El doctor Joan Veny i Clar es un pozo de sabiduría. En una entrevista reciente contaba que siempre le había llamado la atención que, en algunos dialectos del catalán, a la nuera (la mujer del hijo) se la llamara “la jove”. Es una denominación única de la lengua de Nora Albert, que no se encuentra en ninguna otra de las lenguas próximas. En su investigación, Veny llega a la conclusión de que proviene de que, antiguamente, en las casas había el amo y la mestresa y, cuando el aquí se casaba, se añadía “la mestressa jove”, y de ahí que a la nuera se la llame Júpiter.
Pero, ¿de dónde proviene? nuera ? Pues de la palabra latina nurus, que significaba exactamente lo mismo. En catalán ha dado nora, mientras que en el castellano nuera se ha producido un cruce con las vocales de suegra, dice el diccionario de la RAE. Ahora bien, al lado de este nombre común que refleja un parentesco, también está el nombre propio de mujer, Nora, que es cada vez más frecuente entre las jóvenes.
El nombre propio de mujer es cada vez más frecuente entre las nuevas generaciones.
Según el Idescat, ahora mismo en Catalunya hay 5.220 personas que se llaman Nora de nombre de pila, de las que 5.212 constan como mujeres y 8 como hombres. Ello supone un 0,65% de la población catalana. Lo más curioso, según el INE, es que la media de edad de las personas que llevan ese nombre es de 15,9 años en toda España. Así pues, Nora es un nombre de jóvenes. Como curiosidad, en Noruega fue el nombre de mujer más puesto en el 2012.
Eso dice la estadística, claro. Pero si atamos cabos, observaremos que, además, este nombre está vinculado a la lucha feminista y la igualdad entre géneros y, sobre todo, a los amantes del teatro. No son pocas las hijas de intérpretes, profesionales o aficionados, que lucen este nombre.
¿Y a qué es debido? Pues por un personaje emblemático de las artes escénicas: Nora, la protagonista de Casa de muñecas, del noruego Henrik Ibsen. Estrenada en 1879 y constantemente representada (el 10 de febrero se estrena una nueva versión en la sala Atrium), la decisión de Nora de irse de casa dejando al marido ya sus hijos es impresionante. Un siglo y medio atrás, Ibsen supo simbolizar la liberación de la mujer con un portazo que, aún hoy, retumba.
Sobre el origen del nombre, hay procedencias diversas. Por una parte, existe el nombre árabe de fonética similar, a veces con tú, Nura, que coincide con la Nura menorquina, el nombre fenicio de la isla. En árabe está emparentado con luz, y el fenicio menorquín seguramente con fuego. Por otra parte, en los países del norte de Europa, proviene del acortamiento de nombres como Honora y Elionora, vinculados con la palabra latina honor. Luz, fuego, honor… y portazo.
