Cuando precio de ricardo (Nueva York, 1949) se mudó a Harlem hace casi 20 años, su cabeza de escritor empezó a fantasear con una novela-río, un gran fresco urbano ambientado en el barrio en el que acababa de instalarse con su mujer y que al final se ha demorado un poco más de lo previsto. “Firmé el contrato para escribir esto hace 17 años; si fuera un bebé, ahora estaría solicitando ingreso a la universidad”, ironizaba el escritor y guionista a cuenta de ‘Lázaro resucitado’ (Random House), novela que rompe un largo barbecho narrativo y devuelve al autor de ‘Clockers’ y ‘The Wanderers’ -amén de mago de los diálogos en ‘The Wire’- a las grandes ligas de la novela americana. Ni siquiera ha necesitado ensuciarse demasiado las manos ya que, lejos de los bajos fondos y la sapiencia delincuencial, Price se detiene aquí en el derrumbe de un edificio de viviendas de Harlem para explorar las consecuencias del desastre y los extraños compañeros de viaje, Anthony el renacido incluido, que surgen de los escombros.
‘Lázaro resucitado’ llega casi diez años después de ‘Los impunes’ y tras “un período de gestación desquiciadamente largo”. ¿Cómo es eso?
Me acababa de trasladar a Harlem y quería hacer una historia panorámica como en ‘La vida fácil’, pero no puedes ir a vivir en un sitio y empezar a escribir sobre él como si fueras una guía. Tienes que conocer el lugar, ser parte del lugar, y eso me llevó años. Otra cosa que ralentizó el proceso fue que necesitaba ganar dinero, lo que quiere decir hacer películas y televisión (lo que quiere decir, ampliando un poco más, crear ‘The Night Of’, reencontrarse con David Simon y George Pelecanos en ‘The Deuce’ y adaptar ‘El visitante’, de Stephen King). Al final lo que me dio el tiempo fue la combinación del covid y la huelga de guionistas.
¿Tanto cambia la vida según el código postal en el que uno se encuentre?
En Nueva York te puedes desplazar diez manzanas y vivir en un mundo completamente diferente. Piensa que en Manhattan hay como 10 o 20 ciudades, todas diferentes. Si nos fijamos en el cine, no es lo mismo la Nueva York de Spike Lee que la de Martin Scorsese o de Whit Stillman. Así que, ¿de qué ciudad estamos hablando? Yo necesitaba saber cuál era mi Nueva York en ese momento para poder hablar de ella.
Me encanta ver la televisión, hacerla ya no tanto, porque escribes muchas cosas y las posibilidades de que lleguen a la pantalla son mínimas. “Ser novelista me salva de tener que pensar que mi vida no tiene ningún sentido”.
¿Y cada barrio esconde su propia novela? ‘La vida fácil’, ambientada en el Lower East Side, era un ‘thriller’ policial, mientras que ‘Lázaro resucitado’ es más bien una sinfonía urbana con múltiples voces.
No pienso en términos de cuál es el género adecuado para este barrio en concreto, sino que simplemente me pregunto de qué quiero hablar y qué es lo que me atrae. Si quieres construir algo panorámico, una investigación criminal te da orden, te da una cronología. Es como la brújula. Además, tampoco quiero escribir sobre mí. Ya hice cuatro novelas autorreferenciales antes de los 32 años, así que tenía que salir de ahí. Cuando me trasladé a Harlem, lo que buscaba era deambular entre la gente y confiar en que quirurgise algo. Poco a poco, lo que parece muy pequeño va haciendo metástasis en tu imaginación y va creciendo. Al final es adictivo. No puedes parar.
Richard Price posa en un hotel de Barcelona / Pau Gracia
Debe ser un alivio poder escaparse a 2008, año en el que empieza la novela, y evitarse el mal trago de tener que escribir sobre el presente.
No quiero escribir sobre Trump ni de la actualidad, porque entonces el libro se convierte en algo muy tópico respecto a un momento concreto. Yo quería ir más allá incluso de Obama, cuando Harlem empezaba a gentrificarse y todavía no había tanta corrección política. No tenías que preocuparte por la censura y aún no existía esa idea de que no puedes escribir sobre negros si no eres negro o sobre gays si no eres gay. A partir de 2008 todo esto se acentúa y es cada vez más acusatorio. Yo quería librarme de todo eso, volver a una época en la que simplemente dijeras: ‘ah, vale, esto sale en el periódico’.
Entonces, ¿es más difícil ser escritor ahora?
Es más difícil ser americano. Desde un punto de vista espiritual, yo no vivo en Estados Unidos, vivo en Nueva York, y eso es un país distinto. A Trump le encanta el caos, pero detrás de eso no creo que haya ninguna convicción plena. Siempre habrá algún criminal que sirva de excusa para invadir, qué sé yo, Somalia. Es como un gato juguetón y Estados Unidos, su caja de ovillos de lana.
En este sentido, ¿se parece en algo el derrumbe de un edificio que narra en ‘Lázaro resucitado’ al colapso de un país, de una sociedad?
Yo no pienso en términos de metáforas: el derrumbe de un edificio es el derrumbe de un edificio. Yo quería hablar de Harlem, pero no tenía ni idea de cuál sería la parte central. Me acuerdo, por ejemplo, de cuando hice ‘Clockers’, un libro sobre el crack ambientado en 1992 en Nueva Jersey: acompañando una noche a la policía nos topamos con un crimen un poco extraño que tenía que ver con dos hermanos gemelos. Fue ahí cuando se subió la luz y dije ‘eureka’. En este sentido, el derrumbe fue el catalizador. Vale que todo esto de los gemelos es un poco ‘dickensiano’, pero en aquel momento pensé que estaba bien.
Preferiría que la gente no me conociera, sobre todo, por haber hecho guiones de ‘The Wire'”
En ‘The Deuce’ también aparecieron dos hermanos gemelos como protagonistas.
Bueno, eso fue idea de David Simon. A mí me llamaron porque era el único que conoció el Times Square de los años 70; Era el único que había ido a ver a ‘strippers’ y había estado con proxenetas.
Hablando de David Simon, ¿estás ya harto de ser el tipo de ‘The Wire’?
A ver, me ayudó un montón. Fue algo muy significativo poder colaborar en una serie de la que todo el mundo habla. Otra cosa es llegar aquí y ver que en el libro aparece impreso, encima del título, “por el autor de ‘The Wire'”. ¡Pero si solo hice cinco o seis episodios y tengo un montón de libros! Será que las películas y series tienen más poder de atracción y llegan a mucha más gente. Aun así, preferiría que la gente no me conociera sobre todo por haber hecho guiones de ‘The Wire’.
¿Podría haber seguido siendo novelista sin el dinero de los guiones?
Es que si hubiera tenido dinero no hubiera escrito guiones. Otro problema es que no sé cómo la gente puede escribir cada día. A mí me lleva mucho tiempo, y para mí escribir una novela es como un matrimonio: te vas a pasar años con esa persona, así que mejor que hayas escogido la persona correcta.
En la novela, justo después del derrumbe del edificio, aquello se llena de estafadores y jetas intentando sacar provecho de las desgracias ajenas. Con los escombros aún humeando, el hijo de la funeraria envía rápidamente a su hijo a repartir tarjetas entre los vecinos. ¿Qué nos dice algo así de la sociedad en la que vivimos?
Nos devuelve al hombre de las cavernas. Pero lo importante es que en esta novela no hay una investigación policial, simplemente hay gente normal haciendo su vida y cuyos caminos se cruzan en un momento determinado. Personas que se levantan y consiguen llegar a la noche enteritos.

Richard Price, fotografiado en Barcelona / Pau Gracia / EPC
Por cierto, ¿qué le parece? La trilogía criminal que Colson Whitehead ¿Ha ambientado en Harlem?
He leído los dos primeros y me gusta esa idea de descubrir la vida de los criminales no como una cuestión de vida y muerte, sino simplemente como que la vida continúa.
¿Algún proyecto televisivo en marcha?
Sí, tengo dos pilotos de televisión: uno sobre el libro de un periodista de Los Ángeles sobre una serie de homicidios que tuvieron lugar hace unos 10-15 años, y otro basado en una serie histórica de la BBC, ‘Unforgotten’. Me encanta ver la televisión, hacerla ya no tanto, porque escribes muchas cosas y las posibilidades de que lleguen a la pantalla son mínimas. Ser novelista me salva de tener que pensar que mi vida no tiene ningún sentido.
¿Lleva la cuenta de todos los guiones que han quedado en un cajón?
He escrito muchísimas cosas muy buenas que no han llegado a ningún sitio. El mejor novelista muchas veces es el peor guionista y viceversa, porque es una velocidad distinta, un ritmo diferente. La gente dice cosas y hace cosas. Y ya estás. Es solo la descripción de un estado de ánimo que luego el director va a tirar a la papelera. Un novelista está todo el rato preguntándose dónde demonios está la prosa.
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