Acaba de dar por terminados los nuevos discos de Nil Moliner y Los Rebeldes, y prepara canciones con Alfred García. Se le amontonan los proyectos y cuando llega a casa por la noche se pone su ‘playlist’ de “guitarritas acústicas, limpias y transparentes”, para rebajar el subidón de estímulos. “Es algo casi terapéutico”, explica Roger Rodés, profesional del estudio de grabación, que termina 2025 en su punto más álgido: ahí está ese Grammy obtenido por su labor como ingeniero de sonido en el último álbum de Shakira, ‘Las mujeres ya no lloran’.
La suya ha sido una carrera de fondo desde que, a finales de los 90, se inició en el mundo ‘indie’ con grupos del sello Houston Party (como los estadounidenses The Posies) e integrándose en los proyectos de Gallygows (banda de la que fue guitarrista) y Nubla. Había estudiado ingeniería técnica electrónica e industrial, y lo suyo era “mezclar creación y tecnología”. En 1997 conoció a Manu Guix y ambos montaron su primer estudio, MG 57, que en 2010 dio paso al actual Medusa Estudio BCN, en Sants. Un nombre que funda dos ideas: “La medusa es un animal bonito y peligrosoy su forma es como el símbolo del transistor, elemento básico de la amplificación, una cabeza con tres patas”.
cadena de confianza
¿Cómo se hace para pasar de trabajar con bandas ‘indie’ minoritarias a escalar en el ‘mainstream’? Se trata de un proceso y una cadena de vínculos de confianza. “A través de Nubla conocí a Dani Macaco, con quien acabé componiendo temas. Luego, él hizo ‘Con la mano levantá’ con Estopa, y un tiempo después ellos me llamaron y me convertí en su ingeniero”, relata Rodés. “Más adelante, Josep Bages, que construyó el estudio de Estopa y estaba montando el de Shakira en su casa de Esplugues, me dijo que ella buscaba técnico, y ahí empezó la relación. Todo lo que ha sacado en los últimos cinco o seis años lo he grabado yo”.
La tecnología evoluciona y se desboca, pero algunas cosas importantes siguen dependiendo del vínculo personal y de la reputación propagada boca-oreja. “Y de decir a los artistas lo que piensas”, apunta Rodés. “Me dicen que sé escuchar y confía en mí, y yo no me callo. La primera vez con Shakira, estaba un poco desafinada, y mira que ella afina mucho, pero al terminar me preguntó: ‘¿cómo lo ves?’. Y yo tuve mi dilema, ¿le digo que está fenomenal o qué? Pues le dije: ‘Shakira, está muy guay, pero un pelín bajo de afinación’. Se quedó sorprendida: ‘Ah… A ver, pónmelo otra vez… Sí, sí, gracias, te lo repito’. Ahí se rompió una barrera con ella”.
Lo mismo con David y José Muñoz. “Las grabaciones con Estopa son muy ‘hippies’: no hay productor porque son ellos, y los músicos opinan, y ellos te preguntan qué piensas, y tienes que ser sincero”. En ‘Estopía’, los Muñoz lo acreditaron como ayudante de producción, ya que intervino en decisiones artísticas.
Gramófonos en la saca
el abuela por el álbum de Shakira no es el único en su haber: en 2021 ganó uno de la liga Latin por ‘Calambre’ de Nathy Peluso. Tratándose ambos de premios otorgados a una discoteca, no solo el cantante recibe el gramófono correspondiente, también los productores e ingenieros implicados. Otra ‘estrella’, Mariah Carey, alquiló el estudio Medusa para grabar un tema, ‘In the mix’ (2019), en cuyo vídeo se la puede ver cantando allí con sus dos hijas.
En el selecto club de artistas situados en su órbita de Roger Rodés está también Rosalía, con quien trabajó en ‘Barefoot in the park’ (con James Blake) y en ‘Desspechá’. Hablamos de figuras que están arriba porque son “artistazas con un tarro impresionante”, subraya. “Si alguien piensa que Shakira, Nathy, Rosalía, son floreros, que les hacen las canciones…, no sabe lo que dice”. Recuerda una nota de voz de 16 minutos que Shakira le dejó una noche. “A las dos o las tres de la madrugada: ‘coge mi voz de la toma 32, luego la respiración de la 24…’ Controla completamente. Es una currante”.
Algunas figuras del estudio son hoy estrellas, “como Bizarrap o David Guetta”, pero Roger Rodés prefiere moverse en la sombra. “No me gusta que me paren por la calle. Yo, detrás, disfrutando”. Los Grammy “no dan dinero, pero sí caché”, y por eso podría tal vez plantearse un salto a las Américas. “¿Ir a vivir a Miami oa Los Ángeles? No, ya tengo 50 años. Mi familia, las niñas…” Aunque, ‘beatleiano’ de pro, desliza un sueño (casi) imposible: “trabajar con Paul McCartney”.
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