No fue una charla al uso. Fue, más bien, una afirmación de identidad. La 75ª edición de los ‘Mano a Mano’ de la Fundación Cajasol sentado frente a frente a dos nombres propios de Trigueros, Argentina y david de miranda … para hablar de lo que no se aprende en las escuelas: el origen. Moderaba, como es habitual en este ciclo, el periodista José Enrique Moreno, que volvió a ejercer de hilo conductor con sobriedad y conocimiento.
«Hoy vamos a hablar de Huelva», se anunció al inicio. Y Huelva lo inundó todo. «Yo le debo todo a mi tierra», afirmó David de Miranda, sereno, consciente de que atraviesa el momento más decisivo de su carrera. «Me ha visto crecer y me ha sostenido en los momentos duros». No eludió Sevilla. «Esta plaza no es una más. Sevilla cambia la vida». Y cuando pronunció el nombre de la Puerta del Príncipe lo hizo sin énfasis innecesario: «Cada vez que vengo me gusta mirarla. Me recuerda lo que soy y lo que quiero volver a ser».
Argentina defendió el flamenco desde la verdad. «Cuando uno es de Huelva se le nota al abrir la boca», dijo con naturalidad. «El cante lleva mar, lleva Rocío, lleva calle». Reivindicó la unión natural con la tauromaquia: «El flamenco y los toros nacen del mismo sitio: del corazón». Y añadió una frase que quedó flotando en el teatro: «Cuando te atrapan, ya no te sueltan».
El diálogo fue encontrando paralelismos inevitables. «El temple es compás», apuntó el torero. «Torear es medir los tiempos como en una soleá». Argentina asentía: «Y el cante también tiene riesgo; hay que tirarse sin rojo».
Hubo espacio para la reflexión sobre el presente. «A los jóvenes nos cuesta abrirnos paso», reconoció Miranda. «Las figuras son necesarias, pero hay que dar sitio al que triunfa». También habló del impacto de la televisión: «Una tarde vista por todos puede cambiarlo todo». Y, sobre su profesión, fue rotundo: «Lo que nos diferencia es que nos jugamos la vida. Cuando sale el toro bueno, te olvidas del cuerpo».
El cierre no necesitaba explicación. «Viva Huelva…», cantó Argentina por fandangos, evocando a Paco Toronjo. El teatro guardó silencio, rematando el acto cantándole a Sevilla la copla de María de las Mercedes. Y en pleno centro, la emoción entró, sin pedir permiso, por la puerta grande.
