En medio de pabellones saturados, requisas y traslados que cortan rutinas como tijera sobre papel, los jóvenes de las cárceles ecuatorianas hacen algo que no suelen entrar en el guion de la violencia: estudian.
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Hijo, principalmente, Mileniales y Generación Zlos que nacieron entre 1981 y 2010. Y lo hacen por una razón pragmática y luminosa a la vez: rearmar su futuro laboral, volver a la calle con otra identidad y con el diploma en mano. Un reciente estudio de la Escuela Politécnica Nacional (EPN) que cruza variables del Censo Penitenciario 2022 deja un mensaje: cuando hay oportunidad, los PPL sí tocan la puerta del aula.
¿Por qué importa la educación de los PPL?
La radiografía nacional es contundente. El censo, que se publicó en 2023, levantó información de 31 321 personas privadas de libertad (PPL). La población es abrumadoramente masculina (93,7%) y joven: los mileniales hijo el 42,5% y la Generación Z el 40,4%; juntas, suman 82,9% de todo el sistema. En un país que discute cómo frenar la violencia, estos datos muestran que también hay que discutir cómo educar a quienes la cárcel atrapó en su etapa más productiva.
La foto del nivel educativo de los PPL
Si se mira el total censado, la escalera educativa se corta en el tramo medio: 24,98% alcanzado bachillerato, 22,86% se quedó en secundaria y 23,97% es EGB. Quienes llegaron a educacion superior hijo 6,45% del total, y los posgrados son residuales. Esa pirámide, tan ancha abajo, explica por qué las aulas más llenas en prisión son las de basico superior y bachillerato: ahí está la demanda.
La alfabetización sigue siendo un frente abierto. 1 541 hombres y 67 mujeres no saben leer ni escribir. Lo inquietante es generacional: entre los varones, los mileniales concentran el 41,73% de los casos de analfabetismo (643 hombres); entre las mujeres de esta misma generación también encabezan la cifra (22), seguidas por Generación X (20). Es decir, el rezago no solo vive en las cohortes mayores; pesa también en quienes deberían estar más cerca del empleo y de la crianza de hijos pequeños.
Sentenciados y procesados: el cuello de botella antes del título
El patrón se repite: tantas personas sentenciadas como procesadas se concentran en educacion general basica, secundaria y bachillerato; la educación superior sigue siendo marginal.
Entre los sentenciadosla mayoría no supera la educación media: se acumulan en primaria, EGB, secundaria y bachillerato. Solo una minoría logra acceder a estudios superioresy los niveles de posgrado son prácticamente simbólicos.
Entre los procesadosla distribución es muy similar: la mayor parte también se queda en los tramos basicos y mediosmientras que el acceso a educación técnica o universitaria es reducido.
El mensaje es directo.: el principal cuello de botella del sistema educativo penitenciario está antes del títulono después. La urgencia no es solo ampliar la universidad en prisión, sino garantizar que más personas completen la educación mediacondición mínima para la reinserción laboral.
Quiénes empujan la puerta del aula: Mileniales y Gen Z
El equipo de la EPNliderado por Juan Pablo Díaz-Sánchezdecano de la Facultad de Ciencias, estimó modelos probabilísticos sobre la base del Censo 2022. Su hallazgo central: Mileniales y Generación Z muestra una probabilidad significativamente mayor de participar en educación penitenciaria, motivados por la reinserción y la mejora de sus credenciales laborales. En cambio, Generación X y Baby boomers se enganchan menos, ya sea por salud, deterioro cognitivo, desencanto, aislamiento. También perciben que estudiar “ya no les cambia” el horizonte.
Cuando estudiar es una forma de resistir: mujeres y minorías
Aunque representan una minoría dentro del sistema penitenciario, las mujeres privadas de libertad muestran mayor compromiso con el aprendizaje. Según los investigadores de la EPN, para muchas de ellas estudiar no es solo un derecho: es una estrategia de supervivencia. La educación aparece como una vía para reconstruir vínculos familiares y enfrentar un mercado laboral que suele ser más hostil para ellas al recuperar la libertad.
Un patrón similar se observa entre personas indígenas y otras minorías étnicasque presentan una mayor probabilidad de participación educativa en prisión. El aula, señalan los investigadores, funciona como un espacio de empoderamiento frente a trayectorias marcadas por la exclusión. Para estos grupos, estudiar significa imaginar un futuro distinto al que los empujó originalmente al sistema penal.
El peso del apoyo emocional para los PPL
El estudio añade matices clave para entender por qué algunos internos logran sostener el proceso educativo y otros no. Recibir visitas de familiares o amigos. y contar con atención psicológica Aumenta de forma clara la probabilidad de participar en programas educativos, especialmente entre los más jóvenes. El respaldo emocional reduce el aislamiento y convierte el estudio en una meta compartida con quienes esperan afuera.
En el extremo opuesto, las condenas excesivamente largas Terminan erosionando la motivación. Con el paso del tiempo, la expectativa de futuro se debilita y el desgaste emocional se vuelve una barrera silenciosa para el aprendizaje. En estos casos, la educación deja de percibirse como una salida posible y pasa a ser, simplemente, otra actividad difícil de sostener en un entorno de encierro prolongado.
Traslados de PPL que cortan el aprendizaje
Cambiar de cárcel no es solo cambiar de celda. La evidencia estadistica del estudio de la EPN muestra que los traslados entre centros penitenciarios reducen de manera directa y significativa la probabilidad de que un interno continúe estudiando. Cada traslado interrumpe rutinas, rompe la continuidad de los programas educativos y, en muchos casos, obliga a empezar de nuevo.
Además, las mudanzas frecuentes debilitan los vínculos familiares y el apoyo social, factores clave para sostener la motivación. El impacto es especialmente severo en mileniales. y Generación Zquienes presentan mayores dificultades para adaptarse a nuevos entornos carcelarios y retomar sus estudios tras ser removidos de su centro original.
¿Qué recomiendan los investigadores de la EPN?
- Pacto anti‑traslados académicos. Declarar’inmovilidad educativa‘ para PPL en clases; solo mover por seguridad justificada y con portabilidad garantizada (cupo reservado, homologación inmediata y expediente académico digital que viaje con la persona).
- Portabilidad real. Si el traslado es inevitable: matrícula automática en el destino, equivalencia de modulos, reenganche en unos 7 días y docente‑enlace entre centros.
- Blindar los motores del estudio. priorizar psicología y régimen de visitas (impacto mayor en mileniales y Gen Z) para sostener asistencia y permanencia.
- Oferta diferenciada por generación:
- Jóvenes: bachillerato acelerado, técnico/tecnológico y rutas digitales seguras.
- X/Boomers: contenidos prácticos, flexibles y módulos de bienestar.
- Puente con el exterior. alianzas con universidades y tecnologias y certificaciones laborales con validez nacional.
Los riesgos de no actuar:
- Más reincidencia. Sin títulos ni competencias certificables, la reinserción se precariza y aumenta la probabilidad de volver al delito.
- Peor convivencia intramuros. La escuela ordena tiempos y reduce tensiones; sin programas estables suben indisciplina y violencia.
- Mayor control de bandas. Inactividad y traslados que rompen redes pro‑sociales facilitan la captación criminal.
- Desperdicio generacional. Estafa más del 82% de PPL entre Millennials y Gen Z, cada cohorte que no completa bachillerato o una técnica es talento perdido para el país.
