El 5 de febrero de 1988, hace casi cuatro décadas, el Teatro Español estrenó una producción, dirigida por miguel narrosde ‘La malquerida’, del premio Nobel Jacinto Benavente. En aquel montaje encarnaba a Acacia una joven actriz de tan solo 19 años: … Aitana Sánchez-Gijón. Hoy, convertida en una estrella -tiene hasta un Goya de honor-, la intérprete vuelve al lugar del crimen (en ‘La malquerida’ es literal), esta vez para meterse en la piel de Raimunda.
Pasiones, celos, erotismo, crímenes, fanatismo, honor, violencia… se mezclan en esta tragedia estrenada en el Teatro de la Princesa (actual Teatro María Guerrero), protagonizada precisamente por la legendaria actriz, en 1913, y que ahora vuelve a escena con su título mutilado: ‘Malquerida’. «Por una parte -explica Juan Carlos Rubioautor de la versión-, quitar el artículo hace que englobe muchas más cosas. Además, es una manera de distanciar la versión de este texto, que es un gran texto».
‘La malquerida’ se estrenó con personajes de quince. La versión de Rubio, que dirige Natalia Menéndezha reducido el reparto a ocho actores: Son Aitana Sánchez-Gijón, Juan Carlos Vellido, Lucía Juárez, Goizalde Núñez, José Luis Alcobendas, Dani Pérez Prada, Álex Mola y Antonio Hernández Fimia. La función se estrena este viernes 13 y estará en cartel hasta el próximo 26 de abril».
Se trata, dice Natalia Menéndez, de «un duro retrato de una época, sí, pero sobre todo de la condición, la humana, difícil de doblar ante ciertos impulsos. El deseo, carnal en algunos casos y material en otros, atrapa a nuestros personajes, les ciegas, les paraliza, pero también les alimenta y da sentido a su existencia ya sus inesperadas reacciones. Como autores del siglo XXI, rescatar un clásico de la dimensión de ‘La malquerida’ y favorecer que siga caminando por los escenarios de España es un auténtico reto. Por un lado, respetando toda la grandeza de su escritura y la vigencia de su historia. Por otro, despojándole de los condicionantes con que cada época atrapa a sus creadores».
La exdirectora del Teatro Español tuvo la intención de poner escena en la obra durante su etapa al frente de este coliseo. «No había escuchado nada tan pasional, tan cruel y tan fanático». Su montaje, continúa, se plantea como una tragedia y no como un melodrama, y camina por el realismo poético, el minimalismo y el simbolismo». «’Malquerida’ -sigue Natalia Menéndez- surge como un grito seco y brutal que nos ata sin remedio a nuestra esencia menos racional. Una historia en la que el amor, el poder, la ambición, el deseo y la violencia se unen irremediablemente, como caras de una misma moneda que, lanzada al aire, puede sorprendernos con su implacable veredicto». En su montaje, concluye, «hablan las piedras y habla la tierra».
castilla rural
si que la obra transcurre en la Castilla rural de comienzos del siglo XX. Raimunda está casada en segundas nupcias con Esteban y tiene una hija, Acacia, cuyos pretendientes mueren o desaparecen en circunstancias sospechosas, lo que hace que se le empiece a llamar ‘la malquerida’. Pero en realidad ha sido Esteban, obsesionado con Acacia, quien elimina a sus ‘rivales’ movido por unos celos enfermizos.
Aitana Sánchez-Gijón confiesa que quedó en shock cuando Natalia Menéndez le propuso encarnar a Raimunda. «Le pedí que me lo dejara pensar unos días, pero ahora, a las puertas del estreno, no concibo no haberme embarcado contigo en este proyecto». Asegura que se acuerda más de lo que hacían los demás en aquel montaje de Narros que lo que hacía ella misma. «Pero hay algo ya instalado de la obra en el ADN». Define ‘Malquerida’ como una tragedia no naturalista… Es un pedazo de culebrón» -«y ‘Otelo’ también», acota Natalia Menéndez-.
Elogia la actriz a Juan Carlos Rubio cuando dice que la versión «ha estilizado el texto, es un encaje de bolillos. Ha potenciado el texto de Benavente y lo ha limpiado de la paja costumbrista que tiene el original; ha ido al hueso y, de esa forma, se ha potenciado su poética. Hay ecos lorquianos en Benavente, o habría quizás que decir que hay ecos benaventianos en Lorca, ya que éste es posterior».
Testigos de nuestra época
Por alusiones, Rubio dice que «los autores somos testigos de nuestra época. Benavente contaba las cosas como se contaban en su momento, pero nuestro trabajo al hacer las versiones es como el de los arqueólogos que con su pincel van limpiando las piezas; y al hacerlo surge un texto que cuenta cómo somos nosotros, el ser humano».
En su intento por definir la obra de Benavente, Juan Carlos Vellido habla de una «Vorágine de deseo, de violencia, de pasión y de pasiones desbocadas.», mientras que Daniel Pérez-Prada habla de «un occidental rural que huele a brezo, a tierra mojada, a pólvora».
