En sus conciertos Bad Gyal lo enseña casi todo, excepto la sonrisa. Pero anoche, tras cantar aquello de “el coño que mana” gritó “venga esas luces, Sant Jordi”, y mientras miles de luces iluminaban el estadio se pudo ver a Alba Farelo sonreír de felicidad. A ella, a la reina del dembow, que anoche volvió a triunfar en casa con una propuesta que expande sus fronteras y reivindica los géneros latinos con los que crecieron, y que sonaron en la primera de las tres actuaciones barcelonesas para presentar el álbum Más cara.
Los fans que agotaron entradas meses atrás no esperaban menos que la explosión visual desatada a las 21 horas, una inmensa caja con una estrecha puerta al frente que ocupaba la casi totalidad del escenario. De su interior salió Bad Gyal entre el griterío de un público formado mayoritariamente por gays & girls, como le gusta decir a la artista. El r&b de Un coro y ya anunciaba que aquello no iría solo de perreo hasta rozar el suelo con la cadera, porque anoche el reguetón se mezcló con el merengue o la guaracha, géneros recién salidos del variado disco que Alba Farelo vino a presentar en su tercera visita al Palau, el mismo recinto donde dos años atrás presentó su LP de debut, La joia.
El álbum ‘Más cara’ protagonizó un concierto donde hubo reguetón, merengue o dembow
Diez años después de que se estrenara en YouTube con Pai, Bad Gyal abrazó una noche al reguetón que escuchaba de joven, y que le marcó el camino junto al dembow y el dancehall jamaicano. De ahí llegan las influencias de Hoy te toca, Slim Thick o esa Choque que apunta a un éxito veraniego como Fashion girl pt. 2. Allí celebraron el ritmo de Fashion Girl o se mecieron lentamente con el kompa haitiano de Última noche, sensual colaboración con Ozuna cuya voz sonó enlatada –volvió a hacerlo en Guay– como en el resto de temas a dúo que anoche eligió la artista en su setlist.
“Barcelona del meu cor, com esteu tots?”, saludó Alba Farelo, que se presentó sin gafas y de rosa, con un look menos agresivo que en visitas anteriores pero con los mismos atuendos provocativos. Bad Gyal se movió por el escenario –una especie de salón entre La naranja mecánica y un salón de manicura con aires barrocos– como la reina que es ante su público, rodeada por el omnipresente cuerpo de baile que llegó a sumar una vez integrantes en una producción oscura en lo estético y tropicales en lo musical, que permitió escuchar casi al completo Más cara.
Con solo un mes en la calle, el disco ya cuenta con éxitos reconocibles como Más cara, cantado a coro por el público, algunos de ellos de espaldas al escenario mientras se grababan con el móvil. A su espalda, la mencionada caja subía y bajaba creando diferentes escenarios y la protagonista perreaba en cuclillas sobre uno de los bailarines estirado en el suelo. El resultado fueron las imágenes que aparecieron por la pantalla gigante, auténticas protagonistas en buena parte de los temas, más cercanas al pop comercial que en su anterior disco gracias al merengue house de Noticia de ayer, un Duro de verdad que sonó a continuación a frenética bachata o Qué rico, que aceleró el ritmo del concierto.
La voz sintética y monocorde de Bad Gyal se combinaba con múltiples coreografías que incluían periódicos meneos del trasero para dibujar el imaginario tiktokero. Escenas llamadas a invadir durante los próximos meses los móviles de sus fans, sobre todo en momentos como la aparición de 8 Belial, que acompañó a la protagonista en la sexual Tic tac y Orilla. Imágenes sexuales que el público asume con naturalidad, encendiendo las luces de sus teléfonos para dar ambiente de balada romántica a De to bailar a continuación el reguetón La iniciativa.

Vestida de blanco poco virginal, la reina llegó al final del camino recordando Chulo pt. 2, Zorra y Perdió ese culo convertidas ya en himnos que sus seguidores corearon barra a barra hasta llegar a Fiebre, fin de fiesta y recuerdo de los orígenes de la artista que por su propia cuenta y riesgo hizo de la música popular caribeña su seña distintiva de adolescencia, y ahora la de muchas millas de jóvenes que han comprado una propuesta que puede abrirse a otros géneros, pero sin tocar nunca la esencia de Bad Gyal, que se despidió con una enorme sonrisa.

