Chris Pratt es uno de esos actores que Hollywood aprendió a entender tarde. Durante años fue asociado casi exclusivamente al carisma, a la belleza, al humor y a personajes diseñados para el entretenimiento masivo. Sin embargo, detrás del protagonista de Guardianes de la galaxia y Mundo Jurásico hay un intérprete que, con el paso del tiempo, ha buscado completar su registro y alejarse de la comodidad del héroe simpático y obvio.
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Su recorrido ha sido todo, menos lineal. Pratt llegó a la primera línea de la industria desde un lugar poco habitual: papeles secundarios, televisión, personajes adorables, pero no centrales. El salto al estrellato lo convirtió en una figura global, pero también lo enfrentó al desafío que muchos actores y actrices enfrentan: el de no quedar atrapado en una sola versión de sí mismo. En los últimos años, su filmografía ha mostrado una clara inquietud por explorar historias más oscuras, personajes atravesados por la culpa, el duelo y la ambigüedad moral.
pecado piedadque se estrenó el jueves en los cines colombianos, se inscribe en ese momento particular de su carrera. Se trata de un suspenso tenso y claustrofóbico que transcurre casi en tiempo real y que coloca a su protagonista en una situación límite: un hombre marcado por la pérdida de su esposa, empujado a tomar decisiones imposibles en un lapso de apenas 90 minutos, ayudado (¿o perjudicado?) únicamente por una inteligencia artificial. No hay situaciones épicas, no hay alivio fácil. Hay presión, errores, intuición y consecuencias.
El detective Chris Raven tiene 90 minutos para encontrar pruebas a su favor antes de ser ejecutado. Foto:Sony Fotos Colombia
La película se mete, además, con uno de los grandes debates contemporáneos: la relación entre la tecnología, la inteligencia artificial y la justicia. Pero, lejos de construir un discurso solemne o entregar un ‘mensaje’ cerradoSin piedad opta por algo más incómodo: mostrar cómo las fallas humanas pueden contaminar cualquier sistema, incluso los diseñados por nosotros mismos para protegernos. En ese sentido, la película no propone respuestas sino más bien preguntas.
En esta conversación exclusiva con EL TIEMPO, Chris Pratt reflexiona sobre las zonas grises de sus personajes, la importancia de no cerrar la historia con certezas cómodas, lo que se lleva emocionalmente después del rodaje, y habla sobre su mirada (no exenta de ironía) sobre la inteligencia artificial y el mundo que estamos construyendo.
pecado piedad Se plantea constantemente qué significa hacer lo correcto cuando todas las opciones implican algún daño. ¿En algún momento estuvo en desacuerdo con las decisiones de su personaje mientras lo interpretaba?
Sí, totalmente. Chris Raven, mi personaje, es un ser humano profundamente imperfecto, roto. Y más allá de si es culpable o no del asesinato de su esposa (algo que se va revelando a lo largo de la película), lo cierto es que es culpable de muchas cosas. Ha tomado malas decisiones en su vida, y esas son decisiones que yo no querría tomar para mí mismo. Eso no significa que yo no me equivoque: soy humano, soy imperfecto, cometo errores como cualquiera. pero Creo que esta historia pone sobre la mesa algo importante: la intuición humana también forma parte de la justicia. La verdad casi nunca es completamente blanca o negra. Está en ese espacio gris que existe entre los hechos y lo que sentimos, y esa intuición es clave cuando hablamos de justicia.
¿Usted cree que era importante que pecado piedad ¿Se resistiera a un cierre limpio y reconfortante para la audiencia?
Creo que era fundamental que el final fuera profundo. Toda gran historia necesita impactar al final, y esta es una historia increíble: un suspenso aislado, muy original, dentro del vida en la pantalla (formato narrativo en el que toda la historia se cuenta a través de pantallas: computadoras, celulares, cámaras de seguridad, etc. Lo que ve el personaje es lo que ve la audiencia), un género que está surgiendo, pero contado de una forma completamente cinematográfica.
No puedes esperar que, después de 90 minutos en la vida de este hombre, cuya esposa fue asesinada hace apenas unas horas, termine con un “¡qué bien, todo está resuelto!”. No es una película feliz. Es un suspenso que te mantiene al borde del asiento. Hay pequeñas victorias, sí, pero también queda el peso de lo ocurrido. El final me parece muy hermoso, por lo que dice sobre cometer errores y aprender de ellos, tanto los seres humanos como la inteligencia artificial.
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Después de terminar el rodaje, ¿qué fue lo que se quedó con usted, una sensación, una incomodidad, algo difícil de soltar?
Probablemente este ruido en el tobillo cuando camino (risas). Me lo lesioné durante el rodaje y ya estoy en esa edad en la que una lesión se queda contigo para siempre. Así que sí, mi tobillo derecho. Aunque parezca exagerado, déjé un pedacito de mí en esta película (risas). Pero, hablando en serio, al final lo mejor que te llevas de cualquier proyecto son las relaciones humanas. El destino es que el público se siente en una sala de cine y viva esta historia durante 90 minutos. Pero el viaje para llegar ahí, para nosotros, siempre tiene que ver con los vínculos que se construyen en el camino.
Rebecca Ferguson interpreta a la juez Maddox, hecha con IA, en ‘Sin piedad’. Foto:sony
¿Le da más miedo la inteligencia artificial o los seres humanos?
No diría que le tengo miedo ni a la IA ni a los humanos. Bueno… quizás a las coles de Bruselas (risas). Pero, hablando en serio, si algo me inquieta de la inteligencia artificial es la forma en la que los seres humanos la usamos. No me dan miedo las bombas nucleares en sí mismas, me da miedo quién las controla. La inteligencia artificial es una herramienta poderosa. Como un martillo: puede servir para construir algo hermoso o para destruir. Ojalá esté en las manos correctas y ayude a que la humanidad avance.
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¿Qué le gustaría que el público se preguntara al salir del cine después de ver esta película?
“¿A quién más puedo llevar a ver este? suspenso?”, “¿A cuál de mis amigos necesito decirle que deje el celular durante 90 minutos y se suba a este viaje?” (risas). Yo sé que puede sonar una broma, pero es sincero. pecado piedad no es una película para salir pensando en grandes teorías sobre la inteligencia artificial. Ya pensamos demasiado todo el tiempo. Esta es una oportunidad para desconectarse del caos del mundo y dejarse llevar por una historia intensa, pura experiencia cinematográfica. Eso es lo hermoso del cine.
ÚRSULA LEVY
Para EL TIEMPO
En X: @UschiLevy
