Un informe policial divulgado la semana pasada por autoridades de Las Vegas arroja nueva luz sobre las horas previas y el momento exacto en que Yaimara Leyva-Cadet fue asesinada a puñaladas por su parejael médico cubano José Emilio Galán Preval.
El documento, al que tuvo acceso el medio local KTNVreconstruye la escena desde dentro de la vivienda donde ambos alquilaban una habitación. Allí, frente a otros residentes cubanos, se produjo una discusión aparentemente cotidiana que terminó en violencia extrema.
Según el testimonio de la madre de la casa, Galán Preval y Yaimara se encontraron en la sala cuando él le pidió que preparara arroz. Ella no quiso. Minutos después, el hombre se alejó brevemente y regresó con un cuchillo. La mujer relató haber visto sangre mientras ocurría el ataque, antes de pedir ayuda a gritos.
El hijo de la familia confirmó que escuchó los pedidos de auxiliar desde su habitación. Al entrar a la sala, encontró a Galán Preval con un cuchillo en la mano y a Yaimara gravemente herida. Entre él y su padre lograron desarmarlo y trataron de socorrerla.
Yaimara fue trasladada de urgencia al Hospital Sunrise, donde falleció poco después debido a las múltiples heridas en la cara y la espalda.
Antes de huir por la puerta trasera de la vivienda, el agresor dejó una frase que hoy pesa como una confesión temprana: “Soy responsable de lo que hice”, según consta en el informe policial. Luego escapó en una camioneta registrada a nombre de la propia víctima.
Horas más tarde, la policía localizó a Galán Preval en una zona desértica al este de Las Vegas, tras recibir una llamada de emergencia en la que el hombre manifestó intenciones de hacerse daño. Finalmente se entregó sin oponer resistencia.
Durante su entrevista con los detectives, Galán Preval afirmó que la relación estaba marcada por celos y conflictos. Dijo que la noche anterior Yaimara le había exigido revisar su teléfono, convencida de que le era infiel.
A la mañana siguiente, tras compartir el desayuno, el hombre tomó un cuchillo de la cocina y la atacó, asegurando que “perdió el control de sus emociones”.
El informe también confirma que ambos habían llegado juntos a Estados Unidos desde Cuba y que compartían una situación migratoria similar, lejos de sus familias y redes de apoyo.
Mientras en Las Vegas el proceso judicial avanza y el acusado permanece sin derecho a fianza, en Cuba el dolor sigue intacto. Familiares y amigos de Yaimara han descrito su muerte como una herida imposible de cerrar. “Era una persona muy querida, todo el mundo la quería”, dijo desde la isla una amiga cercana a Telemundo Las Vegas.
Desde el otro lado del duelo, una prima del acusado también habló del impacto devastador para ambas familias. “Es un dolor inconmensurable lo que sentimos. Hay una fallecida por medio y de él no se esperaba algo así”, expresó entre lágrimas, reconociendo que el sufrimiento alcanza a todos.
Yaimara, según quienes la conocieron, era profesional de la salud, había trabajado en Cuba y soñaba con rehacer su vida lejos de la isla. Hoy su nombre queda marcado no solo por la violencia que la arrebató, sino por el vacío que dejó en dos familias cubanas separadas por el mar y unidas por la tragedia.
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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.
