En Lisboa, las cafeterías y pastelerías tradicionales que acompañaron a generaciones están desapareciendo poco a poco debido al fuerte aumento de los arriendos ya la expansión de negocios orientados al turismo como hostales, franquicias internacionales y locales de comida rápida.
Uno de los casos recientes es el de la pastelería mujiquecerca de la plaza Marqués de Pombalque cerró en diciembre después de funcionar desde los años 80. Durante décadas fue un punto de encuentro para vecinos que llegaban a tomar café, comer un croissant o comprar dulces antes de ir al trabajo.
Tiago, quien trabaja en una ferretería frente al local, recuerda con nostalgia al dueño de la cafetería. Según explicó, el negocio cerró porque los nuevos propietarios del edificio decidieron no renovar el arriendo, pese a que el local mantenía una clientela constante.
A unos quince minutos caminando se encontró la Confitería histórica Vitória, abierta desde 1931. El lugar cerró en octubre y hoy funciona allí una conocida cadena de hamburguesas, que mantuvo parte de la fachada original.
El fenómeno se repite en distintos barrios de la capital portuguesa: cafés de especialidad, restaurantes internacionales y nuevos edificios residenciales están ocupando los espacios donde antes funcionaban cafeterías de barrio.
João, dueño de la pastelería luso americana —cerca de la Plaza de Chile— cree que su negocio, próximo a cumplir un siglo, aún puede sobrevivir, aunque reconoce que el aumento de los costos, está golpeando fuerte al rubro.
“Muchos arrendadores suben los precios y los locatarios simplemente no pueden pagarlos”explica.
el activista vecinal Rui Martins Agrega otro problema: el recambio generacional. Muchos hijos de dueños de cafeterías prefieren seguir sus propias carreras antes de hacerse cargo del negocio familiar, y traspasarlo a los trabajadores es cada vez más difícil debido a los altos costos.
Vecinos buscan salvar lo que queda
Ante esta situación, algunos residentes han decidido organizarse. El movimiento “Vizinhos en Lisboa” creó un mapa que identifica cerca de 900 cafeterías tradicionales que aún siguen abiertas en la ciudad, además de registrar aquellas que han cerrado.
Para el grupo, un café tradicional es aquel donde todavía se puede encontrar el clásico. bollo de arrozun dulce portugués similar a un queque individual que, aunque es muy popular entre los locales, pasa casi desapercibido para los turistas.
martins cree que la desaparición de estos espacios también afecta la identidad de la ciudad. Según dice, muchos visitantes llegan buscando la Lisboa auténtica y terminan encontrando tiendas de souvenirs o comida rápida incluso en los alrededores del histórico Castelo de São Jorge.
Hoy, con menos de dos cafeterías tradicionales por cada mil habitantes, los lisboetas ya no sueñan con que vuelvan a abrir nuevos cafés históricos: su mayor deseo es simplemente que los que quedan dejen de cerrar.
