No es agradable acercarse a la muerte. Aunque es mucho lo que se ha escrito, cantado o rodado sobre ella, el mero hecho de imaginar qué hay más allá suele provocar una reacción evitativa: mirarla pone de manifiesto que el tiempo no es ilimitado y que el control que tenemos sobre el mismo es escaso. Cuando Andrea Gibson, una de las voces principales de la poesía hablada, recibió un diagnóstico de cáncer incurable, todo lo que creía conocer sobre el mundo cambiado por completo. Su lucha ante la también enfermedad se convirtió en una carrera constante frente a un reloj cuyas manecillas empezaron a girar hacia atrás.
Quizás porque somos más felices tratando de no pensar que el tiempo se agota, la experiencia de quien de pronto percibe que hay una cuenta regresiva imposible de frenar se vuelve todavía más compleja. Esa cuenta atrás revolotea de manera constante por Abrázame en la luz —titulado Ven a verme bajo la buena luz en inglés—, un documental que retrata cómo Andrea Gibson afrontó la última etapa de su vida antes de fallecer el pasado 14 de julio a los 49 años. Siendo una de las figuras más reconocidas del golpe estadounidense, la cinta dirigida por Ryan White sigue a Gibson tanto en sus sesiones de composición como en sus tratamientos hospitalarios para reivindicar que darnos cuenta de que somos mortales puede hacernos despertar.
