“Una historia por primera vez contada de la que todos estamos a un milímetro de ser protagonistas”. Así define Íñigo Álvarez Esmerode (Vigo, 1973) su autobiografía, ‘Cada uno en su lugar’, que contiene únicamente “hechos reales, sin ficción de ningún tipo”.
Es un ejercicio de “valentía y sinceridad”, según explican personas que ya lo han leído. En este libro, repasa sus momentos clave. En febrero de 2001, sufrió una Brote psicótico mesiánico. en su casa familiar de Nigrán -su misión era matar al demonio para salvar a la humanidad de su fin- que acabó con la vida de su madre. “Imagina que eres un joven como lo fuimos, somos o seremos todos de 28 años. Llevas casi 10 años, como la gran mayoría, divirtiéndote con el consumo de alcohol y drogas, hasta que un mal día sufres un delirio psicótico y pasas a ser el parricida de tal ayuntamiento”, resume. Con motivo del reciente lanzamiento de su obra, autopublicada en Amazon, habla con la prensa por primera vez.
—¿Por qué decidir publicar ahora este libro?
Por una necesidad interior de expresarme y porque hubo mucha especulación por parte de la gente por este asunto, ya que cada uno se imaginaba cómo habían sido los hechos y, como yo no se los puedo contar uno a uno, decidí escribir esta autobiografía. Con este libro, rompo una lanza por la familia Esmerode: los míos tuvieron que sufrir la humillación de sus vecinos, que los señalaron con el dedo por la calle.
Íñigo Álvarez, en el Paseo de Alfonso, con la ría detrás. / Pablo Hernández Gamarra
—Habla de la “gran mentira” de la prensa a la hora de abordar el episodio de 2001. ¿Cuál fue?
Cuando sufres un brote psicótico mesiánico, como fue en mi caso, tu misión es acabar con el demonio para salvar a la humanidad de su fin. Y yo había personificado al demonio en mi madre, ya que, como está estudiado en psiquiatría, mientras sufres el brote, la persona que más quieres pasa a ser tu mayor enemigo. Hasta ahí la crueldad de esta enfermedad. Esto fue lo que yo les conté a las personas que estaban en ese momento en el Ayuntamiento y la Policía. Al día siguiente, la noticia de la prensa era todo lo contrario, decían que el demonio me había ordenado que matara a mi madre. La otra parte de la «gran mentira» viene por la jueza, que, en el juicio, me aseguró que me daría el alto si yo recobraba la cordura y el equilibrio, cosa que conseguí cuando llevaba seis meses ingresado en el hospital psiquiátrico del Rebullón. Mi doctora le envió un informe diciéndole que yo ya estaba en perfectas condiciones y que prolongar mi estancia en el hospital era totalmente antiterapéutico para mí. Pues la jueza no solo no cumplió con su palabra, sino que me hizo estar nueve años allí encerrado.
—Años después del suceso, se reencuentra con su madre en un sueño, como relata en el libro. ¿Cómo fue?
Iba paseando y, a mi lado, apareció una mujer con forma de avatar azul. Yo le preguntaba si era mi hermana y ella me sonreía, entonces, yo sabía que era mi madre. Acto seguido, le preguntaba si íbamos al cine y ella me contestaba que pasaba de películas. Continuábamos andando y, de repente, me enseñaba los pelos del pubis y me abandonaba en una especie de muelle donde había un yate. De ese yate, salían unos remos gigantes que me aplastaban contra el muelle, haciéndome vomitar astillas de madera mientras expulsaba la palabra asesino.
Más que perdonarme a mí mismo, este libro me ha ayudado a superar mi sentimiento de culpabilidad, que era el último escollo interior que me quedaba por resolver.
— ¿Se ha perdonado a sí mismo?
Más que perdonarme a mí mismo, este libro me ha ayudado a superar mi sentimiento de culpabilidad, que era el último escollo interior que me quedaba por resolver. Otra cosa es el sentimiento de pena que, como me dijo una persona muy sabia y muy querida, me acompañaría el resto de mis días.
—Se define como un “valiente hombre de paz”. ¿Por qué?
Viene a raíz de un sueño que tuvo una mujer muy importante en mi vida, que soñó que yo estaba en un bosque ya muy anciana con el pelo y la barba muy larga y blancos y aparecían unos niños que decían al mirarme “es un maestro”, “es un mago”. Entonces, apareció ella por detrás de mí y les decía “es un valiente hombre de paz”.
—En la obra, asegura que el episodio de 2001 se pudo haber evitado. ¿Le faltó ayuda en aquel momento?
A una persona que sufre esquizofrenia paranoide es muy difícil ayudarla porque niega que no esté cuerda. En el libro, simplemente narro un momento puntual en el que llamo a mi padre para contarle una paranoia que estaba teniendo (siempre dando por hecho que, para mí, era la realidad, no una paranoia) y él reacciona diciéndome que tengo que ir a un médico, cosa que, por supuesto, yo no iba a hacer. Si mi padre llamara a mi hermano oa algún familiar en ese momento y me obligarán a ir a un médico, aunque fuera a la fuerza, igual hubiera cambiado el devenir de las cosas.
Me gustaría que fuese un importante “aviso a navegantes”, tanto para los padres adultos como para los adolescentes que empiezan con el tema de las drogas.
— ¿Qué personas le han ayudado después del suceso?
Al día siguiente de los hechos, ya tuve el apoyo y el amor de mi padre, mi hermana y mi exnovia Ana. Luego, ya estando tanto en la cárcel como posteriormente en el hospital, mis compañeros siempre me brindaron su amor y amistad. Pero la persona que más me ayudó fue la mujer del hospital de la que habló en el libro.
—¿Han leído el libro personas de su entorno?
Si. Lo han leído en torno a unos 50 amigos. Estoy sorprendidísimo de las reacciones y la gran acogida que ha tenido. Me han hecho comentarios como que «te engancha desde la primera página por su carácter nada rimbombante ni pretencioso, “me encanta su manera descarnada de contar las cosas” o “¡¡qué manera de desnudarse!!”. Pero la palabra que más se repetía era valiente.
—¿Con qué mensaje quiere que se quede el lector?
Me gustaría que fuese un importante aviso a navegantes, tanto para los padres adultos como para los adolescentes que empiezan con el tema de las drogas, ya que, si se informan bien, descubrirán que hay una información errónea de lo que se denominan drogas duras y blandas en psiquiatría, que es lo que nos tiene que importar, nuestra salud mental, que es la base de todo. Se consideran drogas duras el THC y la cocaína porque producen psicosis, mientras que la heroína se considera droga blanda porque, aunque es una ruina, no produce psicosis. Me encantaría que este libro conllevara cambios sociales necesarios, pudiendo estar como lectura recomendada de la ESO en adelante.
Tengo traducido pensado este libro a varios idiomas
— ¿Qué ha sido lo más difícil para usted desde el trágico episodio?
Los nueve años que tuve que pasar en el psiquiátrico recorriendo de adelante a atrás un pasillo vacío de 50 metros impotente y humillado. Era como estar muerto en vida, pero me repetía a mí mismo: «Llegará un día en que esto no será más que un vago recuerdo».
—En su libro, narra experiencias con almas de algunos familiares a través de un medio propio de una Galicia ancestral. ¿Cree usted en esto?
Para mí, ya no es una creencia, sino una realidad, como se comprueba en el libro. Formaron una de las partes más importantes de mi sanación y equilibrio actual. Seguro que a los lectores les van a encantar estos episodios mágicos.
—Piensa escribir alguna obra más sobre su vida?
En principio, no. Pero la vida es muy larga y nunca se saben las aventuras que a cada uno le pueden surgir. Lo que sí tengo pensado es traducir este libro a varios idiomas.
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