En prácticamente todos los momentos históricos decisivos del último siglo y medio se ha declarado la muerte de la democracia liberal.. Así ocurrió en la década de 1930, cuando proliferaron los regímenes fascistas supuestamente ‘eficientes’, ya finales del siglo XX, cuando el capitalismo de Estado impulsó el éxito de los ‘cuatro tigres asiáticos’ (Hong Kong, Corea del Sur, Singapur y Taiwán) y, más notablemente, de China. Lo mismo puede decirse hoy con el auge de líderes autoritarios que parecen capaces de tomar decisiones rápidas y actuar con contundencia, aunque no lo son tanto para planificar a largo plazo.
Para muchas personas, la democracia se ha convertido en un ‘lujo lento’, un ideal difícil de alcanzar en un mundo aceleradoplagado de ansiedad, división y violencia. La pregunta ya no es si la democracia es justa, sino si sigue siendo útil.
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Desde finales de la Guerra Fría, nunca antes tantas personas habían vivido bajo regímenes autocráticos o antiliberales. La erosión de la democracia ha sido, en su mayor parte, gradual, y se ha producido a través del debilitamiento de los controles y contrapesos.la captura de los medios de comunicación y el Poder Judicial, y la manipulación de las elecciones. Este retroceso se presenta como una corrección y no hay un rechazo total a este. Lo que refleja la caída en picada de la confianza en la capacidad de la democracia para brindar seguridad y prosperidad.
En un mundo de comparaciones instantáneas, cada respuesta lenta o torpe de un gobierno democrático se mide en función de la rapidez y la eficiencia de la ejecución autoritaria. Cada compromiso se contrasta con la toma vertical de decisiones. El debate y la incertidumbre intrínsecos a las democracias pueden empezar a parecer debilidades cuando se comparan con el orden y la continuidad que prometen los regímenes autoritarios.
El caso de China
China, donde el presidente Xi Jinping ha consolidado progresivamente su poder, es el país que más ha contribuido a promover esta ilusión autoritaria. La planificación a largo plazo del Gobierno, las inversiones en infraestructuras y el dominio de la cadena de suministro en sectores estratégicos como las tierras raras, las baterías y las energías renovables crean la impresión de un Estado estratégico y omnisciente que mira hacia el futuro y da prioridad al bien común por encima de los intereses particulares.
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Esta impresión supone que la información nunca se distorsiona, que los errores se reconocen abiertamente sin sanciones políticas y que la verdad siempre prevalece sobre la lealtad. Pero esta idea está muy lejos de la realidad. Los sistemas de partido único que suprimen el debate y la rendición de cuentas terminan invariablemente confundiendo la disciplina y la obediencia con la inteligencia y la perspicacia.. Los autoritarios saben cómo ejecutar, lo que genera eficiencia a corto plazo, mientras que su renuencia a tolerar la disidencia acarrea costos a largo plazo.
Las dictaduras dan la impresión de producir menos desigualdades que las democracias, pero la realidad es que las ocultan. Lo que se presenta como una mayor justicia social no es más que opacidad. Las democracias sacan a la luz las fracturas sociales, mientras que los regímenes autoritarios las esconden. Las primeras sufren por decir la verdad; las segundas sobreviven al hacer que la verdad sea innombrable.
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Del mismo modo, los regímenes autoritarios pueden producir líderes técnicamente competentes, pero Esos líderes nunca rinden cuentas plenamente ante la sociedad. Como resultado, sus capacidades acaban convirtiéndose en arrogancia y, luego, en ceguera. La ausencia de sanción popular impide la corrección sistémica.
Algunas personas justifican estas diferencias alegando que están determinadas culturalmente y que ciertas sociedades no están preparadas para la democracia. pero La democracia es una consecuencia social, no una tradición cultural. Surge cuando las personas se movilizan más, son educadas y autónomas. Se produce, no se importa.
Los vínculos estructurales entre el mercado libre y la democracia son más aclaradores en este análisis. El mercado produce individuos que sopesan sus opciones, toman decisiones y, a menudo, cambian de opinión. Lo que se aplica en sus compras también lo pueden trasladar a sus opiniones políticas. A largo plazo, ningún poder puede controlar de forma sostenible a un consumidor libre acostumbrado a elegir.
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Allí donde avanza el mercado las estructuras cerradas –desde la familia patriarcal hasta el clan y la casta– retroceden. Incluso en las sociedades confucianas, la autonomía individual comienza a superar el vínculo filial. Este cambio puede ser lento pero es irreversible, ya que transforma las actitudes hacia la autoridad, trastoca los roles sociales arraigados y amplía las aspiraciones existenciales.
deseos de libertad
El verdadero enemigo de los dictadores es el deseo de libertad, por lo que ellos resaltan los defectos de la democracia, amplifican sus divisiones y presentan su fracaso como inevitable. Esta es la razón por la que Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, hará todo lo posible por debilitar a los líderes europeos, que le producen más reservas que los autócratas rusos y chinos a los que a menudo elogia.
Es probable que las democracias sufran nuevos reveses en los próximos cinco años, y que en algunas sociedades se instalan regímenes híbridos que combinan los mecanismos de mercado y la prosperidad con el control y la vigilancia para mediados de siglo. Las nuevas tecnologías les permitirán a estos regímenes restringir la libertad mediante la vigilancia digital, los algoritmos y el análisis predictivo.
Estos reveses no tienen por qué ser definitivos. Una sociedad educada, conectada, compleja y que se moviliza no puede ser gobernada de forma sostenible a través del miedo. Puede que se someta durante un tiempo y se sienta por agotación. pero siempre acaba exigiendo libertad para elegir y responsabilidad.
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La democracia nunca desaparece. Cada vez que la libertad individual se convierte en una necesidad económica y existencial, regresa en diferentes formas y con diferentes instituciones. Aunque el camino no sea lineal y surja la violencia, al final prevalecerá, porque ningún otro sistema puede gobernar de forma sostenible a individuos libres. La democracia es a la vez obsoleta y adelantada a su tiempo.
Presidente fundador del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, exasesor especial del presidente francés François Mitterrand (1981-1995) y autor de 86 libros. Impartió clases de economía en la École Polytechnique, la Universidad Paris Dauphine y la École Nationale des Ponts et Chaussées.
