Diecisiete días después del trágico accidente de Adamuz y dos menos del de Gelida, el caos se ha apoderado de la circulación ferroviaria en España. Hemos vuelto hace 40 años. Sin conexiones con Andalucía y con Catalunya convertida casi en una isla: trayectos de cinco a siete horas para ir a Madrid, la movilidad interna trinchada por tren y por carretera, mercancías atrapadas… Y lo peor de todo: ‘sine die’. Nadie se atreve a pronosticar cuándo acabará un suplicio que ya perjudica a la economía y que hace tiempo que ha colmado la paciencia de los sufridos usuarios. En medio de este panorama, el ministro Óscar Puente, que saca pecho por dar la cara, nos recuerda que el PP nunca invirtió lo suficiente y que esto “no se arregla en dos días”. De acuerdo, no en dos días, pero ¿en cuántos?
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