Hubo un tiempo en que el Camino La Hacienda, en Machalí, era solo un camino. Un trayecto asociado a la devoción y las peregrinaciones al Cristo, pero lejos, muy lejos, de ser imaginado como un polo gastronómico y cultural relevante para la región. Nadie lo veía venir. Nadie, excepto Karen Poblete.
Karen es la empresaria que diseñó el Pueblito Gastronómico cuando no había nada. Cuando el circuito no existía y la idea de instalar ahí un proyecto de esta envergadura parecía improbable. Apostó antes que todos, cuando el riesgo era total y las certezas escasas. No llegó cuando el camino ya estaba trazado: lo imaginó y lo construyó.
Su historia no parte desde la comodidad. Parte cuando compra un terreno en Machalí, decide construir y vivir ahí junto a su familia, su marido y sus dos hijosentendiendo que el proyecto no podía levantarse a distancia. El Pueblito no fue pensado como un negocio externo, sino como un espacio habitado, vivido y observado día a día.
Cuando visualiza la oportunidad de desarrollar el Pueblito Gastronómico, Karen se la juega al cien por ciento: vende su casa para financiar el proyecto. En ese proceso, vivió junto a su familia en el segundo piso de lo que hoy es La Haciendauno de los restaurantes del Pueblito, mientras trabajaba incansablemente para levantar no solo un local, sino un conjunto completo. Ahí, entre obra, planificación, crianza y jornadas interminables, comenzó a tomar forma un proyecto que hoy reúne siete restaurantes de distintas propuestasconsolidándose como un polo gastronómico destacado de la región.
Un capítulo fundamental de esta historia es el trabajo conjunto con su hijo. Nicoláschef que hoy reside en Brasil. Al preguntarle cómo fue esa relación laboral, Karen es clara y honesta: en ese proyecto no eran madre e hijo, eran nico y karen. Roles definidos, conversaciones directas y una relación profesional sólida que los convirtió en un equipo potente. Fui testigo de ese proceso: del respeto mutuo, del compromiso y de una forma de trabajo que dejó una huella profunda en el Pueblito.
Pero el Pueblito Gastronómico no se explica solo desde la cocina o el emprendimiento. Desde sus inicios, Karen tuvo un compromiso claro con el territorio, el circuito del Camino La Hacienda y la cultura local. Se vinculó con vecinos, municipios y gestores culturales, entendiendo que un proyecto de esta magnitud debía dialogar con su entorno y aportar al desarrollo del lugar donde se inserta.
Los hitos culturales han sido parte central del proyecto. El folclore, la pintura, la escultura y la artesanía han encontrado en el Pueblito un espacio real de visibilización. El reconocimiento a artistas como Guillermo Ulloa da cuenta de un trabajo constante por poner en valor el talento local. Usar el Pueblito como vitrina para creadores de la zona no es casualidad: es una convicción de que Karen trabaja con orgullo y coherencia.
Aquí no hay inmovilidad ni queja, hay acción, diseño, ejecución. Un ejemplo concreto es la Ruta del Espírituiniciativa que mes a mes convoca a emprendedores los primeros fines de semana, generando comunidad, encuentro y economía local activa. El Pueblito está vivo, en movimiento permanente.
Y lo que viene sigue esa misma lógica. pan y chanchouna fuente de refresco que recupera la memoria de los buenos sándwiches y lo cotidiano bien hecho. Y un bar temático inspirado en The Beatles Searget Peppers, bar de caféque traerá música en vivo y nuevas experiencias culturales al circuito. Proyectos que miran al pasado para seguir construyendo futuro.
Antes de cerrar, le pregunto qué mensaje le daría a quienes sueñan con levantar proyectos propios. Sin duda: paciencia, paciencia y paciencia. Nada resulta a la primera, pero si se logra focalizar el deseo, mezclar las ganas con perseverancia, pasión y una conexión real con lo que se hace, el amor por los proyectos no se pierde.
Y quizás ahí esté la enseñanza mayor. En tiempos donde todo parece exigir resultados inmediatos, Karen Poblete nos recuerda que los proyectos con sentido se construyen lento, se viven en familia y se sostienen con convicción y compromiso territorial. Que a veces un camino es solo un camino… hasta que alguien decida habitarlo, creer en él y transformarlo en un lugar donde la gastronomía, la cultura y la comunidad encuentran su espacio.
