El primer largometraje de Hasan Hadi, ‘La tarta del presidente’, también es primero en varios otros sentidos. Fue la primera película iraquí de la historia en presentarse en el Festival de Cannes y, en consecuencia, la primera en ser premiada allí -ganó la Cámara de Oro a la mejor ópera prima y un premio del público-, antes de convertirse meses después en la primera en colarse en una ‘shortlist’ de los Oscar. Asimismo, es la segunda producción de esa nacionalidad en estrenarse comercialmente en España… pero a ver quién se acuerda de cuál fue la primera. “Iraq está en proceso de crear su propia identidad cinematográfica, y los premios internacionales obtenidos por mi película supusieron un paso de gigante en ese sentido”, explica Hadi. “Pero aún queda mucho por hacer. Lo habitual es que pasen tres o cuatro años sin que se estrene cine en mi paísporque el Estado no ofrece ningún apoyo financiero a su creación”. En parte, el atraso cultural del que habla Hadi debe atribuirse al contexto histórico y político que su película retrata.
‘La tarta del presidente’ evoca las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y el Reino Unido contra el régimen de Saddam Hussein en los años 90que provocaron una inflación y un desempleo colosales, y las utiliza como telón de fondo de una historia llena de tragedia y de comedia -y trufada con toques de realismo mágico- sobre la infancia enfrentada al colapso social. Más concretamente, la película contempla una una niña de 9 años que, acompañada de un amigo y del gallo que tiene por mascota, se embarca en una odisea a través de Bagdad en busca del azúcar, la harina y los huevos. -ingredientes casi imposibles de conseguir una causa de la escasez provocada por el castigo internacional- necesarios para preparar el pastel que su maestro le ha encargado en conmemoración del cumpleaños del dictador.
Para Hadi, se trata de una historia profundamente personal. “Nunca tuve que preparar la tarta del presidente, aunque una vez me tocó llevar flores en su honor al colegio. Tuve un amigo que sí fue elegido una vez para cocinarla, pero no lo logró y fue expulsado de la escuela”. Los niños, recuerda, casi nunca llegaban a probar aquel pastel. “Normalmente el profesor se lo llevaba a casa para su familia”, añade. “Que yo recuerde, no probé una tarta hasta que fui adolescente. A veces, eso sí, me pasaba horas contemplando los dulces expuestos en los escaparates de las pastelerías”.
Los encuentros que los niños experimentan en su camino representan lo mejor y lo peor de la humanidad: un cartero de buen corazón que gestiona las cartas dirigidas a Saddam; un soldado que quedó ciego a causa de un misil estadounidense y se dispone a casarse con una novia a la que nunca ha visto; un comerciante pederasta que intenta engañar a la niña con el fin de abusar de ella. Hadi traza un retrato amargo, aunque en ningún momento deprimente, de un lugar sumido en la desconfianza, la amoralidad y el oportunismo. “He poner querido el foco en la gente corriente de mi país”, asegura el director. “En los 90, lo único de Iraq que sabía la gente de Occidente eran las cifras de muertos que aparecían en las noticias, y en las que no se reflejaban los nombres ni los sueños y ambiciones de las personas olvidadas tras esos números. Mi película trata de darles voz”.
Un fotograma de la película ‘La tarta del presidente’. / EPC
En la mayoría de sus escenas, ‘La tarta del presidente’ muestra al menos un retrato de Saddam colgado de alguna pared, demostrando así el culto a la personalidad que el tirano construyó en torno a sí mismo. “Cuando fue destruido en 2003, había más estatuas y retratos suyos que gente en el país”, calcula Hadi. “Logró en gran medida hacer creer a la población que estaba en todas partes, que podía oírlo todo”. En cualquier caso, la película deja claro que la megalomanía de Hussein no fue más dañina que la indiferencia de Occidente hacia la población civil iraquí. “Durante los años de las sanciones, a causa de la escasez de alimentos y medicamentos, murieron entre medio millón y un millón de niños”.
Por entonces, prosigue, la corrupción también se convirtió en un mal endémico. “En los años 80 el salario medio de un maestro de escuela era de 800 dólares mensuales, pero tras las sanciones pasaron a ser de 5 dólares, que en aquel momento no alcanzaban ni para comprar una docena de huevos. Los profesores hacían mal su trabajo en los colegios para obligar a que los alumnos les pagaran clases particulares, ya su vez los padres se veían forzados a recurrir a sobornos y otras corruptelas para pagar esas clases. La gente acababa vendiendo todo lo que tenía solo para sobrevivir. Toda la sociedad se vio engullida en un círculo vicioso”.
En los 90, a Irak se le prohibió importar películas del extranjero para evitar que Saddam utilizara el componente químico del celuloide para fabricar armas químicas.
Hadi cree que los males actuales que azotan Iraq -el analfabetismo, un sistema sanitario deficiente y una industria inexistente, entre ellos- tienen su origen en aquellos años. “Las sanciones fueron más dañinas para nosotros que la invasión estadounidense”sentencia. “Las sanciones nunca sirven para derrocar dictadores, ya cambio destruyen el tejido moral y social, la ética de la sociedad y de los individuos que las sufren; restaurar todo eso requiere décadas y décadas de educación y progreso. Necesitamos encontrar herramientas más eficaces de persuasión política”.
En aquella época, recuerda el director, A Irak se le prohibió importar películas del extranjero para evitar que Saddam utilizara el componente químico del celuloide para fabricar armas químicas. “Y ver cine era algo ilegal en general. Yo me hice cinéfilo gracias a las cintas de VHS de contrabando que circulaban a mi alrededor; veía todo lo que caía en mis manos, ya fuera una fantasía de Godzilla o un drama de Andréi Tarkovski”. Lo hacía en el pequeño televisor del salón de su casa, cuando sus padres se iban a dormir. “Me gustaría poder decir que mi amor por las películas nació frente a una pantalla grande, pero entonces todos los cines estaban cerrados. Supongo que el hecho de que surgiera a pesar de todo, y que me diera la fuerza para convertirme en cineasta pese a todos los obstáculos, demuestra que a veces es cierto que las limitaciones avivan la creatividad”.
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