Este jueves 8 de enero, a las 10:00 horas, la comunidad cultural de Rancagua y de la Región de O’Higgins se reunirá en la Capilla Santa María de Valvanera, ubicada en la avenida El Parque -en el límite de Rancagua con Machalí- para dar el último adiós al maestro Nolberto González Hevia. Tras la ceremonia, sus restos serán trasladados hasta el Parque Jardín Las Flores de Machalí.
Será una despedida marcada por el afecto de quienes lo conocieron, por el respeto de toda una comunidad que reconoce en él a uno de los grandes impulsores del canto coral en la región.
El fallecimiento del Maestro Nolberto González fue informado la tarde de este martes 6, noticia que pegó fuerte al ámbito cultural regional y nacional, dejando un vacío difícil de llenar en parroquias, salas de ensayo, escenarios comunitarios y espacios donde el canto coral fue, gracias a él, un punto de encuentro y crecimiento colectivo.
Y es que, para el maestro, la música nunca fue un oficio más. Fue su manera de estar en el mundo y así lo expresaba al definirla como la “savia que alimenta el crecimiento personal”, una convicción que mantuvo durante más de seis décadas de trabajo ininterrumpido.
UN MAESTRO CERCANO
Quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo coinciden en describirlo como un hombre bueno, sencillo y profundamente humano. Simpático, afable, acogedor, cordial, de trato siempre amable y siempre dispuesto a conversar. Nolberto González fue un maestro cercano, de conversación amena y vasta cultura, capaz de enseñar con paciencia y respeto. De profundo bagaje cultural, que enseñaba sin imponer y corregía sin herir.
Fue un director atípico, alejado de los egos y del autoritarismo, fue humilde pese a su enorme talento, generoso hasta el final y convencido de que el conocimiento no se guarda, sino que se comparte y los compartía con generosidad, abriendo sus partituras y su experiencia a quien quisiera aprender. Su mayor satisfacción era ver crecer a otros, convencido de que la música cobra sentido cuando se vive y se transmite en comunidad. Virtuoso en lo musical y cálido en lo humano, formado no solo coros, sino también personas.
UNA VOCACIÓN QUE FUE CAMINO DE VIDA
La relación del maestro con la música comenzó a temprana edad. A los 16 años ejerció la dirección del coro del Seminario Pontificio Mayor, donde permaneció siete años estudiando latín y canto gregoriano, formación que marcaría su disciplina y respeto por el repertorio.
Posteriormente, perfeccionó su formación con maestros de reconocida trayectoria, como Juan Matteucci, director de la Orquesta Filarmónica de Chile, y Peter Richter de Rangenier, en la Universidad de Chile, consolidando una mirada musical rigurosa, pero siempre puesta al servicio del canto colectivo.
Con una trayectoria que se expandió por más de 60 años -63 años de actividad coral ininterrumpida-, Nolberto González recorrió Chile de Arica a Coyhaique, dejando huella en diversas comunidades. En 1962 inició uno de sus primeros éxitos con el Coro Polifónico de Graneros, dando paso a un trabajo constante y silencioso que transformó la vida cultural de muchas localidades.
Entre los pilares de su legado destacan los 22 años al frente del Coro Polifónico Braden de Rancagua, los 18 años ininterrumpidos dirigiendo el Coro Polifónico de Pelequén y la creación de la Coral Cámara Triana, agrupación que dirigió por más de 16 años. También trabajó con coros municipales, institucionales y comunitarios, convencidos de que la música debía estar al alcance de todos.

RECONOCIMIENTO MÁS ALLÁ DE LA REGIÓN
Su trabajo trascendió el ámbito regional. Fue invitado a dirigir y preparar repertorios de música chilena en países como Perú, Argentina, Paraguay, Puerto Rico y España. En 2004, la Pontificia Universidad de Puerto Rico lo convocó para dirigir un programa de autores chilenos en el Museo de Arte de Ponce.
Recibió importantes distinciones, entre ellas el segundo premio en un concurso internacional en Lloret de Mar, España, y la Distinción al Mérito Coral otorgada por la Federación de Coros de Chile en 2019. Más recientemente, Fedecor le rindió un homenaje en Santiago, donde ocho coros interpretaron arreglos de su autoría, reflejo del respeto y cariño que despertó en el mundo coral.
En sus últimos años, ya retirado de la dirección coral, el maestro se dedicó a escribir y ordenar su obra, dejando un valioso patrimonio musical a disposición de la comunidad que hoy puede encontrar en nuestra web ( https://www.elrancaguino.cl/2026/01/06/el-legado-del-maestro-las-obras-ineditas-de-nolberto-gonzalez-hevia/ )Textos como Chile y América Coral, Canta Chile Canta en Coro y Canciones de América y España dan cuenta de su vocación pedagógica y de su convicción de que la música debe compartirse sin barreras.
La partida de Nolberto González Hevia deja un vacío profundo en la cultura regional; sin embargo, su legado permanece vivo en cada coro que entona sus arreglos, en cada director que enseña desde la humildad y en cada cantante que entiende la música como un acto de encuentro y humanidad; y mientras haya alguien dispuesto a cantar con respeto, disciplina y amor por la música, la huella del Maestro seguirá resonando en la memoria colectiva de la región.
