Con la muerte esta madrugrada de Fernando Esteso en el Hospital la Fe de València a los 80 años se apaga otro icono del cine y la comedia que definió parte de la transición española. Y es que Esteso fue mucho más que un cómico. Junto con otros actores como Arévalo o Andrés Pajares, Esteso fue el reflejo de una España que despertaba a golpe de carcajada, picaresca, irreverencia y machismo rancio. Su caída cierra un capítulo irrepetible del cine y el teatro nacional. Nacido en Zaragoza, pero valenciano de adopción, Esteso cimentó su carrera como cantante de jotas, actor de revista y, sobre todo, como el rostro imprescindible de la comedia cinematográfica más taquillera de la historia del país.
La figura de Fernando Esteso no puede entenderse sin el contexto de la España en la que vivió ya la que divirtió. Fue, junto a su inseparable Andrés Pajares, el máximo exponente del cine de destapeun género que funcionó como una válvula de escape para una sociedad que emergía de décadas de represión y censura. Esteso encarnó como nadie al “españolito medio” de finales de los 70: un hombre a menudo abrumado por los cambios, asombrado ante la nueva libertad sexual y que utilizaba la picaresca para sobrevivir en una modernidad que le venía grande.
Aquel cine, a menudo denostado por la crítica académica, fue sin embargo un retrato fiel de las ansiedades y deseos de la calle. Las películas de Esteso mostraron una España de barrios obreros, de sueños de riqueza rápida a través del bingo y de una obsesión por el cuerpo femenino, que por fin dejaba de ser un tabú. Encarnó al antihéroe castizo. Tipos de a pie que, entre chistes verdes y situaciones surrealistas, reflejaban la torpeza de una sociedad que estaba aprendiendo a ser libre a marchas forzadas.
Un humor impensable en pleno siglo XXI
Sin embargo, la muerte de Esteso obliga también a reflexionar sobre la imagen que el cine proyecta y de cómo la sociedad ha ido evolucionando en las últimas décadas.. Resulta evidente que el cine del destape, simple y cañí, abordaba la figura de la mujer como un arquetipo simplista, en ocasiones infantil, y la dejaba como un mero elemento decorativo y sexual en la pantalla o como ama de casa en el hogar. En pleno siglo XXI, cualquier representación similar resultaríaa imposible. Las bromas, los chistes y la carcajada fácil a costa de la mujer, el destape y la zafiedad, no tendrían hoy cabida ni en la pantalla ni en el discurso público. Sería inaceptable.
Sin embargo, juzgar la obra de Esteso exclusivamente con las lentes del siglo XXI sería un error histórico. Su humor no nacía de la malicia, sino de una inocencia picara que conectó con millones de espectadores que buscaban, sencillamente, el derecho a reírse de todo tras años de silencio. Con su muerte, se va otro representante de una comedia que, aunque hoy nos resulte lejana, nos permite apreciar quiénes fuimos y cuánto hemos cambiado.
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