Después de ubicarla en la plaza Margarida Xirgu de Barcelona, Alejandro Andújar (Cáceres, 1979) ha llevado la escenografía que ideó para La mujer fantasma a Madrid, donde se exhibe en el Centro Dramático Nacional en forma de instalación artística.
Esta intervención, que descontextualiza un elemento creado con una función determinada y destinada a un espacio concreto y lo sitúa fuera de esas dimensiones, para que pueda ser observado de un modo distinto, forma parte del proyecto de Andújar. obra de arte totalcuyo comisario es Valentín Roma (Barcelona, 1970). Ambos se han inspirado en el concepto de listo hecho de Marcel Duchamp, el artista que elevó un urinario a la categoría de obra de arte al situarlo en una galería.
El resultado es una obra transitable en la que se invita al visitante a contemplar las partes de la escenografía que no se ven como espectador y ponerse en el papel del actor, recorriendo la parte de atrás de los bastidores, que queda oculta desde la platea. “El cambio de uso genera un cambio de interpretación”, explicó Andújar en la inauguración.
“El filósofo Giorgio Agamben define la profanación no tanto como un gesto iconoclasta, sino como un sistema que permite traer objetos, imágenes o ideas desde el más allá de lo sagrado hasta el más acá del mundo”, apunta el panel que explica el sentido de la exhibición, que juega con la extrañeza para romper la literalidad de los significados habituales y abrir “semánticas emancipadas de cualquier categoría”.
Andújar y Roma han trabajado con la intención “no solo estética sino también política” de que la escenografía se desvincule de su función teatral y se presenta como un objeto escultórico autónomo, para que, erigida en obra artística, salga del “limbo” teatral y ocupe un espacio “paradójico”, fuera del escenario que la “arropaba” y sin la iluminación diseñada por los técnicos, que privilegian unas zonas sobre otras en función de la dramaturgia.
Fuera de contexto y bajo unos fluorescentes “quirúrgicos” que confieren al espacio un aire más industrial que teatral, la escenografía exhibe su fuerza arquitectónica y se muestra “tal cual es”, ha destacado Andújar, para quien la ubicación en Madrid, a diferencia de la de Barcelona, donde se exhibió al aire libre y por ello la obra tuvo que ser protegida por un plástico, tiene la particularidad de que permite observar la pieza desde el exterior del edificio y ver cómo cambia la luz a lo largo del día.
Así, el escenógrafo y artista invita a mirar la obra desde la plaza de Lavapiés sobre todo al atardecer y durante la noche, cuando la penumbra o la oscuridad exteriores confieren a la instalación un carácter “enigmático”. No en vano se ha cambiado la iluminación habitual del moderno edificio del Centro Dramático Nacional para que el ventanal desde el que se ve la pieza se convierta en una especie de vitrina de museo.

Además de la escenografía creada para La dona fantasma / La mujer fantasmade la compañía T de Teatre, que se representó en 114 funciones (en el teatro Romea y el Centro Dramático Nacional), y que podrá verse por dentro y por fuera hasta el próximo 15 de marzo en la sala El Mirlo Blanco del CDN, la obra de Alejandro Andújar también se exhibe en el absidiolo del teatro de la Abadía, donde se ha instalado una reproducción parcial del trabajo creado para La ternurauna pieza teatral escrita y dirigida por Alfredo Sanzol estrenada en el 2017.

