La sala de cine está oscura y en silencio. Llena desde la primera hasta la última silla. Todos ven a una mujer quebrada y rendida en el suelo repetir como mantra que rezar, para los ateos como ella, es conocer la desesperación. Cierro los ojos y me veo igual, hace unos años atrás. Me veo rendida y pidiendo piedad.
La película termina y vuelve a la vida. Ya no estoy en mi habitación desordenada. Estoy en el Festival de Cine de San Sebastián donde “Sentimental Value” (Valor sentimental) se presenta fuera de competencia tras su exitoso paso por el Festival de Cine de Cannes donde ganó el Gran Premio del Jurado. Ya no pido piedad ni rezo, pero sigo siendo devota de un dios pagano llamado cine.
El danés Joachim Trier ya demostró su capacidad de retratar la intimidad del dolor, el abandono y el quiebre de los vínculos amorosos en “La peor persona del mundo” (2021). Así lo vuelve a hacer en “Sentimental Value” (2025), pero da un paso más para describir en dos horas y cuarto la cicatriz que dejan los padres en los hijos, sin importar cuán ausentes -o no- estén.
Disponible en cines de Bolivia, la cinta explora la depresión, la ruptura de los lazos familiares y el silencio como forma de comunicación a través de la historia de Gustav Borg (Stellan Skarsgård) y sus dos hijas, Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas). El padre es un director de cine narcisista venido a menos que encuentra en la muerte de su exesposa la oportunidad de reconciliarse con sus hijas, a las que abandonó siendo niñas para seguir con su trabajo.
Nora es el reflejo de ese abandono: actriz de teatro quebrada, con constantes ataques de pánico que la inmovilizan, relaciones amorosas informales y una tristeza profunda que Renate Reinsve retrata con precisión en su mirada. En cambio, Agnes es más estable: académica con una vida familiar tradicional, un hijo y un esposo amorosos. Joachim Trier muestra en una escena la ambivalencia entre la hermana mayor y la menor; la que aprendió a vivir con la ausencia y la que creció acompañada. El valor de la hermandad.
La película gira en torno al conflicto que se origina cuando Gustav le pide a Nora ser la protagonista de su nueva película cuyo escenario principal es la casa donde vivieron su madre y sus hijas. El padre incapaz de reconocer sus errores juega con el deseo de la hija insegura que aspira a crecer como actriz. La casa agrietada se presenta como metáfora de la relación padre e hija, ya la vez como testigo de las idas y vueltas de las relaciones familiares.
Ante la negativa de Nora -quien se mueve entre el dolor de perder a su madre y la presión del retorno de su padre-, Gustav busca a la actriz estadounidense Rachel Kemp (Elle Fanning) para que encarne a su hija. Stellan Skarsgård representa al padre encantador y manipulador, con poder de convencimiento en su entorno, pero con una incapacidad inerte para lidiar con el cuestionamiento.
Las actuaciones de los protagonistas de la película han sido de las más aclamadas en la ronda de premios, incluso en Hollywood (con los cuatro actores candidatos al Oscar) donde los relatos más lentos e íntimos no compiten con la espectacularidad de las grandes producciones.
A lo largo de la película, Joachim Trier propone la desesperación como catalizador de nuevas experiencias. Como una sombra pesada que te empuja al vacío, a tocar el suelo y escudriñar las escaleras para subir de nuevo sin saber dónde. Pero también muestra los espasmos de alegría que permiten seguir adelante a pesar de las frustraciones.
Uno de esos espasmos era estar en San Sebastián, en una sala de cine con otros devotos, viendo cómo Joachim Trier le dedica breves minutos a las risas, a lo absurdos que somos cada vez que intentamos arreglar algo y no sabemos cómo.
“Sentimental Value” no sólo cuenta la historia de un padre y una hija que se reencuentran gracias al cine. Nos muestra a todas las Nora y los Gustav que conviven con las cicatrices y que descubren que rezar también es para los ateos.
