Miles de años de historia se conservan bajo el hielo del pequeño glaciar alpino Weißseespitze (Cima del Lago Blanco), cerca de la frontera entre Austria e Italia. Polvo, cenizas, metales… Con cada nevada se ha acumulado información valiosa que ahora los investigadores temen perder de un plumazo.
El aumento de las temperaturas en los Alpes por el calentamiento global está derritiendo rápidamente los glaciares, lo que ha dado lugar a una carrera contrarreloj para salvar datos registrados en los núcleos de hielo sobre la actividad de las minas medievales de la región o las erupciones de volcanes lejanos.
Un libro de historia en el hielo.
“Estos extraordinarios archivos climáticos son un libro de historia: las condiciones atmosféricas pasadas y los cambios ambientales quedan registrados en sus capas”, explica la doctora Azzurra Spagnesi, de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia y autora principal del artículo publicado en la revista Fronteras en las Ciencias de la Tierra.
Spagnesi, junto a un equipo internacional de científicos, han extraído un registro de millas de años de contaminación atmosférica de 9,5 metros de hielo del Weißseespitze para comprender cómo ha cambiado nuestro clima en el pasado y modelar cómo podría evolucionar en el futuro.
Al estudiar las partículas atmosféricas incorporadas en la nieve que cayó y se convirtió en hielo, los especialistas pueden registrar las fluctuaciones de la contaminación a lo largo del tiempo. “Los glaciares alpinos ofrecen una oportunidad única para investigar la transición crucial entre la época preindustrial y la industrial, debido a su proximidad a los asentamientos humanos”, dice Spagnesi.
En 2019, los expertos visitaron Weißseespitze y perforaron hasta el lecho rocoso para extraer un núcleo de hielo de casi 10 metros de longitud. Utilizaron datos de isótopos de argón para estimar la edad de sus capas, lo que demostró que la superficie del glaciar se formó entre los años 1552 y 1708, mientras que la capa más profunda data de entre el 349 aC y 420 después de Cristo.
Luego buscaron trazas de 18 elementos diferentes como microcarbón, levoglucosano (un compuesto químico que se forma al quemar la madera) o ácidos carboxílicos y dicarboxílicos. “Entre el 700 y el 1200 dC, el plomo y otros metales presentaban concentraciones muy bajas, lo que refleja un entorno preindustrial prácticamente libre de contaminación”, explica Azzurra Spagnesi.
“A partir del 950 después de Cristo, aparecen picos de arsénico, plomo, cobre y plata, que corresponden a periodos de intensa actividad minera y metalúrgica medieval en los Alpes y otras regiones europeas”, añade la investigadora de la Universidad Ca’Foscari.
Importantes erupciones volcánicas
Algunos de los picos de metales más pronunciados también coinciden con importantes erupciones volcánicas, así como con periodos de clima seco y mayor transporte de polvo, lo sugiere, según los expertos, que tanto los fenómenos naturales como las actividades humanas contribuyenon a las señales químicas conservadas en el hielo.
Los científicos hallaron un notable pico de contaminación química entre el 902 y el 1280 después de Cristo. Compararon estos datos con los niveles de microcarbón hallados en núcleos de turba extraídos de zonas pantanosas cercanas y encontraron picos coincidentes, lo que confirma que los incendios fueron más frecuentes e intensos en esa época en la región.
Una sequía de un siglo de duración.
“El elevado número de incendios que observamos durante la sequía de aproximadamente un siglo de duración, entre los años 950 y 1040 después de Cristo, probablemente sea el resultado de la interacción de varios factores”, afirma Azzurra Spagnesi.
“Tales condiciones de sequía pueden favorecer ciclos de crecimiento de la vegetación seguidos de desecación, creando paisajes altamente inflamables y más propensos a incendiarse. También la actividad humana parece haberse intensificado en las regiones alpinas. La evidencia histórica marca una mayor gestión de los pastizales, la expansión agrícola y la tala de tierras, actividades que involucraban incendios”, apunta.
En Weißseespitze, la minería local y otras actividades humanas provocan picos de contaminación, aunque solo representan alrededor del 7 por ciento de la contaminación atmosférica registrada en el núcleo de hielo. Hubo factores naturales como los volcanes amplificaron esas emisiones.
En los últimos años, los científicos han seguido regresando al glaciar para continuar con sus investigaciones. De forma alarmante, una visita al sitio de perforación en 2025 mostró que el hielo ahora ya tenía solo 5,5 metros de profundidad, lo que aumentó los nervios por la posible pérdida de información.
“Se prevé que los glaciares de los Alpes de Ötztal (en la parte central de la cadena montañosa) desaparezcan en las próximas décadas”, recuerda Spagnesi. “Toda la información química y física que contiene se perderá para siempre, dejando lagunas en nuestra comprensión de la variabilidad climática del pasado”, concluye.

