El arte escandinavo toma Madrid. Si hace unos días, el genial artista danés Vilhelm Hammershøi recalaba en el Museo Thyssen con sus enigmáticas obras en las que el tiempo se encuentra detenido, a poco más de 750 metros de distancia, un artista sueco demuestra … su maestría en la sala Recoletos de la Fundación Mapfre. Hablamos de Anders Zorn (1860-1920). Hace 34 años, en 1992, pudimos ver un cara a cara del artista con Joaquín Sorolla en la casa-museo de este en la capital. Eran buenos amigos y, de hecho, su pintura recuerda mucho a la del valenciano: ambos apostaron por una pintura naturalista centrada en la luz. El ‘Sorolla sueco’ regresa a Madrid, en este caso con su primera retrospectiva en España, organizada junto con la Kunsthalle de Hamburgo, que reúne 130 obras de cuarenta prestadores. Es un artista escasamente representado en las colecciones españolas y poco conocido por el público.
«Hasta en nueve ocasiones (entre 1881 y 1914) visitó nuestro paísal principio atraído por la imagen romántica -el esterotipo de la mujer española-, aunque su mirada fue cambiando», explica Casilda Ybarra, comisaria de la exposición, que arranca con dos autorretratos de Zorn: espléndido, su ‘Autorretrato en rojo’, de 1915. Su primer viaje a España lo hizo con 21 años, tras abandonar la Academia de Estocolmo. En una notas autobiográficas confesaba sus ganas de llegar a «ese país tan anhelado y tantas veces soñado de las acuarelas de Egron Lundgren, con hermosas mujeres de ojos negros y lánguidos bajo la mantilla». Para Zorn, al igual que para Sorolla, Velázquez era uno de sus grandes referentes artísticos.
Arriba, ‘Autorretrato’, 1889. Detalle. Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Elizabeth Sherman Cameron’, 1900. Detalle. A la derecha, ‘Placer de verano’, 1886
Si no miramos las carteles, nadie diría que obras como ‘Al otro lado de la calle’ o ‘Café cantante en Madrid’, protagonizadas por mujeres con mantones de manila y abanicos, están firmadas por un artista sueco, con una cultura tan alejada a la nuestra. En ‘Las primas’ retrata a la hija del pintor gaditano Ramón Rodríguez Barcaza con su prima. Mandó la obra al Salón de París en 1882, donde John Singer Sargent (al que se suele comparar, aunque hay una mayor espontaneidad en las obras del pintor sueco) presentó ‘El jaleo’, célebre pintura en la que inmortaliza una escena de baile flamenco. También cuelgan en las muestras paisajes de Sierra Nevada, la Alhambra, Cádiz, Sevilla… pintados por Zorn. Da fe de sus visitas a España un álbum de fotografías tomadas por el príncipe Eugenio de Suecia durante su viaje a nuestro país junto al artista en 1902.
Aunque fue un artista muy versátil (iba para escultor), la mayoría de las obras de esta primera etapa son acuarelas, una técnica en la que alcanzó un gran virtuosismo. Así lo demuestra en joyas como ‘De luto’, su primer éxito, o ‘Placer de verano’. Subraya la comisaria «su pincelada diagonal, su paleta contenida y una luz magistral». Se hizo a sí mismo. Encarnó la imagen del sueño americano. Viajero empedernido, también mostró su interés por Oriente, con visitas a Estambul (antigua Constantinopla) o Argelia. Londres y París fueron sus siguientes destinos. En la capital francesa, donde residió ocho años, recibió numerosos reconocimientos. Sus obras alcanzaron sumas muy elevadas.
Arriba, ‘Remero turco’, 1886. Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Las primas’, 1882. Detalle. A la derecha, ‘Daiduscha’, 1887
Zorn fue un gran retratistamuy solicitado tanto en Europa como en Estados Unidos. En su magistral galería de retratos aparecen reyes, aristócratas, políticos, magnates, banqueros, grandes fortunas… Es el caso de la reina Sofía de Nassau, el rey sueco Oscar II, tres presidentes de Estados Unidos (William H. Taft, Theodore Roosevelt y Grover Cleveland), la familia Vanderbilt, Thomas Wheeler, Ernest Cassel, la cantante Rosita Mauri… Además, retrató a colegas, como Sorolla, a quien pintó en Madrid en 1906. El español respondió el gesto regalándole ‘Después del bautizo’. También fue amigo de Ramón Casas. Junto a las acuarelas y los lienzos, también se aborda su faceta como escultor y grabador. De la primera, algunos ejemplos de escultura a pequeña escala, como el bronce ‘Fauno y ninfa’, que se exhibe al lado de un autorretrato en el que Zorn está creando esta pieza. Una pequeña sala está dedicada a sus grabados.
Artista moderno y cosmpolita, nunca olvidó sus raíces y regresó definitivamente a su amada Suecia en 1896.
Nacido en un entorno humilde en Mora, en la provincia sueca de Dalecarlia, entre bosques y lagos, este artista moderno y cosmopolita. nunca olvidó sus raíces y regresó definitivamente en 1896. Se instaló en una casa de arquitectura tradicional. Pinta robustas bañistas (desnudos femeninos al aire libre en armonía con el paisaje), el mercado local, la fábrica de cerveza, bailes populares, campesinas con trajes tradicionales… Junto con su mujer crearon un museo al aire libre y apoyaron la educación local con una escuela. «Amaba Suecia incondicionalmente y donó sus bienes al Estado sueco», comenta Casilda Ybarra. Mitad campesino, mitad caballero (tenía una doble mirada, global y local), murió en 1920. Como en otros muchos casos, su obra fue relegada por las vanguardias y recuperada hace unas décadas.
