Hay lugares que no necesitan presentación, y la Capilla Sixtina, escenario de casi todos los cónclaves desde el mismo año del descubrimiento de América, es sin duda uno de ellos. Desde hace siglos, los frescos del Juicio Final realizados por Miguel Ángel entre 1536 … y 1541 recuerdan a los cardenales que Dios les pedirá cuentas del nombre que escribirán en la papeleta. Aprovechando que el nuevo Pontificado está dando sus primeros pasos y no hay ningún cónclave en el horizonte, el Vaticano ha decidido recubrirlos con una lona durante al menos tres meses para emprender una «limpieza extraordinaria».
La obra maestra queda durante doce semanas en manos de Paolo Violinijefe restaurador del Laboratorio de Restauración de Pinturas y Materiales Lignosos de los Museos Vaticanos. «Se ha hecho necesaria esta operación de limpieza a causa de la presencia de una veladura blanquecina generalizada (en los frescos), producida por el depósito de micropartículas de sustancias extrañas transportadas por los movimientos del aire, que con el tiempo han atenuado los contrastes claroscuros y uniformado los colores originales del fresco».
«El Juicio Final es un icono universal con el que a menudo se identifican los Museos Vaticanos»
Son los mismos que dejó Miguel Ángel, quien «comenzó a pintar la escena en el verano de 1536 y terminó en el otoño de 1541», según recuerda Fabrizio Biferali, conservador del Departamento de Arte de los siglos XV-XVI. Ocupan unos 180 metros cuadrados y tienen 391 figuras. Cuentan las crónicas que cuando el Papa Pablo III los vio por primera vez la tarde del 31 de octubre de 1541, cayó de rodillas conmovido. También Giorgio Vasari escribió que la obra «llenó de asombro y maravilla» a toda Roma. Y esto, naturalmente, sigue ocurriendo.
«El Juicio Final es un icono universal con el que a menudo se identifican los Museos Vaticanos», explicó la directora de los Museos Vaticanos, Bárbara Jattadías antes del cónclave. «Produce una atracción magnética sobre cualquiera que entre en la Capilla Sixtina. Su poder visual, la composición en forma de vórtice en un espacio sin partituras ni paisaje y sobre un fondo de azul lapislázuli, cautiva e intimida», añadió. «Quien lo contempla tiene la impresión de que no hay una pared, pues la mirada se abre hacia un espacio infinito hecho de aire gelido y azul», describió poéticamente Jatta.
Andamios y una lona gigante
Aunque durante las operaciones de limpieza especial no se cerrará al público la Capilla Sixtina, ya este lunes, los turistas que entraron se toparon con unos andamios que recubren los frescos. Sobre ellos se extenderá una lona con una reproducción en alta definición de la obra de Miguel Ángel. Tras esta lona gigante, el equipo de restauradores va a ejercer el oficio del «mundator», figura profesional que existe en el Vaticano desde el año 1543 cuando el Papa Pablo III designó a los responsables de desempolvar regularmente este exacto lugar. Armados con batas blancas, se pondrán esta misma semana manos a la obra.
Aún se recuerda la gran restauración de estos frescos, que duró 19 años, entre 1980 y 1999. Para restaurar los frescos del Juicio Final, Carlo Pietrangelientonces director del Laboratorio de Restauración de Pinturas, trabajó cinco años, el mismo tiempo que tardó Miguel Ángel en pintarlos. El resultado fue impactante, pues desarrolló el contraste cromático original y la fuerza expresiva del color, que era casi el personaje más importante de esta escena.
Los Museos Vaticanos informaron este lunes que «en continuidad con esa intervención de Colalucci, que supuso un punto de inflexión en la comprensión de la paleta de Miguel Ángel, en los años siguientes las pinturas de la Capilla Sixtina han sido objeto de constantes actividades de investigación y supervisión por parte de los Museos, necesarias para evaluar su estado de conservación en relación con la elevada afluencia diaria de visitantes». Durante estos años, periódicamente, varias veces al año, los técnicos se ponían manos a la obra por la noche, cuando cerraba el museo, y con pequeñas grúas móviles limpiaban a mano las paredes. Paolo Violini explica que se excluye de esta operación el Juicio Final, sobre la que intervienen ahora.
Los técnicos calculan que necesitarán algo más de tres meses para completar la limpieza.
La «limpieza extraordinaria» ha sido pagada por la organización «Patrons of the Arts in the Vatican Museums» de Florida (EE.UU.) y los técnicos calculan que necesitarán algo más de tres meses para completarla, si no hay sorpresas. Su propósito es que «recupere la calidad cromática y lumínica deseada por Miguel Ángel, devolviendo plenamente la complejidad formal y expresiva de la obra y renovando, tras unos treinta años, el asombro que acompañó la conclusión de la gran restauración del siglo XX». En mayo veremos el resultado.
