El desplazamiento del péndulo ideológico hacia la derecha en las democracias occidentales ha llegado a España. Nuestro país parecía inmune a un fenómeno que se había cimentado en nuestro entorno y que tiene un fuerte componente histórico. El escoramiento del electorado nacional ya se percibía … en todas las encuestas, pero Extremadura puso letra a una música que venía tiempo sonando de fondo.
El giro a la derecha permitió a PP y Vox superar el 60% impulsado por una subida importante de los de Santiago Abascal, que logró uno de cada seis votos el 21-D. ¿Es la derechización de Extremadura una anomalía o un aperitivo? Los datos apuntan a lo segundo y Aragón servirá para confirmar esta tendencia de desplazamiento ideológico.
Una de las razones que explican este movimiento es la movilización de este espectro, frente al hastío instalado en la izquierda. También un corrimiento hacia la derecha en todos los partidos -las fugas de voto desde Sumar al PSOE y desde el PP a Vox-, pero, sobre todo, lla potencialidad de ‘atrapalotodo’ de los de Abascalque consiguen atraer a abstencionistas, nuevos electores y hacerse con el ‘voto protesta’.
En los sondeos, Vox es, además, la primera fuerza entre los jóvenes. Esta tendencia ha roto los esquemas de Moncloa, que durante años alimentaron las expectativas de Vox como una táctica de vaciamiento electoral del PP. Dentro de esta hoja de ruta, el PSOE se presentaba como alternativa, esa ‘teoría del muro’, el «somos más» que pregonó el presidente del Gobierno la noche electoral de julio de 2023, ya ha comenzado a resquebrajarse. Sánchez ha dejado de ser muro para convertirse en acelerante.
Esta estrategia, que funcionó con éxito también en 2019, cuando se enarboló la ‘foto de Colón’, el hermanamiento de las tres derechas, como acicate electoral o en 2023, cuando se utilizaron los pactos municipales y autonómicos para retener La Moncloa, presentaba ciertas incoherencias retóricas. El PSOE alerta contra el riesgo del advenimiento de la ultraderecha, pero no está dispuesto a hacer nada para evitar que llegue a las instituciones.
Nunca ha ofrecido o prestado sus votos para cerrarle el paso, prefiriendo instrumentalizar los pactos con el PP para debilitar la posición de moderación de Alberto Núñez Feijóo. Dejando la credibilidad a un lado, azuzar la alerta antifascista ya no da resultado porque simple y llanamente Vox ya no da miedo. Se ha convertido en valor refugio, incluso, para algunos votantes de la derecha tradicional.
Cambio de estrategia
En Moncloa evitan verbalizar en público que esta estrategia está agotada, pero como reconocimiento implícito han comenzado a desplegar alternativas para reactivar un temor entre el electorado que le empuje a ir a las urnas. Sánchez ya no solo exhibe su antagonismo a Donald Trump como forma de proyectar su perfil internacional, sino que también ha pasado a utilizarlo en España como cebo electoral.
El presidente del Gobierno ha adquirido cierta notoriedad, no siempre positiva, plantándose ante el presidente de EE.UU. en la última cumbre de la OTAN por el gasto en Defensa, liderando los contactos europeos para los comunicados contra la intervención en Venezuela o negándose a participar en la Junta de Paz impulsada por el presidente estadounidense. Ahora, Sánchez se encuentra con Trump en campaña apelando a la importancia de «desenmascarar a nuestros adversarios políticos».
«Cuando vemos lo que pasa en el mundo, tenemos que preguntarnos si lo queremos para Europa o España»
Desde el Gobierno buscan explotar la división de la opinión pública y la sensibilización que provoca las imágenes que llegan de Mineápolis, donde la guardia migratoria de Trump está reprimiendo a la población y persiguiendo, incluso, a niños pequeños, para este escenario como una prevención de lo que puede llegar a pasar en España si los «lacayos» del presidente de Estados Unidos «llegan a las instituciones de la mano del PP».
«Cuando vemos lo que pasa en el mundo, la pregunta que nos tenemos que hacer es si lo que sucede en el mundo lo queremos para Europa, España o para Aragón. Porque no queremos lo que vemos al otro lado del Atlántico, hay que votar a Pilar Alegría el próximo 8 de febrero«, dijo Sánchez en un acto de campaña en Huesca. El antitrumpismo como argumento de campaña.
En este sentido, el presidente entró al choque este jueves en X contra el dueño de la plataforma, Elon Musk, después de que el multimillonario criticara la regulación masiva de inmigrantes del Ejecutivo español. «Marte puede esperar, la humanidad no», respondió Sánchez a un comentario del magnate en el que distribuían con un «wow» un vídeo crítico con el decreto, subido a la red por el comentarista político y agitador Ian Miles Cheong.
No es la primera vez que el presidente del Gobierno responde a Musk. Ya lo hizo hace cuatro años cuando el empresario aseguró que «España debería construir un gran parque solar» y que con él «podría alimentar a toda Europa». «Ven y verás. Los inversores son bienvenidos en España», le dijo entonces Sánchez. No es tampoco la única alusión a lo que él mismo denomina los «tecno oligarcas» o la «tecnocasta» contra los que llamó a recuperar el control de las redes sociales, utilizando el lema de Trump: «Let’s make social media great again». «Es momento de que abramos los ojos», dijo en el Foro de Davos de 2025.
Sánchez ya parafraseó a Trump para confrontar con los «tecno oligarcas»: «Hagamos que las redes sociales vuelvan a ser grandes»
Como argumento movilizador y como mantra estático. Sánchez se apoya, para no convocar elecciones, en que se ha convertido en una «faro moral» para la maltrecha socialdemocracia y en un muro de contención ante el avance de la «ola reaccionaria». Este argumento solo es válido hasta que se abran las urnas, porque entonces quedaría en evidencia que no ha sido capaz de contener nada.
«Debemos ser muy conscientes de todo lo que hemos logrado y lo que nos queda por hacer. Porque esta década es una década trascendental, no solamente para España, sino también para Europa y para yo decir el conjunto del mundo», señala, advirtiendo del avance de la derecha a nivel mundial. En este sentido, desde el Gobierno cargan contra Vox y exponen la incoherencia de quienes van «muy de gallos», pero que se convierte, en cuanto oye «la voz de su amo» (en referencia a Trump), en un «lacayo de intereses foráneos», en alusión a su nula crítica a la petición del presidente estadounidense de imponer aranceles a España.
