“¿Tú crees que es un musical?”, pregunta al aire Mona Fastvold en un momento de la conversación, e inmediatamente se contesta. “Yo no lo sé, de verdad que no”. Sus dudas pueden resultar llamativas considerando que se refieren a una película que ella misma ha dirigido pero, a decir verdad, se entienden: ‘El testamento de Ann Lee’, después de todo, es a la vez un biopic ambientado casi tres siglos atrás, una colección de coreografías de danza tan excéntricas como exóticas y una exploración de la fe, el duelo, el feminismo y el atractivo de las creencias absolutas; y, en general, una ficción mucho más extraña de lo que esa descripción sugiere.
“Fue una mujer cuyos cuatro hijos murieron al nacer o al año de nacer, que transformó su trauma en una doctrina, y que convirtió esa doctrina en una forma radical de devoción”, explica Amanda Seyfried. / EPC
Cuenta la historia real de su personaje titular, en su día líder de la Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda aparición de Cristo, una comunidad cristiana autosuficiente e igualitaria -también conocida como los ‘Shakers’- que rechazaba tanto el matrimonio como las relaciones sexuales y funcionaba según la creencia de que cantar y bailar ofrecían a sus miembros línea directa con Dios.
“Fue una mujer cuyos cuatro hijos murieron al nacer o al año de nacer, que transformó su trauma en una doctrina, y que convirtió esa doctrina en una forma radical de devoción”, explica Amanda Seyfried, quien encabeza el reparto de la película en la piel de Lee y fue nominada al Globo de Oro por su trabajo. “Creó una de las sociedades utópicas más importantes de la historia, que llegó a sumar unos 6.000 miembros convencidos de que aquella mujer era la encarnación femenina de Cristo”, prosigue Fastvold, a su lado. “Y, pese a ello, su figura ha sido borrada de la historia. Apenas hay información disponible acerca de ella, y buena parte de la que hay es incorrecta”.

Amanda Seyfried y Mona Fastvold, quien coescribió ‘El testamento de Ann Lee’ junto a su pareja en lo personal y lo profesional, Brady Corbet; Hace ahora un año, ambos fueron candidatos al Oscar por el guion de ‘The Brutalist’ (2025), a quien él dirigió. / Giulia Parmigiani
‘El testamento de Ann Lee’ traza el viaje que su protagonista emprendió huyendo del conservador norte de Inglaterra, donde fue víctima de persecuciones y encarcelamientos, para difundir su evangelio por Estados Unidos; y vehicula ese relato, en efecto, a través de una sucesión de números musicales diseñados a partir de himnos ‘coctelera’ reales.
“A diferencia de lo habitual en Hollywood, aquí las canciones no son meros adornos ni paréntesis narrativos sino parte esencial de la historia, expresiones comunitarias de obediencia, gozo y catarsis”explica Seyfried, que ya demostró su talento como cantante en títulos como ‘Los miserables’ (2012) y el díptico ‘Mamma Mia’. “La música es una forma de plegaria, y el movimiento es un acto de supervivencia”.
Entretanto, la película funciona a modo de reflexión sobre el poder o, más concretamente, sobre la intolerancia de la sociedad a las mujeres que lo ostentan. “Una líder religiosa que predicaba la igualdad social y de género era algo incendiario a mediados del siglo XVIII”, añade la directora noruega. “Y, para mucha gente, sigue siéndolo en la actualidad”.
Fastvold coescribió ‘El testamento de Ann Lee’ junto a su pareja en lo personal y lo profesional, Brady Corbet; Hace ahora un año, ambos fueron candidatos al Oscar por el guion de ‘The Brutalist’ (2025), a quien él dirigió. Existen paralelismos claros entre las dos películas, y no solo porque ambas hablan de emigrantes europeos perseguidos que buscan una vida mejor al otro lado del océano. En cuanto que obras inclasificables, además, las dos estuvieron a punto de no existir. “Ya nadie quiere hacer realidad proyectos como estos”, lamenta la directora, a la vez sorprendida y resignada a causa del “nulo interés” que la industria mostró en financiar la nueva película. “Ni siquiera la participación de una estrella como Amanda sirvió para abrirnos puertas”.
Dicho esto, la pertinencia de recordar hoy a Ann Lee resulta difícilmente discutible. “Pese a que todo lo que buscaba era un pequeño rincón del mundo en el que poner en práctica su utopíaella y sus acólitos fueron estigmatizados y marginados simplemente porque predicaban la igualdad y la inclusión de las minorías, y esas cosas siguen siendo consideradas un peligro en nuestros días”, sentencia Fastvold. Según Seyfried, “su historia demuestra hasta qué punto es necesario que pensemos de otra forma en el liderazgo. Nuestros líderes ´basan su autoridad en el miedo y la intimidación, y la compasión es percibida como un signo de debilidad. Más que nunca antes, necesitamos recordar qué importante es basar nuestras vidas en la amabilidad y la empatía compartidas”.
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