En el contexto de la Guerra Fría, desarrollar un programa espacial ambicioso era algo más que exploración e innovación tecnológica: para Estados Unidos suponía demostrar su hegemonía sobre la URSS. Y se lo tomó muy en serio: oficialmente gastó casi 26.000 millones de dólares entre 1960 y 1973 (el equivalente a unos 257.000 millones de dólares de hoy).
El antes y el después del Apolo. En pocas palabras, el programa Apolo fue colosal y se nota tanto en sus logros como en su legado. Porque más allá del hito de la llegada de la humanidad a la luna, la lista de inventos que trajo bajo el brazo fue impresionante porque o bien se siguen usando en la actualidad o sentaron las bases de la tecnología actual.
Por ejemplo, aunque la NASA no inventó los alimentos liofilizados, sí que les dio una vuelta de tuerca para mantener su sabor y textura mientras reduce su peso. También trajo los trajes refrigerados que hoy en día se usan para personas con esclerosis múltiple y el PBI como material ignífugo estrellaalgo a lo que llegaron tras la muerte de tres astronautas en el incendio del Apolo 1 y que hoy en día se usa en trajes para bomberos. oh los neumáticos sin aire. Si nos centramos en informática, el volar por cable Fue todo un cambio de paradigma para abrazar lo digital, el estándar de la aviación de hoy.
La NASA cambió la industria informática. Y si había que aligerar los alimentos, estilizar las computadoras de abordo era algo providencial. Además, hacerlo sin comprometer la potencia. Así que construyeron la computadora de guía Apolo con una tecnología prometedora pero poco consolidada aún: los circuitos integrados con los primeros chips de silicio. Sí, esos que nos encontramos hasta en la sopa desde hace décadas. El programa Apolo no inventó el microchippero sí que hizo posible tener un suministro enorme.
Buena parte de la producción de chips iban a la NASA. De hecho, en 1963 el proyecto Apolo ya había logrado apoderarse del 60% del suministro estadounidense de los chips. Salvando las distancias, como pasa en la actualidad con la IA. Segunda la propuesta el ejército estadounidense, que integró chips en sus misiles Minuteman II. El contrato de producción. cayó en manos de Texas Instrumentsobligando a la industria de pasar de una fabricación “artesanal” de chips a la producción en masa.
Hacia la democratización total. La combinación entre la NASA y el Pentágono fue el catalizador total para la estandarización y la reducción de costes. De hecho, en 1962 un solo microchip podía costar Como poco 120 dólares. Para el 68, los precios se habían desplomado a menos de dos dolares.
Esa ingente necesidad unida a la importancia de su aplicación en sectores estratégicos provocó que tanto la NASA como el ejército exigieran confiabilidad absoluta de los chips a las compañías que estaban detrás, como Fairchild o Texas Instruments. Esto es, someterlos a pruebas como temperaturas extremas o fuerza G. Era la ley de Moore en su máxima expresión.
La NASA adelantó la industria una década. El impulso de la NASA y el Pentágono redujo el coste de los microchips un 98% en menos de 10 años. ¿El resultado? Que pasaran de tecnología puntera a aterrizar en electrónica más básica y modesta como calculadoras.
Según John Tylkoingeniero e historiador tecnológico y actual profesor del MIT, si la NASA no hubiera existido seguiríamos teniendo circuitos integrados y la Ley de Moore se habría cumplido… mucho después: “Pero quizás no la hubiéramos tenido en 1965. Quizás la hubiéramos tenido una década después”.
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