Las obras de Aurèlia Muñoz tienen ay, las de Sonia Navarro están apegadas al suelo. Es el tránsito celeste y terrestre de una idea compartida que enfoca su mirada hacia puntos distintos. Aurèlia buscó lo místico; Sonia, la posibilidad e imposibilidad de movimiento. … Aurelia buceó en el ‘Tapiz de la Creación’ de la Catedral de Gerona.
Sonia lo hizo en la otra Sonia, Delaunay, que en un fascinante giro temporal está a mitad de camino entre ella y Aurèlia. Ambas miran a la artesanía y renuncian a la industria, hacen de la materia un campo de investigación y de reivindicación de sus propias tradiciones, las dos fijan posiciones fortísimas como los pilares que sostiene Venecia. Al igual que estos están sumergidos pese a su importancia, la obra de Aurèlia fue casi invisible en España durante décadas. El camino de Sonia transcurre cronológicamente durante la segunda parte de la vida de Aurèlia, cuyo centenario se cumple este año.
Es la mágica sucesión de un universo de formas.
Vasari lanzó dos maldiciones en 1550. La primera es que solo llegó a ser grandes la pintura, la escultura y la arquitectura, junto al dibujo, padre de las tres. La segunda es que solo lo progresivo sería importante, no teniendo parte en este juego la artesanía, por supuesto. Sobre estas dos guías ha transcurrido la Historia del Arte que él inventó, una narración lineal, sucesiva y sin mujeres que tiene el cálido aroma del alcanfor de los armarios cerrados.
La premisa es mala.
Aunque este hecho ya ha sido suficientemente transitado, deberíamos volver a estudiar la Historia del Arte desde lo que ha pasado en las dos últimas décadas para entender que la premisa estaba mal, pero era la idea de un tiempo concreto, ya remoto.
Solo la idea del dibujo como origen de todo nos permite enlazar esa rancia idea de Historia del Arte con Aurèlia y Sonia. El libro en la primera como objeto casi escultórico, el papel que nuevamente vuela, como soporte y pretexto, mientras Sonia construye desde el dibujo todo, remitiéndose al patronaje que, nuevamente, venta de la gran Historia del Arte para buscar el origen de una revolución no prevista.
Aurèlia Muñoz en una imagen de archivo
Si repasamos la Historia de la Pintura en su idea esencialmente progresiva, las revoluciones en el último siglo han sido pocas, espaciadas y, con frecuencia, leves. Sin que nadie lo preveyese, fue la artesanía esa gran revolución anhelada. Hoy el textil puebla ferias y bienales, y entra en los museos casi con urgencia. En 2001, Sonia Navarro arrancaba su primer ARCO con una portada de ABC Cultural. Era un maniquí que anticipaba lo que ha venido después. En un tiempo en el que la cerámica estaba prohibida por los estatutos de la feria, este suplemento apostaba por un textil que continuaba la senda empezada por Aurèlia Muñoz medio siglo antes.
Es tanto lo que las une como lo que las separa, pero ambas son parte de una gran respuesta a aquella vieja Historia del Arte que hoy es, en sí, un objeto de museo. Son la línea subterránea que aflora desde posiciones marginales convirtiéndose en central y necesaria. La trama, la hurdimbre, el macramé son la belleza del desconcierto, de lo inesperado, de la mujer central, de la necesidad de piel y de movimiento, de espiritualidad y de mundo.
