El Festival de Sundance celebró su última edición en Park City antes de mudarse a Boulder, Colorado. Lo hacía con la presión de despedirse de su lugar emblemático —tras la muerte de Robert Redford— encontrando la nueva joya indie de la que se hablará el resto del año. La jugada les sale bien desde hace mucho. De aquí salimos coda, Minari oh, sin ir más lejos el año pasado, entrenar sueños, que ha acabado siendo una de las grandes sorpresas en las pasadas nominaciones a los Oscar.
Sundance es, indudablemente, una plataforma de lanzamiento para ese cine realmente ajeno a los grandes estudios. Muchas de las películas que luego arrasan llegan, de hecho, sin distribución al certamen, y es ahí donde encuentran quien las estrene. Es allí donde se celebran pujas como la que este año ha llevado a pagar a A24, el estudio de moda, 12 millones de dólares por la invitacionel remake de Sentimental, la película de Cesc Gay —que a su vez adaptó su propia obra de teatro, Los vecinos de arriba—, que en su versión de EEUU tiene a Olivia Wilde como directora y protagonista de un reparto que completan Penélope Cruz, Edward Norton y Seth Rogen.
