Tras años de planificación, debates curatoriales y una mudanza al estilo de un travelling de Fassbinder, la Deutsche Kinemathek abre por fin hoy sus puertas, justo a tiempo para la Berlinale, en las espectaculares instalaciones de una antigua fábrica de mayonesa y posteriormente club tecno: … el histórico E‑Werk, en pleno corazón de la ciudad. Nace un nuevo museo con un nuevo concepto. La institución que ha custodiado más de 130 años de historia del cine y de la televisión alemana se reinventa y se convierte en el núcleo de lo que durante décadas fue conocido como el Filmviertel, el ‘Distrito del Cine’ de Berlín.
Allí trabajaron los pioneros del cine alemán, se rodaron películas clave y se tomaron decisiones que marcaron la política cinematográfica: Murnau buscando sombras para Nosferatu, Pabs discutiendo encuadres o Lotte Reiniger recortando siluetas que luego cobrarían vida en ‘Las aventuras del príncipe Achmed’. La Deutsche Kinemathek aprovecha esta carga simbólica y también, por qué no decirlo, el hecho de que este barrio se ha convertido hoy en el epicentro del turismo que llega a la capital alemana y que cuenta, así, con un nuevo museo disponible.
En coincidencia con su inauguración, este 23 de enero, han sido programados paseos guiados por el barrio, donde se revelan localizaciones de rodaje y anécdotas que conectan pasado y presente. Una de las anécdotas más celebradas es el rodaje de ‘El ángel azul’, cuando Marlene Dietrich se escapó a un café cercano para evitar repetir una escena que se consideró innecesaria. El director, Josef von Sternberg, la persiguió por la calle, y terminó encontrándola firmando autógrafos a estudiantes fascinados. Real o no, la historia forma parte del folclore cinematográfico berlinés, como explican las guías oficiales.
La sede del museo, por otra parte, con una estética industrial, muros de ladrillo y estructura metálica, pretende dialogar con la historia del cine alemán: la tensión entre lo mecánico y lo humano, entre la modernidad y la memoria. El pabellón principal en una sala de medios de gran formato, donde se exhiben momentos destacados de la historia del cine. La experiencia es inmersiva: fragmentos de películas, entrevistas, documentos y objetos icónicos se proyectan en pantallas que envuelven al visitante. Cada giro revela una nueva capa de significado.
«En este museo trabajaron los pioneros del cine alemán, se rodaron películas clave y se tomaron decisiones que marcaron la política cinematográfica del país»
Uno de los grandes tesoros de la Deutsche Kinemathek es, sin duda, su archivo, que conserva guiones originales, vestuarios, cámaras, fotografías y correspondencia de figuras clave del cine alemán. La reapertura incluye visitas guiadas al archivo ya la biblioteca, una oportunidad única para ver de cerca piezas que rara vez se exhiben al público. Allí encontramos, por ejemplo, el abrigo de ‘Metrópolis’. Durante décadas se creyó perdido, hasta que apareció en un sótano de Potsdam, cuidadosamente envuelto en papel de periódico de 1927.
Otra alegría es la correspondencia entre Rainer Werner Fassbinder y Hanna Schygulla. Sus cartas, llenas de discusiones creativas, confesiones personales y humor ácido, muestran la intensidad de una colaboración que definió el Nuevo Cine Alemán. La Kinemathek planea digitalizar parte de este material para futuras exposiciones. También genera gran expectación la Colección Marlene Dietrich, que reúne desde su famoso abrigo de cisne hasta sus trajes masculinos, además de recuerdos personales como cartas privadas y sus muñecas de trapo, que la acompañaban en todos sus viajes.
Se muestran fragmentos de las primeras películas, que no han perdido su capacidad de fascinación y carisma, como ‘Metrópolis’, de Fritz Lang, de 1927, la primera película de ciencia ficción de larga duración. Hay innumerables carteles, vestuario y accesorios de los primeros mitos del celuloide iluminados. La exposición narra desde el cine en el nacionalsocialismo y los artistas en el exilio, pasando por el mundo idílico del cine de posguerra, hasta películas de éxito más recientes como ‘Corre, Lola, corre’ o ‘La vida de los otros’.
«Una de las joyas de la colección es la correspondencia entre Rainer Werner Fassbinder y Hanna Schygulla»
La reapertura se celebra, además, con un programa especial de tres días: paseos urbanos, talleres para adultos y niños, visitas guiadas y actividades gratuitas para todos los públicos. La idea es que la Deutsche Kinemathek no sea solo un museo, sino que emerja como un punto de encuentro para cinéfilos, familias, estudiantes y curiosos. Los talleres infantiles enseñan técnicas de animación inspiradas en Lotte Reiniger. Los adultos pueden participar en sesiones de restauración digital, donde se explica cómo se recuperan películas dañadas por el tiempo.
Y para los más nostálgicos, hay proyecciones de clásicos en las que las primeras estrellas, Henny Porten o Asta Nielsen, brillan en la gran pantalla como en los años 20, gracias a la coloración del material fílmico, y en las que ‘Berlín, sinfonía de una gran ciudad’ puede disfrutarse acompañado de música de piano en vivo. Directores como Maren Ade, Christian Petzold o Fatih Akin han renovado el panorama y series como ‘Babylon Berlín’ han reavivado el interés por la historia cultural del país. El objetivo es que las nuevas generaciones y los fundadores dialogen en este nuevo espacio de encuentro, guardián y narrador de una tradición cinematográfica que sigue inspirando al mundo.
