Fallecida en diciembre en Wells (Vermont), la pintora pez janet, que llevaba tres lustros sin poder coger los pinceles, era natural de Boston. Pasó parte de su infancia en Bermuda, y luego en Lyme, Connecticut (donde su abuelo, el pintor Clark … Voorhees, al que no llegó a conocer, había practicado un impresionismo aprendido en París y Barbizon), y luego en la isla de Bermuda, también frecuentada por Voorhees. Hija de un historiador del arte y una escultora y ceramista, uno de los hermanos de esta practicó también la escultura y estaba casado con una pintora, mientras pez alida, hermana menor de la final, es una fotógrafa notable. Aprendió el oficio en el Smith College de Northampton, Massachusetts, donde uno de sus profesores fue Leonardo Baskin, que aquí conocemos por Zóbel, y en Yale, con profesores como Albers, Alex Katz, Pearlstein o Esteban Vicente, y condiscípulos como Tirar cerca (que en 1992 le haría un retrato fantástico), Rackstraw Downes (su primer marido), Nancy Graves, Mangold, Marden y Richard Serra. Aunque en un principio fue expresionista abstracto, Pronto optó, como Close, por el realismo. Fue clave en esa decisión el consejo de Katz, que en los cursos de verano que daba en Skowhegan, Maine, la animó a enfrentarse al paisaje.
La vida de Janet Fish transcurrió entre Nueva York, donde una de sus primeras amigas fue Luisa Nevelson, vecina suya en el Bowery, y la casa de campo de Middleton Springs, Vermont, que compartió con su colega, también figurativo, Carlos Parness, al que, recién divorciada de su segundo marido, conoció en 1979, con el que se casaría en 2006, y que le sobrevive. Sus luminosos, rutilantes cuadros de allá los protagonizan su jardín, sus flores, su estanque, sus peceras con peces matissianos, fiestas infantiles con globos…Pero el bodegón es el género en que más brilla. Los suyos los pueblan orquídeas, granadas, manzanas o melocotones todavía bajo el celofán del supermercado, espejos, vasos de cristal, botes de detergente, tarros de miel o aceitunas, porcelanas, telas, barbies, botellas de vodka o de tequila (en México admiró el muralismo de Orozco o Siqueiros), caracolas como de Ucelay, cajas de mariposas a lo Cornell… En algunos de los pintados en Manhattan, asoma, casi como en las polaroids de Kertész, la metrópolis como fondo. En su litografía de 1984 para ‘The Paris Review’, las torres de Notre-Dame. También excelentes, sus retratos.
Janet Fish ha impartido clases en la School of Visual Arts, en Parsons, en Skowhegan… Expuesta por Robert Miller, Grace Borgenicht o DC Moore, sorprendentemente todavía no ha sido objeto de una retrospectiva neoyorquina, aunque las ha tenido en otras ciudades de su país. Contó con el respaldo de Hilton Kramer, Donald Kuspit, Linda Nochlin, Carter Ratcliff o Ross Skoggard, que en 1974, en ‘Village Voice’, la calificaba de ‘Bonnard con anfetamina’. Su monografía más importante, de 2002, publicada por Abrams, es obra del poeta Vincent Katz, el hijo del pintor.
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