“Jo visc sols per a plànyer lo que de mi s’és mort”. Este es el último verso de una de las poesías más estremecedoras que se han escrito jamás en catalán: desolación. Un soneto en versos alejandrinos que forma parte de la segunda sección — Elegías — del primero de los dos únicos poemarios catalanes que nos dio el autor (cabe añadir un volumen de obra completa, que los reúne): Cap al tard (1909). El otro libro, de 1918, se titula Poemas bíblicos (en una de sus piezas, La lengua patriaAlcover reconocía: “A la musa castellana / mos anys millors he donat”). Algunos críticos, como apunta Ignasi Moreta en el excelente apartado Comentaris i aparat crítichan comparado desolación estafa Un olmo secode Antonio Machado, haciendo este último poema deudor del primero, que se publicó tres años antes. Moreta indica las similitudes, pero también las diferencias entre los dos: “el d’Alcover és un poema desolat; el de Machado, vagament esperançat”. Por lo demás, pocas veces se habrá formulado en catalán una reflexión tan honda en el límite escaso de un solo verso, el final de ese magno poema. Acaso podríamos traer una colación el último verso de la segunda elegía de Riba: “ric del que ha donat, i en sa ruïna tan pur”. O tantos otros, por supuesto, de Ausiàs March, el mayor clásico: “cor malastruc, enfastijat de viure” o “amic de plor e desamic de riure”.
Ignasi Moreta (Barcelona, 1980) trabaja con sumo rigor: ya nos lo había demostrado con su escrupulosa dedicación a la obra de Joan Maragall. La edición que presento no solo se propone ofrecer un texto filológicamente seguro, para uso y disfrute de cualquier lector, académico o no, sino que también pretende hacer avanzar la interpretación de cada texto. Por lo tanto, concilia la crítica textual y la hermenéutica (muchas ediciones críticas de las últimas décadas cumplían con la primera, pero desatendían la segunda). Precisamente en este último campo, el barcelonés ha intentado superar la tradicional lectura biografista del poeta mallorquín: “La meva postura a l’hora de llegir los textos vol anar més enllà de la cerca de referentes derivados de la identificación entre autor empíric i veu poètica del text”.
⁄ La revisión de Ignasi Moreta no solo es meticulosa, sino que aspira a hacer avanzar la interpretación del texto
Joan Alcover (Palma, 1854-1926) formó parte fundacional, junto con Miquel Costa i Llobera, del mismo año que él, y Maria Antònia Salvà, de la conocida Escola Mallorquina. Ahora bien, algunos rasgos propios (sobre todo, la escasez de su obra catalana) lo han convertido en una “figura poc evidente”, a juicio del editor crítico. Sin embargo, algunas de sus composiciones nos muestran a un poeta altísimo. Moreta afirma que “la relíquia assoleix cotes de bellesa realment singulars”. El poema, de categoría hímnica, era asimismo uno de los preferidos de Baltasar Porcel, quien, en cierta ocasión, tuvo a bien elogiármelo como uno de los mayores logros en el idioma que él mismo cultivó literariamente: “Trenta anys de ma vida volaren de pressa, / i encara no manca / penjat a la branca / un tros de la corda de l’engronsadora, / com trista penyora, / despulla podrida d’un món esbucat…”. Y del citado desolaciónMoreta dice que es “el sonet mésimpresionant de tota la literatura catalana del segle XX”. ¡No puedo estar más de acuerdo con él! Encontraríamos aún un puñado de poesías memorables, de una hermosa factura, entre las suyas. Yo quisiera destacar col·loqui —como las dos consignadas, también del primer libro—, en que la simbólica Musa mantiene un diálogo con el Poeta. Esta le pregunta si puede ayudarle a recuperar la vida de sus hijos, tan prematuramente segada, y la inspiradora le responde: “La plenitud de vida no comença / ni arriba l’home a sa virilitat / sens que fermenti en l’ànima el llevat / de l’íntima sofrença”.
Pues bien, este poeta desgajado por el dolor ya cuenta con una edición crítica rigurosa de su obra en verso.
