españolas-, la revista El Pajar y la Asociación Pinolere actúan hoy como parte de sus herederos legítimos en el siglo XXI. Si Vidal nos enseñó a leer el folklore como un ‘fósil viviente’ que explica nuestro presente, esta publicación que continúa esa labor de exégesis, demostrando que la cultura tradicional no es un compartimento estanco de la historia, sino un flujo dinámico.
Recoger hoy el testigo del científico palmero significa entender, como él hizo, que cada técnica artesana recuperada y cada tradición oral documentada en esas páginas es, en última instancia, un ejercicio de autognosis: un acto de conocimiento profundo sobre nuestra propia razón de ser como pueblo atlántico.
Para comprender la relevancia de esta publicación es necesario analizar el fenómeno sociológico de Pinolere; Surgida en 1985 en el seno de una comunidad rural, esta organización ha logrado lo que muchos proyectos institucionales no consiguen: la transición del activismo vecinal a la excelencia en la gestión del patrimonio.
Pinolere ha operado bajo el paradigma de la Etnografía Participativa: no se han limitado a observar la cultura desde la periferia, sino que han integrado a los portadores del conocimiento -los artesanos y las comunidades rurales- como sujetos activos de la investigación. Este modelo ha permitido la salvaguarda de técnicas que, bajo la presión de la modernidad líquida y la industrialización, se consideraron vestigios en vías de desaparición.
La etnografía no debe ser una disciplina estática volcada hacia el pasado; por el contrario, es una ciencia aplicada
La Feria de Artesanía de Pinolere, hoy referente internacional, debe ser entendida como un laboratorio etnográfico en vivo. Su labor en la recuperación de las artesanías tradicionales no ha sido meramente estética; ha supuesto el impulso a una investigación técnica profunda sobre la organología y los materiales, sobre el estudio de las fibras vegetales, las arcillas o las maderas autóctonas.
También ha ejercido una mirada precisa sobre la ergonomía y el proceso: lo que se conoce como registro de la «cadena operativa» (chaîne opératoire), concepto fundamental de la antropología técnica, que documenta desde la obtención de la materia prima hasta el producto final. Y añadiendo, además, un análisis y evaluación sobre la economía de la subsistencia: la comprensión de cómo estos oficios vertebraron la economía insular durante siglos.
Dentro de este ecosistema, la revista cumple la función de órgano científico. En un contexto donde la bibliografía etnográfica a menudo pecaba de un exceso de idealismo, esta publicación -a través de sus numerosos colaboradores de su ya extenso periplo editorial- introdujo una metodología rigurosa basada en el trabajo de campo sistemático y, en muchas ocasiones en paralelo, el análisis de fuentes documentales históricas que completan la información sobre las materias objeto de estudio.
El Pajar ha logrado indexar el conocimiento inmaterial, elevando la cultura popular al rango de objeto de estudio científico. Sus páginas han abordado la arquitectura vernácula -especialmente valioso ha sido el estudio de los pájaros de techumbre vegetal como tipología arquitectónica singular-, la etnobotánica o el patrimonio oral aplicando herramientas de la lingüística y la sociología. A medida que se afianzaba cada uno de sus números ha ampliado su campo de atención al patrimonio artístico al arqueológico o al industrial, entendiendo el fenómeno de la preservación patrimonial con una mirada integradora.
En cada una de sus publicaciones nos encontramos, por tanto, ante un documento de Etnohistoria; cada artículo constituye una fuente secundaria de notable valor para futuros investigadores que deseen reconstruir una parte de la identidad canaria, no solo aquella relacionada con la cultura rural, desde una base empírica y no desde el mito.
Así, la labor de Pinolere demuestra que la etnografía en el tiempo actual no debe ser una disciplina estática volcada hacia el pasado; por el contrario, es una ciencia aplicada. El estudio de los oficios tradicionales aporta claves fundamentales sobre la sostenibilidad, la gestión de los recursos naturales y la cohesión social.
Esta nueva entrega abarca diversas disciplinas y materias de estudio firmadas por especialistas, profesores universitarios y divulgadores del patrimonio oral y material de Canarias y de las zonas de influencia de nuestra cultura. Son ellos también, con sus sesudas colaboraciones, los protagonistas de una gesta que proyecta la presentación de un nuevo número de estos cuadernos más allá de un mero acto administrativo; es, a propósito de su permanencia en el tiempo y del origen de su nacimiento, un acto de resistencia cultural.
Al presentar este volumen, se reafirma el compromiso de Pinolere con la excelencia académica. Su revista El Pajar es el testamento vivo de un pueblo que decide documentar su propia existencia con rigor, orgullo y conciencia crítica. Queda, pues, este ejemplar a disposición de la comunidad científica y del público general como una invitación para seguir construyendo el atlas de nuestra memoria colectiva.
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