El viernes 3 de noviembre de 1995 no sería un día más para los pobladores de Río Tercerociudad de alrededor de 50 millones de habitantes ubicado en el centro de la provincia de Córdoba. A eso de las 9, sus habitantes amanecieron con la sensación de estar en medio de un campo minado. Municiones de guerra almacenadas en la Fábrica Militar Río Tercero explotaron provocando graves daños en las viviendas, autos y toda la zona urbana ubicada a tan sólo doscientos metros del lugar. Lo peor de todo: más allá de los severos daños materiales, siete personas fallecieron y más de trescientas resultaron heridas.
Si bien en 2014 la justicia comprobó que las explosiones fueron intencionales –aparentemente para encubrir pruebas del contrabando de armas a Ecuador y Croacia durante el gobierno de Carlos Menem– y se condenó a cuatro acusados –exmilitares e ingenieros– aún sobrevuela sobre el caso un manto de impunidad y silencio.
Es por ello que la periodista y docente Fernanda Juarezoriunda de Río Tercero, decidió bucear dentro de aquellas aguas de incomodidad. Así nació su libro Fuego amigo, Las explosiones de 1995 en Río Tercero publicado por Caballo Negro editora.
Éxodo improvisado
En una de las primeras páginas, Juárez narra la “autoevacuación”, el improvisado éxodo que tuvieron que afrontar los pobladores de Río Tercero ante el peligro inminente por la explosión de Fabricaciones Militares.
Enumera una serie de imágenes insólitas: “Una monja escapando en moto a alta velocidad, una mujer aferrada a una caja con fotos familiares, personajes en pijamas circulando por las calles, una familia resguardándose debajo de una persiana que había sido arrancada de cuajo, zapatillas abandonadas en la vía pública con la suela adherida al asfalto caliente”.
El libro está estructurado de una manera interesante que lo vuelve de lectura ágil: entradas breves de una o dos páginas cuyo tono oscila entre el ensayo breve, la crónica, la investigación periodística, la viñeta, o la postal; pinceladas narrativas de una ciudad que se incendia.
Se rompe la temporalidad. No se narra en orden cronológico, generando un no-tiempo. Se cuenta el pasado, el origen de la fábrica militar. Que es también contar la historia de un país. pujante en tiempos del primer peronismo que impulsaba una profunda industrialización que diera paso a un modelo de sustitución de importaciones.
Los datos duros y los testimonios se intercalan con datos de color de la ciudad: la discoteca Hot Point o una nota de revista Gente del año 1973 que destacaba su crecimiento exponencial. También poemas enviados al periódico local luego de las detonaciones.
Así cuenta el comienzo del infierno: “Tras la primera explosión se sucedieron otras. El infierno se desató a partir de ese momento y millas de proyectiles de gran tamaño –enteros o en forma de esquirlas encendidas– cayeron en picada sobre Río Tercero.
Fernanda Juárez es autora de Fuego amiga. Las explosiones de 1995 en Río Tercero. Foto: gentileza.En cuestión de minutos la ciudad quedó bombardeada por todo tipo de objetos de fuego que surcaban el cielo y se estrellaban con fuerza. Se calcula que, en el momento de la explosión, había almacenados en los depósitos de la fábrica militar alrededor de 30 mil proyectiles de guerra que salieron eyectados”.
También el presente que atravesaba a la fábrica, atravesado por el proceso de desmantelamiento del público llevado adelante por el gobierno menemista: “Durante la década de 1990, la mayoría de esos establecimientos estatales para la fabricación de armamento en Argentina fueron desmantelados, cerrados o transferidos a manos privadas y junto con ellos se esfumó el sueño efímero de los argentinos de transformar una economía agrícola y exportadora en otra que tuviera a la industria como motor de crecimiento”.
Se reconstruye en detalle las principales sospechas alrededor de un atentado/conspiración. Otra cosa que aparece es la poca repercusión mediática que ha tenido el caso teniendo en cuenta la gravedad de las explosiones y lo espeso en cuanto a los opacos intereses políticos que atravesaron el hecho. El propio presidente por aquel entonces esquivó a la justicia hasta el último día de su vida.: iba a ser juzgado a multas de febrero de 2018 pero falleció el 14 del mismo mes a la edad de noventa años.
Las víctimas (cuyas biografías y sus muertes se cuentan en el epílogo) ocupan un lugar central. También el testimonio de los supervivientes. En la mayoría de los casos es desesperante al punto tal de que podría extrapolarse al de un herido de una guerra.
Como el de Sandra Colazo, maestra de la escuela primaria Armando Rótulo de barrio Cerino, quien cuenta que escuchaban “cómo se quebraban las puntas de los árboles por las esquirlas que sonaban sobre nuestras cabezas. Los chicos entraron en pánico. Nos separamos en varios grupos e intentamos cruzar el río: recién en ese lugar me tranquilicé un poco y comprendí la situación”.
Así quedó la zona tras la explosión de la Fábrica Militar en Río Tercero. Foto. Archivo Clarín.voces desgarradoras
Otra voz desgarradora es la de Walter Gabriel Nacimbera, trabajador de la Fábrica Militar de Río Tercero quien en 1982 participó con tan sólo 18 años de la guerra de Malvinas. Recuerda: “Mirá cómo es la vida: en Malvinas, en algún momento hasta quise que me mataran los ingleses. Pero en las explosiones de Río Tercero no. Le pedía a Dios que me permitiera vivir por mis chicos.”.
Si bien el caso continúa rodeado de misterios y secretos, hoy, treinta años después, una cosa queda clara luego de la lectura de fuego amigo. No se trató de un “accidente”, como quiso instalar a toda velocidad el presidente Menem por aquel entonces con los cadáveres aún tibios.
Marcha multitudinaria para pedir el esclarecimiento de lo sucedido en 1995 con la explosión del polvorín de fabricaciones militares. Foto: Marcelo Cáceres. El libro termina con preguntas inquietantes que, más allá del notable trabajo documental y reflexivo de su autora, continúa sin respuesta: “¿Qué tipo de sociedad puede olvidar un acto criminal de semejante magnitud? (…) ¿Por qué este acontecimiento apenas es mencionado en las escuelas cuando se enseña la historia reciente de nuestro país? ¿Cómo es que el 3-N no está marcado en rojo en la efeméride argentina? ¿Por qué la desgracia de los riotercerenses no es, al mismo tiempo, una desgracia nacional?
Más allá de toda sentencia, la justicia también puede ser semántica. No da lo mismo qué palabra utilizar para mencionar ciertos hechos. Para la justicia fue un “estrago doloroso seguido de muerte”. Para el colectivo inconsciente se trata de un atentado. O, en palabras de Juárez, como portavoz de su pueblo, el día que vivieron en peligro.
Fuego amigo. Las explosiones de 1995 en Río Tercero, de Fernanda Juárez (Caballo negro)
