“La gente y la industria están cansadas de ver las mismas pelis. ‘Sirat’ no es una peli más, es una experiencia, un evento. Una peli que convierte la sala de cine en un lugar para la catarsis”. Así explicaba el cineasta franco-español Oliver Laxe las claves del éxito de ‘Sirat’, una película insólita con cifras récord de nominaciones dentro y fuera de España. Laxe lo resumía así, de paso por Berlín, pocas horas antes de la gala de la Academia del Cine Europeo. Su ‘peli’, como la llama, acaparó cinco premios en la categoría de técnicos y fotografía -entre ellos, el del sonido, para su impactante y desgarrado rave.
Para una de las históricas catedrales del tecno berlinés, ‘E-Werk’, el rave pasó a la historia con el cambio de milenio. Cerró sus puertas como templo del tecno y señal de identidad de nuevo Berlín surgido de la caída del Muro, en 1989. Otros clubes emblemáticos han vivido su propia agonía; la categoría de templo la ocupa ahora ‘Berghain’.
que ‘E-Werk’ ya no sea lugar de culto no significa que no busque la inmersión. O el evento, según la definición de Laxe. Tras la fachada de ladrillos rojos de la histórica planta energética industrial, levantada en los años 20, ha encontrado asilo la ‘Cinemática Alemana’la Filmoteca alemana.
Foto de la nueva filmoteca de Berlín. / Gemma Casadevall
Hace año y medio, la institución quedó en tierra de nadie. Expiró su contrato de arriendo en el edificio de acero y cristal de varias plantas que se construyó frente a la sede de la Berlinale. La filmoteca parecía condenada a su propia agonía. Ahora lanza su batalla por la supervivencia a través de ‘Tiempo de pantalla‘. Ese es el nombre que recibe la instalación y proyecciones repartidas entre varios espacios de la planta baja de ‘E-Werk’. Del tecno berlinés se pasó a recorrer, año a año, más de un siglo de historia del cine alemán. Ahí van discurriendo escenas emblemáticas de FW Murnau, Fritz Lang, Rainer Werner Fassbinder y muchos otros nombres legendarios identificables como propios de una filmoteca alemana. Por supuesto también están representados héroes menos remotos, como Wim Wenders, Tom Tykwer, Christian Petzold o Fatih Akin.
Inmersión como alternativa a la vitrina
La nueva filmoteca quedó inaugurada en la segunda quincena de enero, con un fin de semana de puertas abiertas. Quien acudió pensando que en su interior encontraría la exposición permanente que tuvo la anterior Cinemática de la Potsdamer Platz, entre vestidos icónicos de Marlene Dietrich y demás piezas de su legado quedaron decepcionadas.
“Todo ese legado está almacenado. Quién sabe cuándo volverá a ser exhibido en su totalidad”, explica Heidi Zapkeresponsable de comunicación de la Kinemathek. Se exhiben apenas un par de trajes y algunos documentos, como una carta de David Bowie a Marlene en representación de ese legado ahora conservado en el archivo.
‘Screentime’ es un evento inmersivo, no una exposición. No se trata de pasear entre vitrinas, sino de sentarse y asistir a las proyecciones. El espacio se convertirá en sala de cine durante la próxima Berlinale para la sección ‘retrospectiva‘. En mayo ofrecerá su primera exposición. Aunque tampoco entonces exhibirá, advierte Zapke, el enorme legado de su archivo. Entre las proyecciones y el concepto de evento de ‘E-Werk’ Buscará la filmoteca una nueva vida. Dispone de diez años -los previstos en el nuevo contrato de arriendo- para lograrlo.
El fin de semana inaugural fue su tarjeta de presentación. Se formaron colas ante su acceso, como no veía el ‘E-Werk’ desde sus tiempos del tecno. durante la Berlinale, del 12 al 22 de febreroespera ganar en proyección internacional. La retrospectiva del festival de cine de este año incluye títulos como el ‘Allemagne année 9 neuf zéro’ de Jean-Luc Godard. Será una inmersión en concepto de evento actualizado.
En las antípodas del multicine
En pos de la supervivencia están igualmente los cines de barrio –Kiez, en alemán– que aprovechan el tirón del festival para recordar que siguen ahí. Muchos de ellos no han superado el parón de la pandemia. Como viene haciendo desde hace unos años, la Berlinale prestará una alfombrilla roja en formato reducido a salas como ‘york‘, en el multiétnico barrio de Kreuzberg, ‘Xenón‘, en el vecino de Schöneberg, o ‘Casablanca‘, en el extrarradio. Es una selección entre la larga lista de salas como Babilonia, Kurbel, Eiszeit, Sputnik o Zeiss-Grossplanetarium que se reparten por la capital alemana. Ofrecen programas ambiciosos, preferentemente en versión original con o sin subtítulos, en salas a veces diminutas y con estéticas en las antípodas del multicine o Cinemaxx.
Un año más, durante la Berlinale habrá un pase especial en la cárcel de Plötzensee. Es un evento único, en que se reclama del espectador que deje todas sus pertenencias, móviles, etc en los cajetines tras cruzar el portalón de alta seguridad, tal como hacen los familiares o amigos que visitan a su reo.
el ‘La Berlinale se vuelve Kiez’ -o ‘La Berlinale va al barrio’- es una forma de darse ánimos frente a la dura competencia. Durante la Berlinale bullen de actividad. El resto del año plantan cara al streaming doméstico y las plataformas. También ahí hay goteo anual de cierres. Las que siguen en pie representan la batalla por el cine como eventolo que solo puede darse cuenta, a su parecer, desde la experiencia colectiva de ver una película en sala.

Colas para acceder a la prisión de Plötzensee en Berlín / Gemma Casadevall
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