«En la mirada de Escribano se agitaba la furia del guerrero, con el mandamiento primero de llegar hasta el final. La sangre derramada se convertía en tinta épica; el dolor, en la emoción. Cuando el titán de Gerena apareció en el ruedo después de … ser operado de una cornada hora y media antes, los aplausos se removían hasta los cimientos de la Giralda. Enfundado en unos vaqueros de Chimy Ávila, Regresó a los terrenos del miedo y el drama. De rodillas frente a chiqueros en la espera más larga. Con la cicatriz del fuego reciente, con la herida que hubiera dejado al común de los mortales dos semanas en la cama. Allí estaba Manuel, vestido de héroe, con el chaleco de oro y los pantalones del delantero bético. Todo lo hizo: ¡hasta banderillear! Un tipo de otro planeta que nunca perdió la sonrisa», escribíamos aquella tarde en ABC. Hablábamos de Escribano, el torero que después de una tremenda cogida, después de derramar su sangre, regresó al terreno del miedo para demostrar. la grandeza de los que se ven de luces, su espíritu de sacrificio y afán de superación. Su heroicidad.
Pues bien, lo que sucedió aquel 13 de abril de 2024 ha sido motivo de un estudio científico publicado en la revista ‘Trauma Care’, donde se analiza la respuesta psicofisiológica del Escribano tras sufrir una cornada y regresar al ruedo en aquella épica tarde en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.
De la camilla albero
«La investigación estudia lo ocurrido el 13 de abril de 2024, cuando Manuel Escribano sufrió una cornada al inicio de la corrida por un toro de Victorino Martín. La lesión, localizada en la cara interna del tercio inferior del muslo derecho, obligó a su traslado inmediato a la enfermería de la plaza, donde fue intervenido quirúrgicamente bajo anestesia local con el objetivo de poder continuar la lidia. Contra todo pronósticoy tras pasar por el quirófano del coso sevillano, el torero regresó al ruedo para enfrentarse al sexto toro de la tarde, protagonizando una de las imágenes más impactantes y recordadas de la temporada: de la camilla al albero en apenas unos minutos, en una secuencia que resume como pocas la esencia del toreo», dice una nota del equipo de comunicación del matador sevillano.
El principal valor de esta investigación reside «en que permitió registrar de forma continua la respuesta fisiologica del torero durante todo el proceso, desde los momentos previos a la cornada hasta su regreso al ruedo tras la intervención quirúrgica». Y recalca que «los datos obtenidos muestran que la reacción del organismo no siguió el patrón fisiológico habitual esperado tras un trauma de este tipo, lo que abre nuevas preguntas sobre cómo responde el cuerpo del torero en situaciones extremas».
Tras la cornada
La intensidad fisiológica registrada fue inferior a la habitual, lo que sugiere que su organismo aún se encontraba en un proceso de recuperación tras el impacto sufrido.
Entre las cosas más llamativas que destaca el estudio: «Durante la segunda lidia, la intensidad fisiológica registrada fue inferior a la habitual, lo que sugiere que, aunque el torero estaba en condiciones de continuar, su organismo aún se encontraba en un proceso de recuperación tras el impacto sufrido. Este hallazgo aporta una visión inédita sobre lo que ocurre en la enfermería y en la reanudación de la lidia, más allá de la lesión visible».
El trabajo ha sido realizado por Luis Teba-del-Pino, Luis Suárez-Arrones y Eduardo Sáez de Villarreal.investigadores en Ciencias del Deporte y responsables de la preparación física de Manuel Escribano.
Explicar que, «sin pretender generalizar los resultados, la investigación ofrece una mirada basada en datos reales sobre una de esas tardes que ya forman parte de la historia del toreo, e invita a profundizar en qué sucede realmente en el cuerpo del torero cuando la cornada, la enfermería y el regreso al ruedo se suceden en cuestión de minutos». Sí, los toreros son de otra pasta.
