Frente a la reaparición de casos de influenza aviar en Chile, reforzar las medidas de bioseguridad en los predios vuelve a ser una tarea urgente para los productores avícolas. Así lo plantea la Dra. Paula Toro Mujica, académica de la Universidad de O’Higgins, quien advierte que la prevención no solo es clave para proteger la salud y el bienestar de las aves, sino también para resguardar la continuidad productiva y la estabilidad comercial del sector.
“La bioseguridad es la primera barrera real para evitar el ingreso y la diseminación del virus dentro y entre planteles”, explica la investigadora. En ese contexto, subraya que los pequeños y medianos productores deben poner especial atención a básicas, pero decisivas, como impedir el contacto entre aves domésticas y aves silvestres tomando medidas, mantener alimentos y agua protegidos, restringir el ingreso de personas y vehículos, y reforzar la limpieza y desinfección de calzado, equipos e instalaciones.
Entre las principales señales de alerta, el especialista menciona cambios bruscos en el comportamiento normal de las aves, muerte súbita, decaimiento, falta de apetito, problemas respiratorios, diarrea, baja en la postura, huevos con cáscara blanda o deformes, además de insuficiencia de cabeza o cuello y coloración azulada en cresta, barbillas o patas. Ante cualquiera de estos signos, recuerde que la reacción debe ser inmediata y que la notificación oportuna al SAG es fundamental para contener un eventual brote.
La Dra. Toro también advierte que en predios pequeños o de traspatio no se deben cometer errores que aumentan el riesgo de contagio, como dejar el alimento o el agua expuestos al contacto con aves silvestres; permitir el ingreso sin control de visitas, vehículos o implementos contaminados; mezclar aves de distinto origen o incorporar nuevas aves sin observación previa. A ello se suma, en algunos casos, la subestimación de signos clínicos o el retraso en la notificación, factores que pueden facilitar la propagación del virus.
Respecto de las medidas de rápida aplicación, la investigadora enfatiza la importancia de usar ropa exclusiva para atender a las aves, cambiar y desinfectar el calzado al ingresar, evitar el préstamo o intercambio de implementos entre vecinos y no mover fuera del predio aves, huevos, jaulas o equipos ante una sospecha sanitaria. “No basta con aplicar desinfectante si antes no hay limpieza”, señala, destacando que la bioseguridad se sostiene en tres pilares: segregación, limpieza y desinfección.
Bioseguridad, calidad e inocuidad
En esta misma línea, la académica explica que la calidad del huevo no puede separarse de la bioseguridad ni de la inocuidad. Ese enfoque es precisamente parte del trabajo que lidera desde la Universidad de O’Higgins a través del proyecto “Huevos con calidad integral certificada”, iniciativa que busca avanzar hacia un sistema de producción con estándares objetivos y verificables, fortaleciendo atributos como la trazabilidad, la calidad sanitaria y la validación de prácticas productivas. El proyecto contempla análisis de muestras, levantamiento de información en explotaciones avícolas y el uso de tecnología NIRS para respaldar científicamente las características del huevo y su sistema de producción.
De hecho, durante el lanzamiento de esta iniciativa ya se abordan temas como la importancia de la inocuidad y la bioseguridad en la avicultura, incluyendo el contexto sobre influenza aviar y la capacitación en el uso correcto de implementos como pediluvio y desinfección. Para la investigadora, ese trabajo ha permitido constatar que en pequeños y medianos productores existe una gran diversidad de realidades productivas, por lo que fortalecer estándares básicos y adaptados a cada contexto resulta indispensable para avanzar en mayor seguridad sanitaria y confianza del consumidor.
La Dra. Toro agrega que un brote de influenza aviar puede tener consecuencias que van mucho más allá de la enfermedad en las aves. Así, además de provocar mortalidad, caída en la postura o sacrificio sanitario, puede generar restricciones de movimiento, mayores costos, pérdida de mercados y un impacto relevante en la percepción pública. “Prevenir y comunicar bien es tan importante como controlar el brote”, advierte.
Por eso, el llamado es a no esperar. Si un productor detecta aves enfermas o muertas, la recomendación es informar de inmediato al SAG, aislar a las aves afectadas y evitar manipularlas sin protección. La rapidez en esa primera reacción puede marcar la diferencia entre un caso contenido a tiempo y un problema de mayor escalada.
