‘Verbo Encendido Comprender’ es la nueva línea de programación de La Casa Encendida, con propuestas que interpelan –según se anuncia– a «algunas de las cuestiones más acuciantes de la sociedad contemporánea».
En este marco se presenta el trabajo de la residente iraní … es Australia Hoda Afshar (1983), mediante una exposición que pone de manifiesto una disonancia entre el discurso del programa y el objeto de la muestra: lejos de abordar conflictos hoy en curso, como los que atraviesan su país natal, su investigación se orienta hacia el cuestionamiento de la práctica de la psiquiatra francesa. Gaëtan Gatian de Clérambault (1872-1934) y, en particular, de su archivo de fotos de mujeres islámicas veladas, tomadas en Marruecos, en las que se ofrece una descripción minuciosa de los tejidos.
La pieza central es un vídeo que se abre con una animación digital que recrea el momento en que Clérambault, ya casi ciego, se suicidó frente a un espejo, y continúa con una serie de entrevistas a distintos especialistas (psiquiatras forenses, académicos y teóricos), desarrolladas en un decorado inspirado en el laberinto de espejos de ‘Sed de mal’ de Orson Welles, subrayando así la proliferación de distorsiones en la construcción del relato histórico. La acusación dirigida al psiquiatra francés, sin embargo, resulta prístina: su modo de representar la otredad es intrínsecamente violento y colonizador.
La crítica más severa
Entre las distintas voces, la crítica más severa está formulada por los únicos dos varones del conjunto, que, además –y como Clérambault–, son blancos y occidentales: discuten la hipótesis de un insaciable fetichismo del francés por los tejidos de las vestimentas femeninas del Magreb, al tiempo que califican su producción fotográfica como «perversa e indecente». Para sostener este análisis, se apoyan en un aparato teórico que remite a Freud, Lacan, Foucault o Deleuze, con el que aspiran a desmontar críticamente la mirada de Clérambault.
En las imágenes, las propuestas para ‘Generaciones’ de Víctor Santamarina, Maya Pita-Romero y Élan de Orphium
Esta operación no está exenta de paradoja, Pues la deconstrucción se realiza desde la misma tradición intelectual que lo producido, lo que reactiva una de las cuestiones más polémicas del pensamiento poscolonial: hasta qué punto los discursos emancipadores de Occidente consiguen sustraerse a la reproducción del sujeto occidental como instancia privilegiada de enunciación y si esa crítica no corre el riesgo de convertirse en una forma sofisticada de administrar –más que de desactivar– el legado colonial. Un debate interesante, aunque no «acuciante».
La segunda exposición llega tras las celebraciones por el cuarto de siglo de ‘Generaciones’, la convocatoria destinada a artistas menores de 35 años que organiza la Fundación Montemadrid. En su edición de 2026, como novedad, se reduce el número de premiados de ocho a seis, lo que se traduce en un montaje más liviano, y la dotación a 12.000 euros por proyecto.
Frente a entregas anteriores, se reconoce con mayor claridad un cierto hilo conductor –prácticas centradas en el proceso, transdisciplinares y situadas– que encuentra en la propuesta de Víctor Santamarina (Madrid, 1990) una de sus formulaciones más lúcidas: una instalación compuesta por estructuras verticales elaboradas con cera reutilizada, destinadas a colapsar ya abrirse a Múltiples e inesperadas posibilidades expresivas a lo largo del período expositivo.
Húmedos circunloquios
La idea de mutabilidad aparece también en la orina congelada de Élan d’Orphium (1992), que recupera una poética de la micción con amplia presencia en el arte, pero la despoja de su irreverencia para investirla de gravedad, en un desplazamiento discursivo que pretende convertir la ’boutade’ escatológica en acto político articulado mediante circunloquios ‘queer’: la lluvia dorada como «tecnología de comunidad» destinada a «descentralizar las formas de hacer el amor».
Entre ambos extremos de coherencia formal y discursiva se sitúan la exploración de la ‘logopedia trans’ de Hodei Herreros (1997), las marcas de agua positivas de Claudia Pagès (1990) o el inquietante túnel-refugio de Maya Pita Romero (1999). También las intervenciones espaciales de Víctor Ruiz Colomer (1993), cuya conceptualización, sintetizada en la cartela, acusa un hermetismo poco hospitalario para el espectador.
Arranca la temporada 2026 en LCE
Hoda Afshar. ‘El pliegue’. Hasta el 26 de abril. Dos estrellas.
‘Generación 2026’. Colectiva. Hasta el 19 de abril. Dos estrellas.
Marlon de Azambuja. ‘Fundación’. Comisario: Bruno Leitão. Hasta el 27 de septiembre.
La Casa Encendida. Madrid. ronda de valencia, 2
Esta poética de lo procesual alcanza igualmente la instalación escultórica que Marlon de Azambuja (1978) ha concebido para uno de los torreones. Aquí, el suelo se pliega y replica para convertirse en un territorio vivo que propone al espectador implicarse esencialmente. Poco más puede decirse de una propuesta tan abierta, que será activada mediante intervenciones, encuentros y conversaciones con otros artistas, cuyos registros se incorporarán al espacio del.
