Como el bartleby de Herman Melville, también los galeristas preferirían no hacerlo, pero entre el 2 y el 6 de febrero bajarán la persiana e irán a la huelga. Lo nunca visto. Por lo menos desde hace 35 años. “Se cierra el mayor museo de España”, advirtió hace unos días el Consorcio de Galerías de Arte Contemporáneo a la hora de anunciar un paro que busca dar visibilidad a la reclamación de una bajada del IVA en la venta de obras de arte para artistas y galerías. “Sumando el espacio expositivo de todas las galerías de Barcelona, tenemos tres veces las dimensiones del MNAC. Y además gratis”, segunda Joan Antón Maragall, director y propietario de la historica Sala Pares y uno de los galeristas que analizan en EL PERIÓDICO los porqués de esta huelga y el momento que atraviesa el sector. “Resistimos, y con eso lo digo todo”, avanza Maragall, al frente de un espacio que, fundado en 1877, si de algo sabe es de supervivencia y resistencia.
Pero vayamos por partes. Como ya hicieron en 1991, único precedente de tan atípico cerrojazo, los galeristas españoles han convocado una semana de huelga para reclamar, más bien implorar, que el Gobierno rebaje el IVA que grava la compraventa de obras de arte, actualmente del 21%, y lo equipare a los tipos reducidos de los que se benefician casi todos los europeos, en los que los procesamientos oscilan entre el 5 y el 8%. “El IVA del 21% convierte cada operación en un obstáculo y cada venta en un milagro”, lamenta Laura González, directora de la barcelonesa habitación chiquita, en marcha desde 2018.
Para que existan artistas del futuro tiene que haber galerías que apuesten por ellos”
“Ahora mismo en Europa tenemos el IVA más alto de toda Europa, y eso es un problema. No podemos competir, y es algo que también afecta a las instituciones, porque si el Ministerio de Cultura o el IVAM compran en ARCO o en la feria que sea, lo harán más barato si hay un IVA más bajo. Al final, se están tirando piedras contra su propio tejado. Si alguien quiere comprar un Plensa, le sale más a cuenta ir a una galería de París que a una de Barcelona”, añade Quico Peinado, coordinador de la galería Ángeles Barcelona y director de ArteBarcelona, asociación que reúne a una treintena de galerías, esencialmente de arte contemporáneo, de la capital catalana. “No haría falta ni hacer huelga, bastaría con mirar lo que ocurre a nuestro alrededor, en toda Europa. Al final lo que está en peligro es el ecosistema de las artes visuales”, sentencia Joana Roda, cofundadora y codirectora de Bombon Projects, uno de los reclamos del nuevo eje de la calle Trafalgar.
Comercios culturales “por vocación”
No parece casual (no lo es, de hecho) que la huelga llegue justo un mes antes de ARCO, la feria de arte contemporáneo más importante del país. Tampoco que una de las medidas de presión adoptadas por las galerías sea “el cese de toda colaboración gratuita con instituciones públicas y privadas de España durante un período de tres meses”. Adiós, pues, a la localización de coleccionistas para préstamos, la búsqueda en archivo, la entrega de material gráfico o el asesoramiento para el montaje. “Un museo tiene unas personas que cobran un dinero para hacer ese trabajo, pero nosotros lo hacemos gratis”, explica Peinado.
En paralelo, la necesidad cada vez más acuciante de reivindicarse como pieza clave en la cadena de producción artística. “Tenemos que comunicar bien lo que hacemos para que la gente entienda que no somos lujo; somos las grandes productoras, las que acompañamos a los artistas. Para que existan artistas de futuro tiene que haber galerías que apuesten por ellos”, reflexiona el director de ArtBarcelona. “Somos comercios culturales por vocación. Si alguien piensa que estamos en esto para hacernos ricos, está muy equivocado.“, remata Maragall. Como muestra, ‘Figuraciones entre guerras 1914-1945’, exposición con obras de Olga Sacharoff, Le Corbusier, Joaquín Torres-García y Juan Gris que acaba de inaugurar la Sala Parés y que supera con creces lo puramente comercial. “El arte no es un bien de lujo; es un bien cultural, un motor económico y una red de trabajo que sostiene muchos perfiles profesionales”, defiende Laura González desde Chiquita Room.
Somos uno de los pocos espacios culturales gratuitos que hay y, sin embargo, la gente no se atreve a entrar”
Otra cosa es que, aún hoy, siga siendo más fácil perderse en cualquier museo del centro de la ciudad que se atreva a cruzar el umbral de una galería de arte. María Costafreda, directora fundadora y comisaria de Fuga, recuerda que hace un par de años el lema del Fin de semana de galería en Barcelona Fue, precisamente, perder el miedo a adentrarse en galerías como la suya, en la que se pueden ver actualmente maquetas, dibujos e imágenes fotográficas del venezolano Iván Candeo. ¿Se ha conseguido? No del todo. “Las inauguraciones funcionan muy bien, pero luego a lo mejor hay días que solo entran dos personas. Somos uno de los pocos espacios culturales gratuitos que hay y, sin embargo, la gente no se atreve a entrar”deslizarse.
Cambio de guardia en Barcelona
En Barcelona, coinciden algunos de los galeristas, la huelga llega en un momento de cierto “hartazgos” y justo cuando la ciudad se está reorganizando en nuevos focos artísticos, lejos del poso histórico del centro y los alquileres por las nubes de la zona de influencia de Consell de Cent. Ahí sigue la galería Mayoral, referente de las vanguardias y el arte de posguerra que en 2023 estrenó una nueva sede anexa a la original dedicada al arte más actual, y Hace menos de un año aterrizó a pocos metros SELTZ de Ritter Ferrer, pero también el año pasado echaron el cierre dos históricos como la Sala Dalmau y Eude.
“Evidentemente, el eje se ha movido, propuestas de toda la vida han dado paso a otras nuevas, y está bien que haya relevo. Ahora tenemos un eje galerístico con espacios de entre 2 y 15 años”, apunta Costafreda. Se refiere la galerista de Fuga al peso creciente en el mapa galerístico de la calle Trafalgar, donde llegó hace un par de años para sumarse a una ‘familia’ artística formada por Senda, Prats Nogueras Blanchard, Pigment Gallery, Bombon Projects, Miguel Marcos, LAB 36, Dilalica, Artur Ramon Art y Galería de Arte Taché, entre otros. “El precio de los alquileres en el centro ha obligado a muchos espacios a mudarse a la calle Trafalgar y L’Hospitalet y se están creando nuevos hubs culturales”, sentencia Maragall.
“El sector está vivo. Cierran algunas galerías por jubilación y se abren otrasseguramente no tantas como nos gustaría, pero se van renovando. Consell de Cent es ahora una calle más amable, y está muy bien, pero seguramente es más amable para el sector de la hostelería. Lo que hace falta es sensibilidad para entender que la cultura es importante”, diagnostica Peinado. Algo menos optimista se muestra Costafreda horas antes de poner rumbo a la Semana del Arte de Ciudad de México. “A las galerías nos está costando, llegamos un poco quemadas. Pese a que hay mucha oferta cultural, hay cierto abatimiento sobre el arte contemporáneo. Se compra mucho segundo mercado, mucho valor seguro como Tàpies, Miró y Picasso, pero sigue siendo muy necesario apoyar y proyectar a los artistas emergentes”, constata.
Salir de las crisis
“Es un año complicado y poco boyante, porque en momentos convulsos como este es lo último en lo que se piensa. Comprar arte está muy condicionado a tener al resto de necesidades cubiertas. La gente se queda muchas veces con las cifras exorbitantes que se pueden pagar en ARCOpero detrás de eso hay mucho trabajo que no trasciende”, añade Roda, a quien la apertura de un nuevo espacio Bombon en Madrid (bomboncrisis, más un “experimento” que una segunda sede) también permite comparar. “Es diferente. Está en el centro institucional y se mueve más dinero. También da la sensación de que el coleccionista privado está más acostumbrado a enseñar su colección, y eso hace que lo que pasa aquí parezca más cerrado. Pero es una sensación que luego no sé si se traduce en más o menos dinero”, explica.
Tampoco ayuda, señala Joan Anton Maragall, que el mercado del arte llevar estancado desde hace casi dos décadas. “No es un momento para ser pesimistas, pero hay que tener en cuenta que operamos en un mercado que, a nivel global, está estancado desde 2007. No es algo solo de España o Catalunya: las crisis de 2008 y 2021 afectarán mucho y está costando recuperarse”, detalla el responsable de la Sala Parés, una de las más antiguas de Europa. “No soy muy optimista, pero no quiero perder la esperanza. Ves como está el mundo y entiendes que nadie se preocupe por el arte, pero al mismo tiempo es más necesario que nunca”, zanja González.
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