A solo 19,5 kilómetros de la plaza de Tierra Amarilla, en la Región de Atacama, se encuentra la Quebrada Descubridora, un sitio que guarda un tesoro paleontológico: huellas de dinosaurios que caminaron por allí hace 140 millones de años, cuando el paisaje era húmedo y tropical, muy distinto al desierto actual.
El primer estudio científico del lugar se dio a conocer en 2014, liderado por un equipo en el que participó el paleontólogo David Rubilar. Desde entonces, diversas investigaciones han confirmado que las huellas corresponden a ornitópodos —herbívoros de tres dedos, similares a las aves— y terópodos, grandes carnívoros.
Según la geóloga Catalina Navarro, del Museo Nacional de Historia Natural, los ornitópodos identificados pertenecen al grupo de los hadrosauriformes, cuadrúpedos capaces de correr en dos patas y que alcanzaban entre 5 y 6 metros de largo. Un ejemplo de este tipo es el gonkoken nanoicuyos fósiles fueron hallados en la Región de Magallanes. En cuanto a los terópodos, se piensa que podrían haber sido Abelisaurio oh megaraptor.
El entorno geológico también entrega pistas. En la zona aflora la formación Pabellón, que refleja la transición de ambientes marinos a continentales. Lo que hoy está a decenas de kilómetros de la costa, en el Cretácico Inferior era una playa o laguna costera, donde los dinosaurios dejaron sus huellas en terrenos blandos. Además de las pisadas, el sitio conserva restos de bivalvos, túneles excavados por antiguos crustáceos y estructuras como grietas de desecación y ondulitas, testigos del vaivén de las olas.
“Estudiar las huellas nos permite entender cómo se movían, su tamaño, peso y hasta su comportamiento en grupo”, explica Navarro. El lugar ha sido puesto en valor gracias a los aportes de la minera Carola-Coemin y al trabajo de la empresa de geoturismo Lickanantay, que diseñó un sendero informativo y materiales de divulgación. “Es un recorrido fácil de unos 500 metros, donde se pueden observar cerca de 20 huellas”, comenta el geólogo Badith Muñoz.
La visita puede realizarse en media jornada. Se puede llegar por medios propios, previa coordinación con la minera Carola-Coemin, aunque lo recomendable es contratar un tour guiado para aprovechar mejor la experiencia. El recorrido, de baja dificultad, es apto para niños y adultos mayores y toma entre 30 minutos y una hora. Se aconseja hacerlo en la mañana por la intensidad del sol en la tarde, llevando ropa adecuada y abundante agua.
Este texto fue redactado en base a una publicación de El Mercurio. Imagen: Colectivo en Defensa del Medio Ambiente de Atacama
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